Víctima de un conflicto armado, se vio obligado a salir de su país natal buscando estabilidad emocional y nuevas metas en la vida. Hoy, Jackdar Mohammad, de origen sirio, forma parte de un programa de refugiados, siendo actualmente estudiante universitario con la intención de convertirse en un profesionista destacado.

Reconoce que nunca olvidará el momento en el que tuvo que poner a su familia a salvo, siendo ese el inicio de una separación obligada por el conflicto bélico interno. Vivió por espacio de un mes sin electricidad, agua y escaso alimento, sin embargo, nunca se dio por vencido a pesar de los bombardeos constantes y el riesgo latente de perder en cualquier momento la vida. El apoyo de una amiga contribuyó para que pudiera salir de su país y aventurarse a mejorar su calidad de vida y se pudiera reintegrar por un nuevo periodo con su familia.

El joven acepta que llegó a tener secuelas emocionales y hasta físicas, a consecuencia de los actos violentos experimentados. En una nueva etapa en Irak durante seis años, fue contratado por una organización francesa iniciando un nuevo rumbo en su vida.

Hoy en día y a pesar de que su familia vive del otro lado del mundo, mantiene comunicación con ellos a distancia, considerando por mucho que es la mejor opción estar separados bajo un ambiente seguro y en el cual pueden hacer hasta cierto punto su vida bajo la normalidad, a diferencia de estar juntos pero con la incertidumbre de ser víctimas mortales en cualquier momento.

Jackdar tiene en mente algún día regresar a su país y ayudar de alguna manera a los niños y mujeres, que siguen padeciendo la violencia en aquella zona del mundo, como agradecimiento por haber tenido la oportunidad de dejar atrás ese complicado escenario.

Así lo dijo:

“Crecí con mujeres que estaban condenadas a morir por ser mujeres, de tener esa sensación de poder morir en cualquier momento. Tenemos que borrar esas ideologías, todos somos iguales hombres y mujeres sentimos igual”, concluyó.