José Luis Quintanar Stephano

La palabra cultura proviene del vocablo latino cultus, el cual hace referencia al cultivo esencialmente del espíritu. Existen diferentes definiciones del concepto de cultura entre las que se encuentra “el conjunto de conocimientos y sus manifestaciones que caracterizan a una sociedad o grupo social en un determinado momento de su historia o presente”. Las manifestaciones que expresa una cultura incluyen sus costumbres, su manera de ser, sus valores, sus prácticas, sus tipos de vestimenta y normas de comportamiento, entre otras.

Dentro de la cultura se encuentra la cultura científica, la cual se entiende como el conjunto de conocimientos no especializados de las diferentes ramas de la ciencia que permiten desarrollar un juicio crítico y que están accesibles a cualquier miembro de la sociedad.

El ejercicio continuo del juicio crítico induce una actitud científica y justamente es una de nuestras debilidades como sociedad mexicana: la falta de actitud científica. Por ejemplo, ¿quién no ha comido una tortilla de maíz? Pues bien, si se ha tenido el cuidado de observar que ya una vez hecha la tortilla presenta dos caras: una capa delgada y otra un poco más gruesa, algunas personas identifican una de ellas como “la parte de adentro”. ¿Por qué una es más delgada que la otra si antes de cocerse es de una sola pieza? La observación, la curiosidad, el buscar respuestas, la duda razonable, el contraste de información, el intentar demostrar la posible explicación, el sentido común, la experiencia, todos estos elementos enriquecen el juicio crítico que se traduce en acciones de una sociedad con cultura científica.

No se requiere ser científico para comprender que las vacunas salvan vidas, que el estrés disminuye la respuesta inmune, que la tierra es redonda y no plana, que la lluvia cae por un fenómeno de condensación y no por una decisión de Tláloc. El proceso crítico se contrasta con la información existente y comprensible que está a nuestro alcance, como noticias, revistas, comentarios, opiniones de expertos, pero todo ello con la intención de estar lo más cercano a la realidad y dependerá del cristal con que se mira.

Hay una relación íntima entre la educación y la cultura científica. Educar el juicio crítico se puede dar en los diferentes entornos sociales, como la familia, las amistades, el trabajo, las escuelas o en programas institucionales.

Como anécdota histórica, durante el Porfiriato, existió un grupo de intelectuales denominado “Los Científicos” (1892-1911), entre los que se encontraban José Yves Limantour, los hermanos Macedo y Justo Sierra. Porfirio Díaz basó muchas de sus decisiones en este grupo de “Los Científicos”. En su proyecto modernizador incluyó una política de fomento a la ciencia, que abarcaba desde la formación de individuos con avidez por la ciencia, hasta la promoción de la investigación básica en los primeros institutos de investigación de América Latina. Poco hemos heredado de esa política. Transformar nuestra cultura científica está en nuestras manos y por tanto, gozar de una riqueza social para con sensatez tomar nuestras decisiones.