Carolina Castro Padilla

 “Tu barro suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es alcancía
y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos, se vacía
el santo olor de la panadería.

Cuando nacemos, nos regalas notas,
después un paraíso de compotas.
y luego te regalas toda entera,
suave Patria, alacena y pajarera.”

Así se expresó de la Patria, Ramón López Velarde. Y así vamos reconociendo en esa gran alacena multicolor que constituye nuestro país en general, y de Aguascalientes en particular, muestras raíces, nuestra identidad, nuestra forma especial de ser y sentir a través de las formas, palabras, sonidos, olores, sabores, pasos, giros y regocijos sin fin, que constituyen las expresiones de la cultura popular que nos identifica regionalmente.

Sabemos que cultura es todo aquello que el ser humano agrega a “natura”, y que lo popular es lo relativo al pueblo como colectividad, lo que le es propio; de ahí que todas esas expresiones creativas nacidas en una comunidad y arraigadas a ella al grado de convertirse en anónimas, se identifican como cultura popular y nos atañen a todos.

En la región que hoy ocupa el estado de Aguascalientes, no existía un pueblo aborigen arraigado, cuando se realizó la conquista de estas tierras por los españoles. Llegaron familias de otras latitudes y fundaron pueblos y villas. Llegaron seres humanos con su riqueza creativa natural que los impulsó a expresarse a través de la música, el canto, la danza, la poesía; que los impulsó a crear cacharros de barro, muebles de madera y tule tejido, a labrar la piedra, a bordar sus prendas de vestir; a preparar bebidas, platillos, dulces y panes con los frutos de estas tierras: a celebrar a sus santos patronos con festejos y danzas especiales. En fin, seres humanos que echaron la simiente del pueblo que ahora somos.

Mucho tiempo se ignoró la cultura popular de Aguascalientes por considerarla pobre o insignificante. Fue necesario que el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias, PACMYC, llegara al estado en 1992, para que se iniciara una revaloración de ella al recorrer los municipios para dar a conocer este programa, para descubrir a los artesanos, músicos, cronistas, médicos tradicionales, danzantes, en una palabra a todas aquellas personas interesadas en continuar su quehacer dentro de la cultura popular. Después, la Unidad Estatal de Culturas Populares, principió como un Departamento integrado a la Dirección de Casas de Cultura del Instituto Cultural de Aguascalientes en 1994 y, años más tarde, en 2002 se creó el Fondo Municipal para la Cultura y las Artes. Desde su creación en 1992, estuvo bajo la responsabilidad del Lic. Víctor Solís Medina, quien se ha volcado en el rescate e impulso de las manifestaciones de cultura popular. Desde entonces se han apoyado diversos proyectos que en su mayoría siguen vigentes por participar en proyectos institucionales como son: los Encuentros Estatales de Música Tradicional, de Matlachines, de Pastorelas, por los encuentros de Historia Oral, presentaciones editoriales y la presencia de diversas artesanías en el estado.

Gracias a estos apoyos, muchos aspectos de la cultura popular regional se han dado a conocer más allá de sus comunidades de origen:

Se han creado Museos Comunitarios que se han organizado como asociaciones civiles, como el Museo del Deporte en Pabellón de Arteaga, el Museo del Juguete Tradicional de San Francisco de los Romo, el Museo de Historia de San José de Gracia,  el Museo de Historia de Minería de Tepezalá, el Museo de Historia de Jesús María y el Museo Comunitario del Deshilado de Calvillo.

Muchos son los grupos de música que han sido apoyados, entre ellos “Son de Oriente”, “De aquí pal Real”, “El Trianero”, “Los Salvajes de Santa María”, así como también varias Bandas, entre ellas “Pez Gato” y “Stallworth Jazz”, grupos que con el producto de sus grabaciones han podido adquirir instrumentos y financiar otras grabaciones.

Se han implementado talleres de artesanías para que los jóvenes aprendan directamente de los mayores y también para el crecimiento de esos talleres. Entre ellos está el de “Artesanías para Indígenas en Tránsito”, los talleres de deshilado, dulces y antojos de Calvillo, los de ixtle y madera de Cosío, los de cestería de carrizo y de marmolería en el Llano, los de labrado de cantera y tallado de madera de Jesús María, los de charamuscas y huaraches tradicionales en San Francisco de los Romo, entre otros más.

Así mismo, PACMYC ha financiado la publicación de libros, obras que rescatan parte de la micro historia, fiestas populares, leyendas y personajes, o bien, dan a conocer la obra poética y narrativa de algunos creadores. Obras todas que han venido a enriquecer el acervo bibliográfico del estado de Aguascalientes.

¿Y qué decir de nuestras danzas populares? Varios grupos de Danza de Pluma, Danza de Indios y la Danza de Matlachines, han sido apoyados para mejorar o comprar parte de su vestuario.

El estado de Aguascalientes es rico en cultura popular, mucho se ha logrado, al rescatar, impulsar, valorar y difundir algunas de sus manifestaciones, sin embargo, es necesario hacer mucho más para no perder nuestra cultura popular, y digo nuestra, porque es de todos, al identificarnos como habitantes de esta región del país. Es la raíz, la tradición, que ha pasado de una generación  a otra y que, a lo largo del tiempo, puede desaparecer a causa del olvido o  del desprecio.

¿Cómo imaginar un Aguascalientes sin el repique de campanas y el estruendo de cohetes que llaman a la fiesta, y los fuegos artificiales con los que se suele terminar toda festividad; el toque del tambor y la voz del violín que mueve el corazón y marca los pasos recios de una Danza de Matlachines; el pozole servido en platos de cerámica colorida junto a la cesta de las tortillas tapadas con una servilleta deshilada; los condoches, los buñuelos y el atole blanco; el acompañamiento de un grupo de música tradicional o el canto solitario de un músico urbano; las leyendas sobre los túneles que recorren la ciudad capital, el Cerro del Muerto, o el tesoro de Juan Chávez; el corrido que surge espontáneo para narrar un acontecimiento notable; los juguetes ingeniosos que aparecen en toda feria; las posadas y pastorelas; nuestras ferias regionales; o como dice Ramón López Velarde: “el santo olor de la panadería”?