Armando Fuentes
Agencia Reforma

CDMX. –«¿Con qué frecuencia hace usted el amor?». El médico neoyorquino interrogó así a su paciente. Respondió el hombre: «Una vez al mes». «¿Cómo? -se sorprendió el facultativo-. Yo soy mayor que usted, y lo hago cuatro veces al mes, y en ocasiones más». «Sí -admitió el paciente-. Pero no es lo mismo ser médico en Nueva York que obispo en Poughkeepsie». (Nota. Poughkeepsie es una ciudad que este año celebra el 170 aniversario de su fundación. Situada a orillas del río Hudson fue famosa en un tiempo por sus cervecerías. El propietario de la mayor de ellas, Matthew Vassar, fundó la universidad que lleva su apellido, en un principio exclusiva para mujeres de la alta sociedad blanca y protestante, pero mixta desde 1969. He ahí uno de los muchos buenos frutos de la cerveza). «Septiembre, se tiembla». Esa frase se decía en Veracruz a lo largo del siglo diecinueve y principios del veinte. En ese mes arreciaba la virulencia de las enfermedades endémicas que asolaban al Puerto y cobraban sus víctimas lo mismo entre propios que entre extraños. Pues bien: el próximo mes de septiembre se mira amenazante. Todo indica que en él se aprobarán las iniciativas que forman el malhadado Plan C de López Obrador, con lo cual prácticamente desaparecerán en gran medida la libertad de que aún gozamos los mexicanos y la democracia lograda a costa de muchos sacrificios. La reforma al Poder Judicial será atentado mortal contra el equilibrio de poderes, condición sine qua non para la existencia de un Estado democrático. El hecho de incorporar al Ejército a esa entelequia llamada Guardia Nacional constituirá un paso más hacia la militarización de este país, con todas las graves consecuencias que trae consigo el debilitamiento de la sociedad civil.  El desmantelamiento del INE nos hará regresar a los tiempos de la dominación priista, cuando todas las elecciones eran de Estado. La persona y la fuerza de López Obrador pesan ominosamente sobre Claudia Sheinbaum, quien sólo con la entereza y determinación que Cárdenas mostró ante Calles podrá librarse de la influencia de su poderoso antecesor. No es AMLO hombre que se resigne a dejar el poder que tanto tiempo tardó en conseguir. Ya estamos viendo cómo hace malabares con sus promesas de retiro, y dice que se va, pero poquito, y que regresará a esto, a aquello, y a lo de más allá. Y sin embargo este escribidor es dado al optimismo, plausible cualidad que desgraciadamente está muy cerca del defecto llamado pendejez, y piensa que la futura Presidenta de México es mujer no sólo inteligente y culta, sino también fuerte, de carácter firme y con capacidad para tomar sus propias decisiones una vez que con prudencia y tacto se libre del influjo de AMLO, político de reducido entorno, astuto pero de inteligencia más bien módica y de conducta que a veces tiene apariencia de infantil por sus elementales venganzas y sus simplistas arranques, de efectos considerablemente más dañosos que los de un crío malcriado. Resignémonos, pues, a la aplanadora de septiembre -«Septiembre, se tiembla»-, pero conservemos la esperanza de que la próxima Presidenta de México será en verdad la próxima Presidenta de México, le enmendará la plana a la aplanadora y no llevará a nuestro país a extremismos radicales que en nombre de dogmas ya obsoletos anulen las libertades cívicas. Noche de bodas. El joven Simpliciano le preguntó, severo, a su flamante desposada: «¿Soy yo el primer hombre con el que duermes?». Respondió ella: «Si nos dormimos, sí». (Nota. Con los demás no pegaba los ojos. Se la pasaba a duro y dale). FIN.