Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En diciembre pasado, Mexicanos Primero publicó algunos datos de investigaciones realizadas entre alumnos del área urbana y zonas marginadas que están tratando de aprender en casa. Los datos son extremadamente desafiantes: 45% de los niños de primaria (de 6 a 11 años) dicen sentirse muy aburridos estudiar en casa. De los estudiantes de 12 a 17 años, 7 de 10 confiesan no estar haciendo ejercicios ni tareas durante meses. Y 8 de 10 manifiestan atestiguar peleas constantes en sus hogares. Los niños de primaria, posiblemente, se aburren de estudiar en casa, porque extrañan a sus compañeros, a sus amigos de la escuela y a su maestra o maestro. Los adolescentes y jóvenes, por su parte, solos no hacen tareas porque están acostumbrados, en su mayoría, hacerlas en equipo con sus compañeros o amigos; además, un ambiente de confrontaciones en el hogar no es propicio para el estudio; las emociones derivadas de los enfrentamientos, las disputas y las discusiones, impiden que haya aprendizaje y se cumpla con las tareas.

Susana Parker, académica del Centro de Investigaciones y Docencia Económica (CIDE), mediante el proyecto Educar en Contingencia, ha encontrado que los alumnos de 12 y 18 años han disminuido el 30% en el estudio. El 83% de los alumnos de primaria dicen sentirse molestos tener que estudiar a distancia por la pandemia; y el 25% de los estudiantes de secundaria y bachillerato tienen la intención de abandonar la escuela.

Y, ¿cuál es el porcentaje de alumnos que no cuentan con instrumentos electrónicos para realizar estudios en línea? Según datos del último censo de población del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el 62% de los hogares no tiene computadora ni laptop ni tableta; y el 47% no tiene conexión de internet. (Y los que tienen dispositivos electrónicos, según Susana Parker, más del 20% de estudiantes no está haciendo ejercicios, no está viendo programas ni está conectado al internet).

Aun cuando el Gobierno Federal siempre “tiene otros datos”, de todos modos es recomendable que la Secretaría de Educación, por  su parte y a un año de haber puesto en marcha Aprende en casa, evalúe resultados y analice lo que está pasando, realmente, en el proceso educacional a distancia; que valore los alcances logrados; pero también las distorsiones y estancamientos en el proceso, así como los factores que están obstruyendo el aprendizaje. Con los datos que se obtengan y los que ya existen, se pueden diseñar estrategias para reorientar lo que no está funcionando como debiera y también se tendrían datos, más específicos, para brindar apoyos a los que carecen de herramientas tecnológicas, que con seguridad son de los grupos más vulnerables. Los proyectos y las estrategias deben ser flexibles con el fin de que se puedan adecuar en los estados y en las regiones; así mismo, deben ser claros para saber qué nos corresponde a los maestros y qué a los padres de familia. Mal haría la Secretaría de Educación si no evalúa los procesos y los resultados de la educación a distancia, como también sería desafortunado no hacer caso a las distintas investigaciones independientes que se están haciendo en el contexto de la pandemia; y peor sería creer o decir que “todo está bien”, cuando hay evidencias demostrando que no todo se está llevándose a cabo como debiera ni tampoco los resultados son los deseados. No evaluar y no hacer nada por mejorar la educación es condenar a millones de estudiantes al fracaso.

Esteban Moctezuma hizo lo que creyó era viable ante las circunstancias imperantes. A Delfina Gómez le corresponde consolidar lo que está dando buenos resultados y reorientar lo que no está funcionando bien. Esperamos que no opte por dejar las cosas como están.