Luis Muñoz Fernández

En su ensayo “La esclavitud en Massachusetts”, Henry David Thoreau decía lo siguiente: “Los que han sido educados en la escuela de la política son incapaces, ahora y siempre, de afrontar los hechos. Sus medidas lo son sólo a medias, son meras improvisaciones”. ¡Qué razón tenía y sigue teniendo Thoreau!

Ejemplos de lo anterior, pasados y presentes, abundan. Así, nos enteramos recientemente del llamado “Ajolotón”. Merece la pena conocer el hecho porque ilustra claramente esa ansia de notoriedad que no se detiene ante nada y la creencia muy extendida en la clase políticade que puede servirse de todo, incluso de la vida de seres inocentes, con tal de obtener algún rédito para mantenerse en el poder y seguir enriqueciéndose.

Hacia mediados de febrero de 2022 los titulares de seis de las alcaldías de la Ciudad de México, todos miembros del partido gobernante y ataviados con ropa del color morado preceptivo, sacaron ajolotes de sus peceras de conservación, los manosearon, se tomaron fotos entre risotadas y luego los soltaron con algarabía en uno de los canales más contaminados de Xochimilco. Según ellos, “liberaron” a los ajolotes con la intención de contribuir a la conservación y propagación de este anfibio propio de México que está en grave peligro de extinción. ¿De verdad se lo creerían?

Disponer de animales criados en espacios artificiales que no saben subsistir en el que fue el entorno natural de sus ancestros, manipularlos directamente con las manos, exponiéndolos a microbios que les son ajenos y para los que no tienen defensas, y lanzarlos a las aguas negras del embarcadero de Cuemanco repletas de sustancias químicas venenosas, fue condenarlos a una muerte rápida e inevitable que los biólogos expertos calcularon en tres horas. Todo para darle gusto a seis botarates que se han de haber sentido “los Jacques Cousteau de las chinampas”.

El alcalde de Xochimilco, uno de los seis involucrados, mencionó en el acto a Luis Zambrano, biólogo que encabeza un loable proyecto de conservación del ajolote Chinampa Refugio, como para darle aval científico a la masacre, pero uno de los periódicos convocados habló con Horacio Mena, experto en veterinaria del equipo de Zambrano, quien afirmó que ni siquiera estaban enterados de lo que iba a ocurrir.

En 1998 los canales de Xochimilco albergaban unos seis mil ajolotes por kilómetro cuadrado. En 2014 sólo quedaban 37 en la misma superficie. Científicos de todo el mundo estudian al ajolote (del náhuatl axolotl, “monstruo de agua”) es estudiado en laboratorios de todo el mundo por sus asombrosas capacidades regenerativas. Pese a ellas, seguramente desaparecerá, porque la naturaleza no lo ha preparado para lidiar con la ignorancia y la estupidez infinitas infinitas de quienes nos desgobiernan.

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