Ricardo Vargas 

El pasado jueves, hace tan solo dos días, se vivió en Culiacán uno de los episodios más violentos y aterradores que hemos visto en nuestro país, dentro de lo que conocemos como “guerra contra el narcotráfico”. En un operativo conjunto que realizaron la Guardia Nacional y la Secretaría de la Defensa Nacional, se desató un enfrentamiento entre elementos armados del gobierno federal y un comando armado presuntamente miembro de un importante cártel del narcotráfico en el estado de Sinaloa y con importante presencia a nivel nacional.

Una tarde difícil fue la que se vivió en la capital sinaloense, algo que fue descrito por muchos presentes como una auténtica zona de guerra y que finalmente resultó con un saldo de cero detenidos y ningún reporte realmente claro de lo que sucedió aquella tarde. Al finalizar los enfrentamientos, faltó por varios minutos un comunicado oficial de autoridades federales, hasta que finalmente se difundió un video en donde se explicó que las fuerzas federales habían sido superadas en número y en capacidades, y que para evitar tener víctimas por el enfrentamiento, decidieron soltar a quienes ya habían capturado y terminar el enfrentamiento.

Más allá de la estrategia de seguridad que se implementó, y más allá de calificar como buena o mala la decisión que se tomó, me parece interesante analizar esta acción a los ojos de lo que se conoce en análisis económico como “tasa de descuento”. Partiendo de la premisa de que el gobierno haya decidido abandonar el enfrentamiento realmente por la idea de no generar víctimas, podríamos decir que el gobierno valora por igual los beneficios que se obtienen en el presente y los beneficios que se obtendrían en el futuro. Es decir, no valora mucho más el futuro que el presente.

Dentro del análisis económico y financiero, a la hora de hablar sobre las preferencias de consumo, el concepto de la tasa de descuento se vuelve muy interesante pues describe la paciencia de los agentes por contar con recursos en el tiempo presente o contar con ellos en el tiempo futuro. La teoría detrás de esto es que para que alguien pueda disponer de un recurso en el tiempo presente y contar con él en algún tiempo futuro, esta persona debería de recibir alguna recompensa o gratificación en el tiempo futuro cuando su recurso le sea devuelto. Esto responde básicamente a la preferencia por contar con los recursos en el tiempo presente, frente a la incertidumbre del tiempo futuro. Esta es, de manera general, la forma en la que funciona el sistema financiero y la forma en la que todos los individuos y agentes económicos tomamos nuestras decisiones.

Al hablar de una tasa de descuento, es común referirnos también al comportamiento de los agentes como pacientes o impacientes. Esto es, aquel que valore de igual manera el tiempo presente que el futuro será alguien paciente, mientras que aquel que valore más el futuro que el presente será alguien impaciente. De manera sencilla, decimos que si alguien es indiferente a recibir un recurso hoy o recibirlo dentro de un año, será alguien paciente. De manera contraria, aquel que tenga una preferencia por recibir recursos en el tiempo presente será alguien impaciente, y requerirá de una mayor compensación por disponer del recurso en el tiempo presente.

En este sentido, y de manera figurada, podríamos decir que nuestro Gobierno Federal es un agente altamente paciente. Y no solamente el gobierno actual, sino que históricamente podríamos decir que hemos tenido gobiernos y gobernantes muy pacientes, que parecen no buscar un pago por un beneficio en el futuro. Nos hemos acostumbrado a no resolver los problemas en el presente, pues probablemente al resolverlos pudiéramos generar algunos daños colaterales también en el presente. Entonces nos hemos acostumbrado a valorar de la misma forma la utilidad o el bienestar que tenemos hoy en el país, contra el bienestar que podríamos tener en un tiempo futuro. El ejemplo más sencillo de todos es aquel que vimos el jueves, cuando las fuerzas armadas manifestaron que su estrategia no es resolver el problema de inseguridad en el presente, pues esto podría generar costos y daños colaterales. Esto nos quiere decir entonces que no queremos resolver los problemas hoy, y que por lo tanto valoramos de igual forma el bienestar que podríamos tener en el futuro.

Sé que es un tema sumamente sensible, ¿pero suena lógico que por evitar algunas víctimas en el tiempo “1”, aceptemos más y más víctimas en los tiempos futuros? El tema hoy es Sinaloa, pero pasa lo mismo con la educación pública, con la informalidad laboral, con la corrupción.

¿Hasta cuándo dejaremos de ser tan pacientes y buscaremos un “pago mayor” en el largo plazo, aunque tengamos que pagar algunos costos en el tiempo presente?

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@1ricardovargas