Víctor Hugo Granados Zapata

“Presupuestar es gobernar”, esta frase de Michel Rocard (quien fuese primer ministro de Francia a inicios de los años 90) tiene mucho sentido en la realidad que vivimos actualmente en nuestro país. El pasado miércoles, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, presentó ante el Congreso el “Paquete Económico” para el siguiente año. Este ejercicio es, a grandes rasgos, la planeación en materia presupuestal que elabora el poder ejecutivo (bajo la dirección del presidente y su gabinete) para realizar ajustes y cambios en el destino de los recursos públicos que llegan a las dependencias del gobierno federal, con la finalidad de que el Congreso apruebe dicho plan.

Este plan determina la dirección en la que el ejecutivo va a actuar al año siguiente, por lo que casi siempre se puede determinar con certeza qué es y qué no es prioridad para el gobierno ¿qué implica reducir el presupuesto en los distintos ramos? Dejando de lado los proyectos primordiales de cada sexenio, la inversión pública en las diferentes tareas que tiene el Estado frente a sus ciudadanos debe apegarse al aseguramiento de los Derechos Fundamentales, viéndolo desde el punto de vista jurídico como aquellas obligaciones de acción y preservación que tiene el Estado en diferentes áreas tales como salud, educación, vivienda, trabajo, etc. (para más información, recomiendo leer a Abramovich, Añón y Courtis, 2003). Por lo tanto, la reducción del presupuesto implicaría (jurídicamente) una reducción de la garantía de los derechos fundamentales en el país, afectando a toda la población (según el contexto en que nos encontremos).

Debido a las crisis actuales, la visión que se tenía sobre este “Paquete Económico” era desde la apatía, dada la austeridad de este gobierno y la inversión de miles de millones de pesos en proyectos como la Refinería en Dos Bocas o la construcción del aeropuerto en Santa Lucía. Aquí la pregunta era ¿en dónde se verán reflejados dichos recortes para mantener los proyectos de la actual administración? El secretario de Hacienda afirmó que donde se veía la mayor cantidad de recortes era en la presidencia, bajando aproximadamente 17.3% de su presupuesto, por otra parte, aumentando el presupuesto en salud en un 9.2% ¿qué sucederá en el sector educativo?

En cifras llanas, el presupuesto en educación se quedó igual. Sin embargo, hubo modificaciones en las asignaciones de diferentes programas dentro de este sector, haciéndolo quizás el presupuesto más desesperanzador para el combate a la desigualdad educativa y a la formación docente. La Asociación Civil “Mexicanos Primero” analizó dicho presupuesto e identificó múltiples cambios que serán en perjuicio a las y los alumnos más vulnerables del país, cambios como la eliminación del programa “Escuelas Tiempo Completo”. Este programa apoyaba a las y los estudiantes con un servicio de comedor gratuito y educación, lo que les permitía a dichos estudiantes contar con una nutrición adecuada y esto impulsaba el combate a la deserción escolar, así como también significaba una mejora a la inclusión en materia educativa (Unicef, 2019). Ahora más que nunca necesitábamos invertir en dicho programa, pero fue desaparecido por completo.

Otro de los hallazgos de Mexicanos Primero fue la reducción del presupuesto de Conafe (un órgano descentralizado cuyo propósito es el de llevar educación a los lugares más apartados del país en colaboración con las comunidades) en aproximadamente 700 millones de pesos. En el caso de la formación docente, se redujo el presupuesto del Programa de Desarrollo Profesional Docente a casi la mitad, lo que implicaría menor inversión en la formación de nuestro cuerpo docente en todo el país. Ante todos estos recortes solo queda cuestionarnos ¿a dónde se fue todos los recursos que modificaron? La mayoría, dentro del ramo 11, al programa de becas para el bienestar Benito Juárez García y el de Jóvenes Construyendo el Futuro.

Fuera de que Coneval criticó dichos programas que el gobierno federal está impulsando, es muy triste ver cómo desaparecen y les quitan el presupuesto a los programas fundamentales para la mejora educativa en nuestro país. El presidente solía decir que “primero los pobres”, sin embargo, parece ser que las niñas y niños con menos recursos no se encuentran en los pobres que él alcanza a ver desde la silla presidencial. Así como iniciamos esta columna, si presupuestar es gobernar, el presidente gobierna para sus votantes y no para las niñas y niños más vulnerables del país.