David Larible: talento con dedicación, esfuerzo y amor por el público

David Larible lleva más de cinco décadas sobre la pista. Pertenece a la séptima generación de una familia circense, ha recibido el Clown de Plata y el Clown de Oro en el Festival Internacional de Circo de Montecarlo y ha recorrido escenarios de distintas partes del mundo. Sin embargo, hay un título con el que no termina de sentirse cómodo: “el mejor payaso del mundo”.

“Por el simple hecho de que no soy el mejor del mundo. Nadie es el mejor en algo que es artístico”, afirmó en entrevista con El Heraldo de Aguascalientes. Para Larible, el clown es una forma de arte y, como tal, está sujeto a gustos y opiniones.

Los reconocimientos tampoco definen, asegura, la calidad de un artista. “Los premios son bonitos, pero son objetos. No es porque te den un premio que eres mejor que otro. Conozco artistas fantásticos que nunca recibieron uno”.

Por eso, más allá del currículum, prefiere que sea la pista la que hable. “El momento de la verdad es cuando entras en un escenario o en una pista. Ahí tienes que demostrar lo que eres. Lo demás son palabras”.

Los motores nunca se apagan

Después de más de 50 años de carrera, Larible considera que todavía tiene margen para crecer.

“Pienso estar al 75 u 80% de mi potencial. Puedo mejorar otro 20%”, señaló. La clave, dice, está en conservar la curiosidad y las ganas de aprender.

Lo compara con un avión: llegar a determinada altura no significa que los motores puedan apagarse. “Si los apagas, el avión empieza a bajar. Los motores nunca se apagan”.

En esa búsqueda, el público ocupa el lugar principal. Larible asegura que podría actuar sin carpa, luces o música, pero nunca sin espectadores.

“Yo sin el público no tendría ninguna razón de existir como artista. Le debo mucho respeto y creo que el público siente el cariño que le tengo”.

Esa relación también le ha permitido mantenerse vigente ante las transformaciones del circo. Su fórmula ha sido sencilla: no dejar de trabajar.

“Yo nunca me paré un año. Si me paro un año, después el público va a estar un año adelante de mí. Trabajando noche tras noche, estoy creciendo con el público”.

Una vida aprendiendo circo

Haber nacido dentro de una familia circense fue, para Larible, una ventaja. Desde niño escuchó conversaciones sobre el oficio mientras compartía la mesa con su padre, su abuelo y otros familiares.

“Yo respiré circo, respiré arte desde el momento que me acuerdo”.

Su padre, Eugenio Larible, también tuvo un papel decisivo en su formación. Lo llevó a estudiar música, canto y ballet clásico, aunque en aquel momento David no entendía por qué necesitaba esas disciplinas si quería ser payaso.

“Yo decía: ‘No quiero ser bailarín, quiero ser payaso’. Después entendí”.

Hoy toca ocho instrumentos, canta y reconoce que el ballet le dio control y armonía en sus movimientos. Con los años también comprendió la exigencia de su padre.

“Hubo momentos donde casi detestaba a mi papá porque creía que era demasiado. Después me di cuenta de que tu papá es la única persona en el mundo que quiere que tú seas mejor que él”.

Su carrera tampoco estuvo libre de puertas cerradas. Al inicio encontró negativas y dificultades para conseguir trabajo. Tiempo después, algunas de aquellas personas terminaron buscando trabajar con él.

“Yo les abrí la puerta, porque no quiero venganza. Hay que abrirle la puerta a la gente que te está pidiendo algo”.

De los tropiezos conserva una enseñanza: “Las cosas que hice bien, qué bueno; las cosas que hice mal me enseñaron qué no tengo que hacer”.

La preparación, insiste, es indispensable. El talento por sí mismo no garantiza una carrera.

“El mundo está lleno de gente con mucho talento que nunca hizo nada en su vida. El talento es un regalo, pero tienes que desarrollarlo. El talento sin pasión, sin esfuerzo y sin dedicación no vale nada”.

México, su segunda patria

Actualmente, David Larible forma parte del Circo de las Estrellas, que se presenta por una corta temporada en Aguascalientes. Volver a México, asegura, siempre ocupa un lugar especial en su agenda.

“Para mí es de verdad mi segunda patria. Quiero a México y México me quiere”.

Su gusto por el país incluye la música, la comida, el folclor y las tradiciones. Escucha desde Jorge Negrete y Pedro Infante hasta Vicente Fernández, Juan Gabriel y Armando Manzanero, a quien conoció personalmente.

En Aguascalientes ya aprovechó también para comer birria en el Mercado de las Flores.

Sobre el espectáculo, destacó la combinación entre circo tradicional y contemporáneo, además de la participación de artistas jóvenes.

“Hay frescura y mucho talento. El público va a ver un espectáculo que tiene un inicio, un desarrollo y un punto final”.

Larible aporta sus rutinas, repertorio y una buena dosis de improvisación. Pero advierte que, como siempre ocurre en el circo, la última palabra se tiene frente al público.

“En el circo las cartas las tienes que hacer ver. Es el momento en que entras en la pista. No hay bluff aquí. Lo que eres es lo que demuestras noche tras noche”.

Y para el público de Aguascalientes dejó una invitación: no esperar hasta el último momento, pues la temporada será corta, y mantener vivo el gusto por los espectáculos presenciales.

“El circo, el teatro, el ballet, todo es parte de nuestra cultura. Y un país sin cultura es un país sin futuro”.