Jesús Eduardo Martín Jáuregui

“Tira la piedra y esconde la mano”: refrán popular.

Lorenzo: cuenta tus días rata demonio” Es el letrero que con grandes letras se podía leer en el ataúd que los acarreados de Félix Salgado Macedonio llevaron al mitin en que, presentes el pretenso candidato a la candidatura de Guerrero y Mario Delgado presidente nacional de Morena, buscaron amedrentar a los integrantes del Instituto Nacional Electoral y en particular a su presidente Lorenzo Córdoba para que revoquen la resolución que impide que Salgado sea candidato, como sanción por no haber dado a conocer el monto de sus gastos en la pre campaña.

Salgado agregó, entre otras lindezas, algo así cómo “…dónde se podrán esconder, los vamos a buscar y vamos a dar a conocer a las gentes su domicilio…” Ya antes había señalado que si el INE no se retractaba y le permitía ser candidato, entonces no habría elecciones en el estado de Guerrero. Todo ello avalado por el presidente de Morena, quien en una entrevista tuvo el descaro de expresar que de ninguna manera había habido amenazas, sino que era parte del hablar pintoresco de Félix Salgado que siempre se divertía y divertía a la gente con sus palabras.

Félix Salgado Macedonio es un patán, cínico, atrabiliario, lo cual es evidente, acusado de varios delitos de violación y de multitud de hechos de acoso sexual lo que no es evidente pero es conocido. Mario Delgado fue tesorero del Gobierno del Distrito Federal (así se llamaba) cuando el escándalo de la línea doce del metro y otros desfalcos gigantes que, propiciaron los estudios en el extranjero de Marcelo Ebrard mientras las acciones penales prescribían, tiempo que también Delgado aprovechó para mantenerse discretamente alejado mientras el término para exigirle responsabilidades fenecía. Mario Delgado ha sido señalado también como protagonista de escándalos de tinte sexual y recientemente se ha conocido también su participación en el grupo NXIVN de Keith Rainiere, que promoviera Emiliano Salinas Ocelli, grupo acusado de ser una secta que promovía un trato esclavizante hacia las mujeres a las que se marcaba y se utilizaba sexualmente y que, se vendía como un grupo de superación y crecimiento personal con vistas a desarrollo político.

Además de la amenaza hay que subrayar el plantón que sostiene un grupo de morenistas frente a las instalaciones del INE, como una forma de presionar para que se revoque la resolución que retiró el derecho a ser registrado como candidato a gobernador de Guerrero al señor Félix Salgado Macedonio.

Nunca, desde que tengo memoria, se había presentado el caso de presionar al órgano electoral de una manera tan descarada, públicamente, con una amenaza que constituye un delito y que se profiere no veladamente, sino en los medios de difusión nacional, de la que no sólo es responsable el patán de Salgado sino también el cínico de Delgado, por coparticipación. La amenaza por supuesto es grave y más aún sus posibles consecuencias: la más delicada sería que surtiera efectos y que los integrantes del Consejo General del INE o alguno de ellos sucumbiera a la presión y doblara la vara de la justicia ante el temor. Afortunadamente parece que eso no sucederá el proyecto que en estos momentos se sigue discutiendo en el Consejo General del INE es la ratificación de la no candidatura del patán guerrerense y la consecuencia de que Morena tendrá cuarenta y ocho horas para sustituir a su candidato.

Otra posible consecuencia grave sería que más de alguno de los guerrerenses, lamentablemente conocidos por su incultura, su violencia y su proclividad a las venganzas le tomara la palabra al patán Salgado y buscara, situación no improbable dado el historial guerrerense, vengar el supuesto agravio a su candidatura frustrada. A guisa de anécdota recuerdo que mi maestro de Procedimientos Penales Don Guillermo Colín Sánchez decía que el único estado de la República para el que recomendaría la pena de muerte era para Guerrero, dados sus continuos hechos de violencia que culminaban con muertes.

Más allá de las posibles consecuencias de las amenazas formuladas las circunstancias más graves que rodean el caso Salgado Macedonio son la acciones y omisiones de la autoridad federal a partir del comportamiento del presidente de la República, la gobernadora de la Ciudad de México, la Fiscalía General de Justicia de la Nación, la Secretaría de Gobernación y las Secretarías de Seguridad Pública del país y de la Ciudad de México, y, dadas las circunstancias actuales, la Guardia Nacional. El INE es uno de los innegables logros de la incipiente democracia mexicana, es un órgano constitucional autónomo que se ha consolidado como el árbitro electoral per se. Propició y aseguró la alternancia en el país, garantizó múltiples procesos en diversos ámbitos municipales, estatales o federales y fue el garante de la elección última de presidente de la República. La estabilidad electoral y el ámbito de respeto a la expresión del sufragio dio la posibilidad de un triunfo inobjetable de Andrés Manuel López Obrador.

La cuestión a discutir ya no es la responsabilidad de Salgado y de la otra cincuentena de precandidatos suspendidos, (más de 6,000 precandidatos sí cumplieron). No hay duda de su responsabilidad, ya fue confirmada por el Tribunal Federal Electoral y el reenvío hecho al INE ya no es para determinar responsabilidad sino para valorar la gravedad y aplicar la sanción. El INE no parece tener margen de acción la ley prevé las sanciones, la responsabilidad está acreditada, si es desproporcionada habrá que achacárselas al legislador y al prurito plenamente justificable de dar plena transparencia a los recursos utilizados en las campañas.

Más allá de la resolución de las responsabilidades de los precandidatos debería juzgarse el comportamiento que raya en lo delictuoso del propio presidente de la República que, es evidente, propicia la conducta de sus partidarios, que no da ni la más leve indicación de reprobar los plantones, las amenazas, la campaña de desprestigio, antes bien la alienta, contra una de las instituciones del país.

Quosque tandem abutare AMLO patientia nostra?. (¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia?

“Lo que se va a discutir no es un tema político sino un tema estrictamente jurídico”

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