Armando Fuentes
Agencia Reforma

CDMX.- En la librería se formó una larga fila de clientes, ellos y ellas, ansiosos por comprar el libro «Cien diferentes posiciones». Lleno de asombro el librero le comentó a su empleado: «Jamás pensé que interesaría tanto un libro de ajedrez». Los años de mi vida transcurrieron bajo dos partidos: el PRI y el PAN. Ambos tenían en épocas pasadas algo de lo que ahora carecen por completo: ideología. Eso les daba personalidad distinta, estilos diferentes. En el PRI se hablaba todavía de la Revolución; el PAN era llamado «el partido de la gente decente», pues aunque su participación en política era por entonces meramente simbólica, abanderaba con entereza y lucidez principios y valores opuestos al sistema, del cual salían, sexenio tras sexenio, aquellas «comaladas de millonarios» a las que estábamos ya acostumbrados. Gobierno y PRI eran una y la misma cosa. Fui crítico tenaz del prigobierno, igual que lo he sido ahora de Morena, copia al carbón del priismo. Espero haber deletreado bien esa palabra, «carbón», a fin de no incurrir en el dislate de la señora que con su cónyuge fue a cenar en una fonda. La esposa le pidió al mesero: «A mí me trae una tostada de pollo y unos tacos al cabrón». El camarero, divertido, la corrigió: «Querrá usted decir ‘al carbón'». La mujer se encrespó: «No me diga cómo debo llamar a mi marido». Copia al carbón del PRI es hoy Morena, aunque también algún malqueriente del fundador de este último partido podría decir de la otra manera. A lo que voy es a señalar que tanto el PAN como el PRI están ahora desgastados, desprestigiados, acabados. De ahí que la corcholata de AMLO haya insistido en llamar a Xóchitl Gálvez «la candidata del prian». En efecto, la abanderada de la ciudadanía libre ha debido cargar en su campaña con el lastre de esas siglas que hoy por hoy son estorbo más que impulso. No cabe duda de que tanto el partido tricolor como el blanquiazul están casi muertos y casi sepultados. Por eso me atrevo a hacer una propuesta: la llamada «marea rosa» debe convertirse en un partido político que en modo permanente se oponga a Morena, el nuevo PRI, y en forma constante, no sólo en esporádicas manifestaciones, sirva de freno y contrapeso al partido oficial, cuyo jefe máximo, López, no dejará de serlo, por más que diga una y otra vez que se jubilará. Ya sabemos lo que vale la palabra del caudillo. En otros tiempos se decía esta frase: «Te quiero más que a mis zapatos viejos». Y es que en aquel entonces los nuevos tardaban en amoldarse a los pies de quien por necesidad debía adquirirlos y sufrir el tormento de domarlos, siendo que estaba acostumbrado ya a los zapatos viejitos. Pues bien: aunque nos hayamos habituado al PRI y al PAN por las muchas décadas de su existencia, debemos ya arrumbarlos en el cuarto de los trastos viejos, y oponer al partido hegemónico de López Obrador un nuevo partido verdaderamente ciudadano, que no cargue con el peso de los errores y claudicaciones de aquellos viejos organismos, decrépitos, reumáticos, anémicos, cuyo desprestigio no los puede llevar ya más que a la cárcava, esdrújulo eufemismo usado antes por quien no quería decir tumba, sepultura o fosa. Urge la creación de un nuevo partido, el cual puede surgir de los millones de mexicanos y mexicanas que acudieron el pasado domingo a acallar con una incontenible marea rosa la palabrería de AMLO. Ellos rescataron la bandera que el atrabiliario presidente tenía secuestrada, e hicieron sonar en el Zócalo, corazón de México, las voces de la libertad, la democracia y la justicia. A esas voces añado yo la mía y digo una vez más que un voto por Morena es un voto contra México. FIN.

MIRADOR
Por Armando FUENTES AGUIRRE.

«Vino viejo qué beber. Leña vieja qué quemar. Libros viejos qué leer. Amigos viejos para recordar.». Así dice un antiguo adagio castellano que acude a mi memoria cada vez que me encuentro con un amigo regio que es a la vez un regio amigo: el ingeniero Alejandro Brunell Meneses, de Monterrey.
La vida me ha hecho el regalo de conocer y tratar seres muy buenos. Entre ellos pocos de tan elevada calidad como el fundador de Semex, la empresa nacional que ha puesto las luces de sus semáforos y las letras de sus señales en el tráfico de tantas ciudades de México y del mundo. Empresario de éxito, la biografía de don Alejandro es una historia de esfuerzo, de trabajo, de talento puesto al servicio de un ideal. Su obra es un ejemplo. Si hubiera muchos mexicanos como él otra sería la suerte de nuestro país.
Entre las numerosas cualidades del ingeniero Brunell una de las que más admiro es su generosidad. Calladamente hace el bien a muchas instituciones y personas necesitadas de la bondad humana. Es una institución filantrópica formada por un solo integrante: él.
Hombre de fe, de familia, de trabajo -y además extraordinario ajedrecista y amenísimo conversador-, Alejandro Brunell Meneses me ha brindado desde hace largo tiempo su amistad. Estas líneas intentan ser una muestra de gratitud por tan valioso don. Le deseo muchos años más de vida para bien de México, de Monterrey, de sus seres queridos, de todos aquellos a quienes beneficia, y de nosotros sus amigos. Gracias, ingeniero Brunell, por ser quien es. Gracias por ser como es.
¡Hasta mañana!…

MANGANITAS.
Por AFA.
«AMLO llamó ‘hipócritas’ a quienes asistieron a la Marea Rosa».
Decir que es mal Presidente
está fuera de lugar,
pero en eso de insultar
se muestra muy competente.