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Agencia Reforma

CDMX. -Donald Sutherland logró cautivar e inquietar, tranquilizar y repeler, en multitud de papeles cinematográficos tan diversos como el de un relajado cirujano de campo de batalla en M*A*S*H, un despiadado espía nazi en Eye of the Needle, un conmovedor padre en Gente Como Uno (Ordinary People) y un fascista fanfarrón en Novecento (1900).
Ayer, su hijo, Kiefer Sutherland, anunció el fallecimiento de su padre, a los 88 años, a través de sus redes sociales. No especificó cuándo ni cuál fue la causa de su muerte.
Con su cara alargada, sus ojos caídos, sus orejas grandes y su sonrisa de lobo, el canadiense, de 1,92 m de estatura, no fue precisamente el galán de cine. A menudo recordaba que, mientras crecía en el este de Canadá, una vez preguntó a su madre si era guapo, sólo para que le dijera: «No, pero tu cara tiene mucho carácter».
Su capacidad camaleónica de interpretación atrajo a directores como Federico Fellini, Robert Altman, Bernardo Bertolucci y Oliver Stone.
«Trabajar con estos grandes tipos fue como enamorarme. Yo era su amante, su amado», dijo sobre los cineastas.
Nunca se retiró y trabajó regularmente hasta su muerte. Recientemente encarnó al Presidente Coriolanus Snow en la franquicia de Los Juegos del Hambre (The Hunger Games) y a Franklin Reinhard en la serie The Undoing.
Una de sus mejores interpretaciones fue como detective en El Pasado Me Condena (Klute) de 1971 de Alan Pakula. Durante la filmación conoció a Fonda, con quien tuvo una relación de tres años.
A los 75 años le concedieron una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y él dijo que era mejor que una lápida.
«Envejecer es como tener un nuevo trabajo, pero que no habrías elegido», confió a la revista Esquire.