Víctor Hugo Granados Zapata

El pasado lunes, el secretario de gobernación Rogelio Ramírez de la O, anunció la “Estrategia para el Fortalecimiento al Salario del Sector Educativo” a través de la conferencia mañanera. Este nuevo programa trae consigo un aumento salarial escalonado para las y los miembros del magisterio de todo el país (más de un millón de docentes), el cuales va a variar entre 1% a 3% más, sin considerar el aumento anual de 3.5%, partiendo de cuánto ganan los docentes de forma equitativa (es decir, aquellos que perciban menos de 10 mil pesos al mes tendrán un aumento de 3%, entre 10 a 15 mil un aumento de 2% y aquellos que estén arriba de 15 mil 1%). Anunciaron dicha medida a unos días de celebrar el día del maestro, con la finalidad de reflejar el compromiso que han hecho con el magisterio, sin embargo, ¿existe realmente una revaloración docente? ¿es el momento idóneo de aumentar salarios? ¿qué pasará con la calidad educativa?

Una de las promesas de campaña de López Obrador era revalorizar al magisterio y para ello, prometió acabar con la “reforma educativa” de 2013. En términos reales, los cambios “sustanciales” se reflejaron en dos acciones: eliminar las pruebas relacionadas con el Servicio Profesional Docente y acabar con el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. Como resultado, se generaron mecanismos “no punitivos” de ingreso y permanencia en el SPD (sin embargo, aun se tienen problemas de diseño en cuanto a la promoción), así como la creación de laComisión para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu). Por otra parte, en el año 2021 la Cámara de Diputados aprobó una reducción de más del 95% del presupuesto a las escuelas normales de todo el país, así como también se dejó de lado la capacitación técnica y en la actualidad se están planteando nuevos cursos para la adaptación del nuevo Marco Curricular para el siguiente ciclo escolar. En pocas palabras, el Gobierno Federal le da gusto a “medias” al magisterio (sin contar los salarios adeudados de los profesores de inglés PRONI y la nueva propuesta de que las asociaciones de padres de familia se encargarán de decidir si les aumentan o no el sueldo a las y los docentes que enseñen en el nuevo programa sustituto del Escuelas Tiempo Completo).

Ahora, este aumento salarial no salió de la nada. Según el periódico El Financiero, se van a invertir aproximadamente 25 mil millones de pesos para darle vida a esta estrategia, sin tomar en consideración algún criterio externo de mejora continua o capacitación docente. Actualmente, a nivel federal, se cuentan solamente con los programas de becas para el bienestar para combatir la brecha educativa y deserción escolar, así como la desaparición progresiva de aquellas estrategias que tuvieron buenos resultados (Prospera, por poner un ejemplo), sin evaluaciones de dichos programas y con la buena fe de los funcionarios de la SEP ¿podemos hacer un plan de aumento salarial de esa magnitud? Considero que lo único que refleja esta gran inversión pública es el compromiso con los líderes sindicales, pero no con las y los estudiantes, lo cual me lleva al siguiente punto: la calidad educativa.

Como se logró prever cuando se hizo la reforma al Artículo 3° en el año 2019, el término “calidad” quedó eliminado del sector educativo y sustituido por la educación de “excelencia” (un concepto ambiguo y poco práctico). Aunado con la desaparición del INEE, la calidad de la enseñanza educativa quedó totalmente a la deriva, no tenemos métodos de evaluación serios y mucho menos referentes sobre cómo es el desempeño real de las y los docentes ¿cómo podemos garantizar una buena educación sin información? Debemos entender que la educación de calidad no es en beneficio de la academia o de un grupo limitado de personas, sino de todas las y los estudiantes mexicanos, porque su futuro profesional se puede ver comprometido.

En conclusión, es una buena noticia el ver que poco a poco se logren mejores condiciones para el magisterio, sin embargo, el costo oportunidad de llegar a estos beneficios ha sido a través de la desintegración la calidad educativa, aunado a la indiferencia de las y los docentes en torno a una política educativa centrada a las y los alumnos, todo es para el magisterio (se prioriza el respaldo político). Permitir estas acciones por parte de la 4T será uno de los errores históricos más grandes que deberá cargar el SNTE, pero bueno, al parecer mientras les den gusto ¿a quién le importan sus estudiantes?

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