Armando Fuentes
Agencia Reforma

CDMX. – Pepito era alumno de una escuela donde las calificaciones se daban con letras, no con números. «A» era excelente; «F» muy malo. Pepito vio la credencial de elector de su mamá y le comentó: «Ahora entiendo por qué mi papá anda siempre de mal humor. Tienes F en sexo».
Una inquietud constante me desasosiega: pienso que, si Claudia Sheinbaum gana la elección presidencial, México estará perdido. Hace seis años auguré males graves para nuestro país si López Obrador era presidente. Lo fue -con minúscula-, y mi vaticinio resultó acertado. La Historia -con mayúscula- juzgará a AMLO, y estoy seguro de que el juicio le será desfavorable. Su megalomanía lo llevó a compararse con Juárez, con Madero, con Lázaro Cárdenas, pero al paso del tiempo se le considerará uno de los peores presidentes que en nuestra época ha tenido este país, y vaya que los ha habido muy malos.
Pues bien: Sheinbaum puede hacerle mayores daños a México, porque su inteligencia es mayor que la de López, que es astuto, pero no inteligente. La candidata de Morena está preparada políticamente para ejercer la presidencia, pero no éticamente. Su formación la hace ser estatista, contraria a la libertad individual, antidemocrática y propugnadora de los dogmas de una izquierda cuyo radicalismo hace de su ideología un sistema ya anacrónico. Incurrirá, me temo, en excesos semejantes a los de AMLO, y tendrá el mismo desdén por la ley y las instituciones que ha mostrado el caudillo de la mal llamada y malhadada 4T.
Por razones de equidad democrática me opuse siempre a que López Obrador fuera tildado de ser un peligro para México. Resultó que quienes así lo llamaban estaban en lo cierto. Ahora creo que Claudia Sheinbaum constituye un riesgo para la libertad y la democracia. Nos alejaría de Estados Unidos, país del que estamos cerca por la geografía y al que debemos acercarnos más por elemental sentido de conservación, sin entregarle nuestra dignidad como hizo AMLO con Trump, y nos acercaría a las naciones de América Latina que sufren todos los males derivados de poner al Estado por encima de la persona, y al poder gubernamental sobre los derechos de los ciudadanos.
Por eso digo otra vez que un voto por Morena es un voto contra México. Por eso no votaré por Claudia Sheinbaum.
Ya sabemos que Afrodisio Pitongo es hombre dado a los placeres de la carne. No hablo de un T-bone, un churrasco o un sirloin; me refiero a la carne que junto con el mundo y el demonio es considerada enemiga del alma por los teólogos: el impulso que lleva al cuerpo a unirse a otro cuerpo. Si aún puedes disfrutar ese deleite, gózalo amorosamente antes de que el tiempo te haga casto a pesar tuyo. San Agustín, hombre sabio a quien los años hicieron también santo, rezaba en su juventud: «Hazme casto, Dios mío, pero todavía no».
Advierto, sin embargo, que me he alejado de una historia que ni siquiera he comenzado aún. Cierto amigo de Pitongo le contó: «¿Supiste lo que le sucedió a nuestro compañero Libidiano? Al marido de Mesalia le dolió la cabeza este miércoles por la mañana en su oficina. Se fue a su casa y encontró a su mujer en brazos y todo lo demás de Libidiano. Ahora nuestro camarada está en el hospital a consecuencia de la tunda que le propinó el esposo». Manifestó Afrodisio: «Qué bueno que ese día le dolió la cabeza al marido de Mesalia». «¿Cómo puedes decir eso? -se indignó el otro-. ¿No te conduele la aciaga suerte de nuestro amigo Libidiano?». «Sí me conduele -replicó Pitongo-. Pero si al marido le hubiera dolido la cabeza el martes en vez del miércoles, el que estaría ahora en el hospital sería yo». FIN.

MIRADOR.
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
El Padre Soárez platicaba con el Cristo de su iglesia. Le preguntó:
– ¿Por qué, Señor, permites que los inocentes sufran?
Respondió él:
-La misma pregunta me hizo hace algunos años un hombre que se llamaba Job. Le contesté que yo no permito que los inocentes sufran. Sucede que el sufrimiento es parte de la naturaleza humana, y no puedo suspender los efectos de unas leyes que yo mismo formulé. De igual modo que el sol sale para todos, el gozo y el dolor son para todos. Cuando a ustedes les llega el sufrimiento dicen siempre: «¿Por qué a mí?». Pero no se hacen esa pregunta cuando les llega la felicidad. La alegría y la pena son parte de la común herencia de los hombres, y deben estar preparados para recibirlas con igual ánimo a las dos.
Declaró el Padre Soárez:
-No te entiendo, Señor.
Dijo él:
-Tampoco Job me entendió. Lo que hizo fue tener paciencia. Tenme paciencia tú también.
¡Hasta mañana!…

MANGANITAS.
Por AFA.

«Intelectuales y artistas firmaron un manifiesto en favor de Claudia Sheinbaum».
Lo hicieron con gran afán,
cada uno como testigo.
Pero desde ahora les digo:
luego se arrepentirán.