Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Hasta hace unos cinco años, cuando los maestros se preguntaban entre sí “¿cuántos alumnos reprobados tienes en tu grupo?”, generalmente, la respuesta era uno, dos y, máximo, tres. Hoy la situación ha empeorado. El pasado mes de noviembre, los maestros evaluaron los estudios realizados durante el primer trimestre del presente ciclo escolar 2022-2023, y los resultados, al parecer, son alarmantes. Al azar se preguntó a diez docentes, de diferentes escuelas secundarias, “¿cuántos alumnos, del grupo, resultaron reprobados en su materia?”. Seis de las maestras y maestros entrevistados coincidieron en señalar, palabras más palabras menos, que “la situación es muy preocupante porque la mayoría del grupo anda mal”, dos de ellos dijeron que “tan sólo cinco aprobaron”; tres manifestaron que “aprobaron siete”; y uno más dijo que en su grupo habían “aprobado ocho alumnos”. Los cuatro maestros restantes que se entrevistaron, únicamente comentaron que “los alumnos andan mal en los aprendizajes”, pero no dijeron números de aprobados ni de reprobados. Las entrevistas fueron a maestros de Historia, Geografía y Formación Cívica y Ética; y los grupos, en promedio, cuentan con 34 estudiantes.

“¿A qué le atribuye, usted, que haya tantos reprobados?”. Se le preguntó a cada maestro; quienes concuerdan en señalar que “la orden de la Secretaría de Educación, de no reprobar a nadie por la pandemia, hizo mucho daño a los estudiantes; porque a partir de ese acuerdo secretarial la mayoría de los alumnos ya no hizo esfuerzos por estudiar ni por hacer las tareas; únicamente esperaban la calificación aprobatoria, aunque fuera de seis. Por otra parte y derivado de la misma orden de la Secretaría, de no reprobar a nadie, los maestros nos vimos obligados a pedir a los alumnos reprobados un trabajo extra de investigación o de tarea para poderles calificar con seis. Los educandos, en unos cuantos minutos hacían los trabajos como podían, mal copiaban algunos párrafos del libro de texto y con muchas faltas de ortografía entregaban los trabajos; con eso ya sentían tener el derecho de obtener, por lo menos, seis de calificación, aunque no se justificaba. Y esta forma de aprobar a los reprobados ha creado la idea, en los alumnos, que ahora es suficiente hacer cualquier trabajo extra, en una hoja de cuaderno, para aprobar la materia; y por éstas y otras razones, ya no hacen mucho esfuerzo por estudiar ni por hacer bien las cosas”. Vamos de mal en peor. Adicionalmente, los docentes entrevistados señalan que “la falta de apoyo de muchos padres de familia, en el estudio de sus hijos, no favorece tampoco el aprendizaje de los adolescentes. Ciertamente, hay otros padres de familia que sí tienen el control de sus hijos y los apoyan en las tareas. Los hijos de estos padres sí andan bien en los estudios”.

Finalmente, se pregunta: “Maestro (a), ¿se siente satisfecho (a) que todos sus alumnos estén aprobados? Uno de ellos contesta: “Si todos hubieran aprendido los contenidos del programa de estudios que traté de enseñarles y los aplicaran en su vida, estaría muy satisfecho; pero tener aprobados a todos los alumnos por orden administrativa superior, sabiendo que no todos dominan los contenidos del programa, y por el simple hecho de realizar un trabajo poco meritorio; no, no me siento nada satisfecho; al contrario, me remuerde la conciencia de aprobar a un alumno con aprendizajes muy bajos. Estoy haciendo grandes esfuerzos para lograr que mis alumnos avancen. Espero que se dejen ayudar y que sus padres también apoyen”.

La Secretaría de Educación, nuevamente, ya dio indicaciones de no pasar a los alumnos que carezcan de los aprendizajes requeridos para su aprobación; sin embargo, parte del daño está hecho y se llevará tiempo para enderezar las cosas. Sinceramente, es deseable que el problema de aprendizaje sólo esté en los diez grupos visitados.