Hoy con el Miércoles de Ceniza inicia la Cuaresma, que es tiempo de conversión, de gracia y de renovar nuestro compromiso para ser mejores personas. Además, obliga el ayuno.

Debido a la contingencia sanitaria, ayer no se realizó el tradicional rito de imposición de ceniza a los sacerdotes, para que hoy hagan lo propio con los fieles.

Todo está dispuesto para que este miércoles, las celebraciones sean fluidas; por la mañana habrá paraliturgias de imposición de ceniza, no se tocará la frente, se derramará un poco de ceniza en la cabeza de las personas. Y no se cerraran los templos, para permitir el flujo continuo de aire.

Para que todos en casa vivan el signo de la ceniza sin poner en riesgo su salud, se entregarán porciones de ceniza bendita, por familia; se recomienda preparar en un espacio del hogar, un altar con mantel de color morado, de ser posible; colocar un Crucifijo, un lugar para la Biblia y dos velas encendidas.

El que guía la celebración puede ser el padre o la madre de familia; y al imponer la ceniza, deberá expresar: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”.

La ceniza es símbolo de muerte, de caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia.

“El camino que hoy inicia con la ceniza culmina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual”, señaló el administrador diocesano, Juan Gabriel Rodríguez Campos.

Reiteró que la Cuaresma es un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.

Recomendó estar más atentos a decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan, en lugar de palabras que humillan, que entristecen, que irritan o que desprecian.

“A veces, para dar esperanza es suficiente con ser una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia”, señaló al compartir el mensaje del Papa Francisco.

“El ayuno, la oración y la limosna, son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante”, explicó.