Armando Fuentes
Agencia Reforma

CDMX. – Lo primero: ir a votar. El abstencionismo es el más grande enemigo de la democracia, mayor aún que López Obrador, autócrata, y que Claudia Sheinbaum, activista de la izquierda sesentona y partidaria, por tanto, de un régimen de Estado enemigo de la libertad individual. Quien, por pereza o apatía, se abstiene de acudir a las urnas daña gravemente a México. Se margina de la vida cívica y deja que otros decidan por él. Pierde entonces el derecho a quejarse o protestar por alguna acción indebida de quienes lo gobiernan, pues no expresó su voluntad para elegirlos u oponerse a que llegaran al poder. Una nutrida participación de la clase media en la elección de mañana podría revertir la tendencia que las encuestas han mostrado. En la elección que legítimamente perdió ante Felipe Calderón en 2006, AMLO olvidó a ese vasto sector de la ciudadanía, la clase media, y tal error le costó la Presidencia. Tampoco ahora la ha tomado en cuenta. Ha cortejado tanto a los más pobres como a los más ricos, sin considerar que entre esos dos extremos hay millones de mexicanos, los llamados clasemedieros, cuyo voto, si se determinan a aportarlo, puede definir el resultado de la elección. Lo primero, entonces, es ir a votar. Lo segundo: si va usted a votar por Claudia Sheinbaum, por favor no le entregue todo el poder, pues un régimen sin contrapeso o frenos será proclive a ir hacia lo dictatorial y a llevar al país a los extremos donde la libertad, la democracia y la legalidad son anuladas. En el tiempo que falta para el primer día de octubre, fecha en que López deberá entregar, si no el poder, sí al menos la banda presidencial, el caudillo de la 4T está todavía en aptitud de dar sus coletazos últimos, emitir ucase para hacer de Morena lo que el PRI fue en sus mejores y peores años y asegurarse un poder que le permita convertirse en jefe máximo, con perjuicio incluso para Claudia Sheinbaum en el caso de que sea ella quien obtenga el triunfo en la jornada electoral. Así las cosas, el hecho de no votar por los candidatos de Morena a diputados federales o senadores constituye un acto de patriotismo. Si decidiste ya votar por la candidata de AMLO, hazlo, estás en todo tu derecho, pero ni a ella ni a López Obrador les entregues un poder tal que les permita cambiar la Constitución de modo de hacer de Morena un nuevo PRI, y de la Presidencia de la República una monarquía absoluta. Un voto por Morena es un voto contra México. Un voto por los candidatos de Morena a diputados o senadores es acercar a México a los males y desgracias que vienen con una dictadura. Don Vetulio había llegado ya a la edad en que cada día el trabajo da menos placer y el placer cuesta más trabajo. Ayudó a su vecina, una linda chica de agraciado rostro y ondulantes formas, a resolver un problema que tenía, y la hermosa muchacha le dijo con agradecimiento y emoción: «Don Vetulio: no tengo con qué pagarle». Suspiró el valetudinario caballero: «Tú sí tienes con qué pagarme, chula. El que ya no tengo con qué cobrarte soy yo». Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, abordó a la bella dama que bebía su copa en la barra del conocido Bar Ahúnda. Le dijo de buenas a primeras: «Te invito un trago». Con lapidaria contundencia respondió ella: «No». Propuso Afrodisio: «Vamos a mi departamento». Con igual laconismo replicó la mujer: «No». Insistió Pitongo: «Entonces vamos al tuyo». «No». «Está bien», se rindió el frustrado galán al tiempo que se disponía a retirarse. «De cualquier modo no habría disfrutado tu compañía. Hablas demasiado». FIN.

MIRADOR
Por Armando FUENTES AGUIRRE.

Mi tío Refugio era católico católico.
Al repetir la palabra quiero significar que era un católico de verdad, creyente y practicante. Respetuoso de la jerarquía celeste, y de la terrenal, nunca se refería al Papa como «el Papa». Decía con reverencia: «el Santo Padre».
Dado a las heterodoxias no tengo su misma devoción, y me pregunto entonces qué le sucede al buen Papa Francisco. En el transcurso de unos pocos días ha incurrido en dos deslices verbales que llevan a pensar que de vez en cuando, como Homero, el Espíritu Santo dormita. Primero dijo el Pontífice que en algunos seminarios de Italia hay «un ambiente marica», y luego exhortó a un grupo de sacerdotes jóvenes a no caer en el mal hábito del cotilleo pues, declaró, «los chismes son cosa de mujeres». Añadió: «Nosotros tenemos pantalones. Tenemos que decirnos las cosas a la cara».
No faltará quien tilde a esas palabras de machistas y misóginas. Yo no lo hago, más por cariño a la memoria de mi tío que por consideración a Jorge Mario Bergoglio. Sin embargo, me atrevería a pedir que el Papa, no obstante ser jesuita y argentino, se encomiende con humildad de vez en cuando a San Ramón Nonato, a quien se representa con un candado en la boca, y que recite la popular jaculatoria que acá dice la gente cuando teme hablar de más: «San Ramón: ponme un tapón».
¡Hasta mañana!…

MANGANITAS
Por AFA.

«Disminuye la contaminación en la Ciudad de México».
Opiniones muy certeras
atribuyen tal factor
a que López Obrador
suspendió las mañaneras.