Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Línea directa con la culpa

El director Antoine Fuqua (“Día de Entrenamiento”) logra recuperar un poco su idiolecto seco, pesimista y tenazmente nihilista en “Culpable”, un remake de la excelente cinta danesa con el mismo título estrenada hace tres años y donde el binomio dirección/guion fortalecían un thriller minimalista donde todo el peso dramático recae en un solo protagonista, por lo que la elección del actor principal para esta versión anglosajona era crucial. La afortunada opción de Fuqua fue el talentoso Jake Gyllenhaal, con quien repite mancuerna después de la posibilitada pero algo trunca “Southpaw”, un drama pugilístico que logra levantarse de la lona argumental gracias al empeño puesto por el otrora “Donnie Darko”.
En esta ocasión, Gyllenhaal interpreta a un policía en desgracia de nombre Joe Baylor, quien se encuentra recibiendo llamadas para la línea de emergencia del 911 como castigo por una acción que no se revela hasta el momento climático del filme y que le costó su adorado patrullaje callejero. De carácter irascible y a todas luces psicológicamente inestable (algo tiene que ver tanto el acoso telefónico de una periodista como un matrimonio roto que lo ha alejado de su pequeña hija), el poco amigable Joe termina recibiendo una llamada de una mujer llamada Emily (voz de Riley Keogh) quien, al parecer, está siendo secuestrada por un esposo violento. En este momento el lenguaje del thriller cinematográfico con sus rigurosos close ups y montaje dinámico se encaja en el trabajo de este policía, quien debe recurrir a todo tipo de elementos a su alcance y su poder deductivo para localizarla, pues la mujer se encuentra en la carretera de Los Ángeles justo a la mitad de uno de los incendios más aparatosos en la historia de la ciudad californiana, por lo que muchos de sus recursos como colegas patrulleros en los caminos o los bomberos se encuentran muy ocupados para auxiliarle. El guion recurre a todo tipo de estrategia para acorralar al protagonista en su gesta por ayudar a Emily a la vez que poco a poco comienzan a emerger las piezas de su rompecabezas emocional y psicológico que nos armarán un retrato amplio y denso sobre su personalidad, exponiendo los porqué de su comportamiento antisocial y destapando una botella de angustia existencial que burbujea internamente para conducirnos a un tercer acto que, in crescendo, revela que no todo es lo que parece.
Fuqua somete a la cámara a un ritmo correcto donde el limitado espacio al que se ajusta la trama (le cede tiempo tan solo a dos o tres tomas fuera de la sala de monitoreo del 911 en toda la película) será el único escenario donde Joe hará todo lo posible por salvar a su interlocutora, incluyendo contactar a la pequeña hija de Emily y algunos colegas en la Fuerza para conseguir apoyo en su afán salvador, dinámicas que sirven para rastrear tanto elementos clave en el carácter de Joe como de su pasado. Son estas escenas las que le permiten a Gyllenhaal dotar de fuerza dramática a la película mostrando diversas facetas emocionales trabajando tan sólo con un teléfono a la mano y manteniendo más que a flote el interés por la trama, la cual en momentos se nos dispersa un poco al no ajustar un ritmo muy preciso en cuanto a tono y forma como lo hiciera su predecesora danesa pero el conjunto termina por convencer. “Culpable” trabaja todos sus componentes sobre moral, ética y humanidad de forma clara y convincente, por lo que se trata de uno de los estrenos más logrados en cuanto a largometrajes en Netflix de los últimos meses.

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