Armando Fuentes
Agencia Reforma

CDMX. – «Tizne usted a su madre». Esa grosera injuria le espetó un borracho al señor que, sin meterse con nadie, ni siquiera consigo mismo, bebía su copa en una mesa del conocido Bar Ahúnda. ¿La causa del insulto? El señor se negó a pagarle un trago al temulento, a quien ni siquiera conocía. Al oírse agraviar de tal manera, el solitario bebedor se dirigió serenamente al insultante tipo. Le dijo: «Mire, amigo. Yo tengo dos madres. Una, para que me la mientan sujetos vulgares y corrientes como usted. La otra es la que me dio la vida; la mujer que me arrulló en sus brazos y me entregó a pedazos, uno por uno, el corazón entero. A esa la tengo en un nicho para venerarla y adorarla como a una mártir, una virgen o una santa». «Entonces», replicó el beodo, «tizne usted a su madre. La del nicho».
La familia es sagrada, aunque a veces no la soportemos. Ver a nuestros hijos es vernos a nosotros mismos con otra cara, otra voz, otro gesto y otros ademanes. Son nuestra carne y nuestra sangre, pero por encima de todo son nuestro amor. Por eso, nadie debe meterlos en el campo de batalla donde nosotros combatimos, pues son por entero ajenos a él. Así, están muy puestas en razón y son dignas de encomio las palabras de la señora Beatriz Gutiérrez Müller, quien con generosidad y altura de miras condenó el ataque hecho a Xóchitl Gálvez con motivo del incidente causado ya hace tiempo por un hijo de la candidata opositora. La esposa del presidente López Obrador sabe de esos bajunos procederes: un hijo suyo, éste menor de edad, fue motejado torpemente por un comunicador que con su indigna conducta faltó no sólo a la ética profesional, sino también a la decencia. Caso muy diferente es cuando los familiares de alguien que detenta poder toman parte, visible u oculta, en los asuntos de gobierno para buscar en ellos beneficio personal. Recuerdo ahora a los hijos de un cierto gobernador de Jalisco que recibieron un apodo muy curioso: los Papayos. El tal remoquete se les aplicó porque cuando su padre anunciaba una obra pública levantaban la mano de inmediato para ser uno de ellos quien la llevara a cabo, con el consiguiente medro («De las obras, las sobras»), y pedían con suplicante acento: «Papá, yo». De ahí lo de Papayos. Las campañas políticas suelen ser enconadas, pero no tienen por qué ser incivilizadas. Doña Beatriz dio una encomiable muestra de civilidad que aplaudo aquí, y con ambas manos para mayor efecto.
El doctor Abrantes, prestigiado ginecólogo, recibió la visita de una paciente que lo consultaba por primera vez. Le pidió que fuera tras el biombo y se dispusiera a fin de practicarle la correspondiente revisión. Al término del examen le indicó que ya podía vestirse. La paciente dijo: «Doctor: no encuentro mi pantaleta crotchless de seda roja con aplicaciones en encaje negro». «Por ahí debe estar», le contestó el facultativo. «Busque bien». Luego de unos minutos, declaró la mujer: «Ya busqué en todas partes y no la hallo. ¿Usted no la vio?». «No, señora», replicó el médico. «Yo esperé aquí; ni siquiera me acerqué al biombo». «Pues esto no es normal», empezó a impacientarse la paciente. «En alguna parte debe estar». Buscaron los dos sin encontrar la prenda. Para sorpresa y sobresalto del doctor, la mujer dijo entonces: «Llamaré a mi abogado». «Señora», balbuceó lleno de susto el galeno, «yo le aseguro que…». «Llamaré a mi abogado», insistió, terminante, la paciente. Marcó el número, y cuando tuvo en el teléfono al letrado le dijo: «Licenciado: ahora que estuve en su despacho, ¿no dejé ahí mi pantaleta roja crotchless de seda roja con aplicaciones en encaje negro?». FIN.

MIRADOR
Por Armando FUENTES AGUIRRE.

VARIACIONES OPUS 33 SOBRE EL TEMA DE DON JUAN
Don Juan recuerda.
Don Juan olvida.
Cuando está solo recita en silencio, como un rosario de memorias, los nombres de las mujeres a las que amó y que -cree- lo amaron. En presencia de personas, sin embargo, finge olvido.
– ¿Cómo se llamaba aquella dama a la que hicisteis el amor en una góndola en Venecia después de haber arrojado al gondolero al agua?
-No me acuerdo.
– ¿Quién era la marquesa que en Sevilla se os entregó en el centro del albero de vuestra plaza de toros, una noche en que nadie os veía aparte de la luna llena?
-No me acuerdo.
Don Juan tiene mala memoria cuando habla.
Cuando calla Don Juan nadie tiene mejor memoria que él.
¡Hasta mañana!…

MANGANITAS
Por AFA.
«Otra onda fría».
Vendrá un frío de los demonios,
y una situación se explica:
con el frío se multiplica
la unión de los matrimonios.