Armando Fuentes Aguirre
Agencia Reforma

«Uno rapidito». El galán le pedía a su dulcinea, recargado con la mano puesta en la pared de la entrada de la casa de ella, algo que la muchacha no estaba dispuesta a conceder, pues era exalumna del Colegio de la Reverberación. Después de repetidas instancias pasionales y renovados votos de pureza, salió a la puerta el hermanito de ella. «Dice mi papá que le des a tu novio lo que te está pidiendo, o que si no se lo da él, pero que ya quite la mano del interfón». Por años y años fui constante crítico del PRI, como lo soy ahora de Morena. Predicaba en el desierto, claro, igual que ahora lo hago, pero eso no me preocupaba, pues la predicación inútil, que por un lado es llamada pendejez, por el otro puede nombrarse quijotismo, lo cual confiere cierto lustre a quien la ejerce, aunque are en el mar o escriba sus renglones en el viento. La verdad es que, salvas algunas excepciones -muy pocas en verdad, poquísimas- todos los que escribimos lo hacemos en el viento. Las excepciones de nuestra época se llaman Borges, García Márquez, Rulfo, Vargas Llosa y unos cuantos nombres más. Los demás somos palabras que se van. Y en mi caso, qué bueno, pues para mí el mejor descanso es el olvido. Pero advierto con alarma que voy camino de lo melodramático, peligrosa senda por la cual se llega directamente a la cursilería. A lo que voy es a decir que aquel PRI bajo cuya sombra transcurrió la mayor parte de mi vida constituía una dictadura benévola, con sus ocasionales manotazos, desde luego, a diferencia de la aplanadora de hoy, que por el talante de su caudillo tiende a lo malévolo y vindicativo, a pesar de todos los sermones sobre humanismo y virtudes cristianas que en sus prédicas matutinas nos endilga el jefe máximo. Más aplastante que la de aquellos tiempos es la aplanadora actual, no sólo por el contundente triunfo que en la última elección obtuvo, sino sobre todo por la vocación autoritaria y totalitarista que muestran sus personajes principales, para los cuales no hay otro camino que el de la 4T ni más voz que la que ellos escuchan, que es la propia. Los partidos de oposición, si no están muertos, están boqueando ya, y se debaten en pugnas interiores debidas a la necia ambición de sus dirigentes cupulares, que se aferran al poder con la pertinacia de un can que aprieta entre las fauces sus piltrafas. Grandilocuente es el símil, pero no está alejado de la realidad. Por eso es importante el documento suscrito por un gran número de destacados priistas tradicionales, quienes advierten la presente debilidad de su partido por causa de la pésima dirigencia actual, más ocupada en perpetuarse en el cargo que en corregir el rumbo que está llevando al otrora poderoso organismo a su extinción final, después de haber obtenido en la elección reciente los peores resultados de su longeva historia. Luces y sombras ha tenido el PRI en su existencia ya casi centenaria, pero no cabe duda de que dio a México largos años de estabilidad social y de progreso. Hizo un examen de conciencia y de sus propias filas salieron los primeros impulsos para dar forma a una democracia controlada que luego los ciudadanos conquistaron plenamente y que ahora la 4T amenaza con destruir. No sólo los priistas deben escuchar el llamado contenido en el mensaje que ayer se publicó: todos los mexicanos hemos de estar atentos a la marcha de los asuntos públicos para evitar que nos sean arrebatados los dones de la libertad, la democracia y la verdadera justicia. Están en riesgo con las reformas de AMLO, y peligra también el futuro de nuestro país. FIN.