Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

El pasado 15 de marzo, autoridades del Instituto de Educación entregaron a los supervisores de primaria las listas de los diez alumnos del sexto grado que obtuvieron las más altas calificaciones, de cada zona, en la primera fase de Olimpiada del Conocimiento 2017. Sorprende conocer los resultados de este examen: de los diez mejores alumnos, de la que se considera la mejor zona escolar en la ciudad capital, tan sólo 2 alumnos obtuvieron 8 de promedio en las calificaciones, 4 lograron promedios de 7 y los 4 restantes apenas llegaron a 6. Si estas calificaciones son de las escuelas primarias de mayor prestigio (que son muy pocas por cierto), ¿qué calificaciones se obtendrían en las demás escuelas que no tienen el mismo renombre? En el caso de las escuelas del medio rural, la situación es aún más preocupante, pues en éstas la calificación más alta fue de 5. Y estos alumnos, en su mayoría con calificaciones de 5, 6 y 7, son los 168 alumnos que participan, en la etapa final, para seleccionar a los 14 que viajarán a la Ciudad de México para saludar al Presidente de la República. No pocos pensarán que los mejores alumnos son los que obtienen calificaciones de 10 (o por lo menos 9.5) en Olimpiada del Conocimiento. La realidad educativa de Aguascalientes muestra que los mejores alumnos del sexto grado son de 5, 6 y 7.

No obstante, la mayor pesadilla está en lo siguiente: ¿cuántos de los 25 mil 377 alumnos que presentaron Olimpiada del Conocimiento aprobaron todas las asignaturas, aunque con 6? No pasan de cuatro mil; por tanto, más de 21 mil alumnos reprobaron una, dos,  tres  y hasta todas las materias que comprendió el examen (Español, Matemáticas, Ciencias Naturales, Geografía e Historia). ¿Qué pasaría si estas calificaciones tuvieran validez para el certificado de primaria?, ¿cuáles serían las reacciones de los padres de familia y de la sociedad en general? Para la “tranquilidad” de todos, el examen sólo tiene el propósito de seleccionar a los “mejores alumnos”. Pero, ante estos datos duros y sombríos, maestros, directores, supervisores, jefes de sector y autoridades educativas, no deberían conformarse con saber que la inmensa mayoría de los alumnos reprobó Olimpiada del Conocimiento. La ética profesional y la consciencia moral de las autoridades imponen el ineludible deber de analizar todos los factores que inciden en el bajo rendimiento académico de los educandos, para implementar acciones específicas con el fin de superar las deficiencias detectadas tanto en la enseñanza como en los aprendizajes. O, ¿no es lo que se pretende con “evaluar para mejorar”? Pues bien, sería pertinente saber, ¿por qué si se cuenta con los mejores maestros del país, los aprendizajes de los alumnos son tan pobres?, ¿dónde están los obstáculos que impiden o limitan a los buenos maestros rendir lo que se espera de ellos? En otro orden de ideas, ¿cuáles han sido los aportes, en la calidad educativa, de las escuelas con horario ampliado?, entre otras interrogantes.

Recientemente, funcionarios del Instituto de Educación afirmaron que en primaria tan sólo reprueba el 1 % del alumnado; esto es, el 99% de los educandos aprueba sus estudios. Pero, resulta que estos mismos alumnos (los aprobados) cuando son sometidos a un examen externo como Olimpiada del Conocimiento o PLANEA (Plan Nacional para la Evaluación de Aprendizajes) reprueban más del 80%. ¿Por qué hay tanta incongruencia entre las calificaciones que se logran en los exámenes internos de la escuela y las calificaciones que se obtienen en los exámenes que aplica la Secretaría de Educación Pública?, ¿por qué los alumnos que tienen promedios de 10 y 9.5 en los certificados reprueban en los exámenes externos en su mayoría? Evidentemente, se requieren estudios de a de veras, análisis exhaustivos y reflexiones honestas, para esclarecer la situación imperante en el sistema escolar del Estado; pero, sobre todo, se necesita una actitud responsable y comprometida, desde el más modesto trabajador hasta la más encumbrada autoridad, para enfrentar los retos educativos y superarlos con el objeto de brindar servicios de calidad que se merecen los niños, los adolescentes y los jóvenes de la Entidad. ¿Será posible?