Saúl Alejandro Flores

Gentiles lectores sobra dar estadísticas de percepciones, cifra negra de la criminalidad, número de sentencias, denuncias, etc., porque es un hecho innegable el incremento de delitos en todos los ámbitos, aun contabilizando los innumerables ilícitos que se producen, vale la pena aclarar que al hablar de un ilícito no precisamente se trata de un delito (ámbito penal), los ilícitos se dan en todo el espectro jurídico, fiscal, civil, laboral, mercantil, administrativo, etc., por lo tanto, el delito es un ilícito penal. Así que como podrán ver el no cumplir con los contratos de servicios, pagos, alteraciones de medición, tomas clandestinas y un sinfín de acciones u omisiones se estarían cometiendo ilícitos, que no sólo cometen los ciudadanos sino también los servidores públicos.

En el ámbito hídrico existen conductas que han rayado en delincuencia organizada, como es el tráfico de derechos de agua, incluso se ha hecho uso de la fuerza armada para amagar a inspectores de Conagua en algunas regiones específicas del país. Así como el llamado “coyotaje”.

Sin embargo, lo descrito no debe ser usado como pretexto del viraje que está dando el país o está a punto de comenzar. Durante la presente administración federal no puede negarse el incremento de delitos y la omisión por parte de la autoridad federal principalmente al dejar de ser un garante del Estado de Derecho. Independientemente de acuerdos, complicidades de cualquier índole y magnitud que han tenido, es evidente que la autoridad no actúa, ni actuará, por lo que el crimen organizado toma el control cada vez abarcando mayor margen de maniobra y al hablar de crimen organizado no me refiero y es importante no caer en lo que podemos enumerar como “dos medias verdades”, que el crimen organizado sólo se enfoca en drogas y segundo, que sólo se matan entre ellos y ocasionalmente hay víctimas inocentes en el fuego cruzado. Claro que no.

El crimen organizado no sólo son el cártel de las drogas, van desde algunos tentáculos o grupos que roban autos, falsifican, secuestran, extorsionan, y piden el llamado “derecho de piso”, ordeñan oleoductos, los que lesionan la productividad nacional, al cobrar “cuota” a los productores y a los transportistas por el traslado de sus mercancías. ¿Ven queridos lectores que no todo es el narcotráfico? Y segundo, matan a quien no les paga derecho de piso o cuotas o se niega a colaborar. ¿Entonces, sólo se matan entre ellos? El crecimiento del país y la calidad de vida de sus ciudadanos están comprometidos, y se escudan para las omisiones en esas dos medias verdades y en la complicidad principalmente electoral.

Amables lectores, me dirán ¿y esto qué tiene que ver con el agua? Hemos visto desde el conflicto de los “mazahuas” hace algunos años, o el desborde por el pésimo y negligente actuar de la Conagua y del mismo Gobierno Federal con los hechos acontecidos en Chihuahua, desbordadas las instituciones por la incompetencia e ignorancia de los funcionarios, que terminó con una pareja asesinada por miembros de la Guardia Nacional, así como el asesinato a un estudiante en Guanajuato. Hace algunas semanas tuvimos el hecho de una incursión armada en las instalaciones de “Casa Madero”, obligando a que dicha empresa cierre sus puertas. Y así tenemos un riesgo hacia varias empresas con el pésimo manejo del conflicto hídrico en Monterrey, en donde el gobernador de esa entidad muestra que el requisito para gobernar es ser un simulador, bufón o merolico y sus declaraciones se convierten cada vez en abono para el conflicto.

Adicionemos el fundamentalismo de algunas organizaciones que culpan a las empresas principalmente del sector lácteo y bebidas, situación que si no es bien manejada terminará con el encarecimiento de los productos que tendrán que ser importados por que su producción encuentre un país menos fanatizado o que por lo menos sea un “Estado de Derecho”. Esta brutalidad que entre sus generadores tiene a una Conagua omisa, irresponsable, con funcionarios que desconocen la mecánica del agua, sólo imaginan sus pasiones y sueños o productos de escritorio. Este escenario orilla a que no tardemos ante la escasez, que grupos armados se apoderen de organismos operadores, los expriman en sus paupérrimas finanzas, colapsen en los servicios y luego ellos distribuyan el agua. Cobrando eso sí y quien no pague o se niegue a dicho esquema, sabemos el fatal desenlace, ¿Eso queremos para el país? ¿Eso queremos para nuestras regiones, para nuestras ciudades y nuestras localidades? El agua en el sector agrícola, industrial y doméstico operada por el crimen. Eso acabará con el país porque estos personajes saben exprimir pero no saben producir, se parece mucho a la clase política que ha gobernado y que aún gobierna o está a punto de gobernar. Hay una diferencia, son más violentos que los que ahora ocupan las carteras gubernamentales y que han hecho y hacen negocio adjudicando a las empresas afines o que conllevan compadrazgo. Esa será la forma más rápida de acabar con el agua, ese puede ser nuestro destino. Mis queridos lectores, no olviden la importancia de emprender políticas y acciones que permitan que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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