René Urrutia De La Vega

Uno de los problemas más grandes que tiene nuestro país, que a su vez es causa y origen de muchos otros de muy diversa naturaleza, es lo que conocemos como corrupción en un sentido amplio. La corrupción se ha arraigado de manera grave y verdaderamente lacerante en nuestra sociedad y ha conformado lo que yo considero que se puede denominar como incultura¸ es decir, una falta de cultura casi absoluta en un sector lamentablemente amplio de la población que manifiesta un abierto desprecio por las normas más elementales de convivencia, mediante una absoluta falta de respeto hacia los derechos del otro, siendo capaces de transgredir el orden más elemental que debe prevalecer en una sociedad organizada, con tal de obtener provechos y beneficios indebidos o desproporcionados hacia sí mismo o a favor de terceros con quienes se tiene un vínculo directo o indirecto, beneficios que pueden ser de muy diversa índole, pero fundamentalmente económicos, políticos y jurídicos.

Pues bien, desde mi particular punto de vista, la causa última de este tipo de comportamiento tiene su génesis en la carencia de una educación sólida y firme basada en la cultura de cumplimiento de la norma, me explico: el ser humano es un ser social por naturalezay todas, absolutamente todas, las relaciones y las diversas formas de convivencia tienen su fundamento en una serie de normas de todo tipo, pues la convivencia no podría ser tal si no existieran esas normas que generan orden, de manera que desde el seno familiar existen normas que determinan cómo deben darse las relaciones entre los miembros del núcleo familiar, sea cual fuese el modelo de familia de que se trate, que los hay diversos; lo mismo ocurre en la escuela, en el trabajo, en la empresa, en la vía pública, en una fiesta y prácticamente en cualquier actividad que desarrollamos.

La cultura de cumplimiento de la norma tiene su base en la educación y simplemente quiere decir, como el propio concepto lo señala, que cada uno de nosotros verdaderamente cumplamos con las normas que rigen la convivencia basada en el respeto, la tolerancia y el servicio, pues bien, esto es algo que muy cotidianamente se incumple y es por ello que estamos inundados de conductas y acciones mediante las cuales muchas personas obtienen ventajas y beneficios indebidos o excesivos a costa de alguien más a quien se le causa un perjuicio, que puede ser un individuo, un grupo de individuos o la sociedad misma.

Existe una materia denominada compliance, que está directamente relacionada con esta cultura de cumplimiento de la norma y que consiste en la implementación de programas de cumplimiento normativo en las empresas y en todo tipo de personas jurídicas, que sirven de una manera extraordinaria para asegurar que dentro de una organización colectiva que tiene un compromiso decidido por actuar dentro de los márgenes jurídicos y normativos que rigen su actuación, se cumplan las normas de manera general y a cabalidad y con ello impedir, evitar o prevenir que se les finque una responsabilidad empresarial que puede llegar a ser incluso de tipo penal, por no cumplir con las normas que les son aplicables en una gran variedad de ámbitos de aplicación derivados de la actividad empresarial misma y con lo cual se puede causar una afectación a otras personas individuales o colectivas y a sus bienes jurídicos. Los programas de compliance constituyen el ejemplo más claro de cómo la cultura de cumplimiento de la norma es la forma más eficaz para combatir conductas de corrupción y permear hacia la sociedad, a través de la interiorización de esa cultura en cada uno de los miembros de la organización colectiva, que a su vez lo llevarán a ser parte de una forma de vida en sus familias y que se puede transmitir generacionalmente.

En lo particular, no comparto que la corrupción pueda eficazmente combatirse desde la punta de la pirámide hacia abajo, más bien creo que mediante la generación decidida de esta cultura de la que ahora hablo, a partir de modelos educativos que la contemplen como uno de sus ejes principales, así como mediante la adopción de programas de cumplimiento normativo en las empresas y en todo tipo de organismos colectivos de la sociedad organizada, es la mejor forma en que verdaderamente se podría revertir la incultura de la corrupción a largo plazo y generacionalmente.

Es importante señalar que los esfuerzos por dar resultados en lo inmediato y a corto plazo en cuanto al combate a la corrupción, deberían estar enfocados en que verdaderamente se cumpla con las normas jurídicas que regulan las actividades en el servicio público, la política y las relaciones comerciales en general, de manera que no se requiere sino de cumplir y hacer cumplir la ley que ya tenemos, en lugar de generar estructuras burocráticas robustas, complejas y poco efectivas, lo cierto es que si las instituciones que tienen a su cargo esa responsabilidad aplican eficazmente y de manera sistemática, sin privilegios, las leyes que prevén las conductas de corrupción, tanto en el ámbito administrativo como en el penal, imponiendo las consecuencias jurídicas correspondientes sería de gran ayuda para disminuir el terrible daño que este cáncer causa a nuestro país.