Saúl Alejandro Flores

Si existiera una verdadera planeación, ni siquiera excelente o sobresaliente, basta con que sea una verdadera planeación con sus componentes y metodología, ajena a la contaminación de diversos ruidos procedentes de ineficiencias, corruptelas y perfiles inadecuados, los problemas en el país y en el propio estado de Aguascalientes que no sería la excepción, serían controlables y mínimos.

Por lo tanto, estoy refiriendo que la planeación no es precisamente mala, aunque en lo personal me inclino más por conceptos ajenos al dualismo moral maniqueo de “el bien o el mal”, simplemente no existe planeación y lo que se ha realizado en la mayor parte de los ejercicios nacionales es un remedo o dicho en otras palabras, simulación.

No quiero denostar y antes de avanzar, manifiesto que no estoy generalizando, pues ha habido ejercicios excelentes de planeación e instrumentos y documentos, pero hablar de planeación no es sólo contar con un “libro” tal y como se puede y muchos consideran que es el Plan Nacional de Desarrollo, y sus réplicas estatales, así como los propios programas sectoriales del sector agua, la planeación es una política que se plasma en ese documento que sirve como guía, pero la planeación viene determinada desde la propia Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Ley de Planeación, con sus correspondientes versiones estatales, pero eso es sólo el marco legal.

En el párrafo anterior, mencioné leyes y documentos que nos marcan el rumbo a seguir, y que se supone deben ser avalados por un amplio y representativo sector de la sociedad tomando en consideración los criterios de participación y política incluyente, que muchas y la mayor de las veces viene viciada de llevar “cargadas” a dichos eventos y a sólo opinar sin establecer una línea “madura de propuestas” y su correspondiente metodología que permita darle seguimiento, evaluación y control, procesos que ya he mencionado en este espacio: “seguimiento, evaluación y control”, pues muchos omiten el control y es básico para el éxito no sólo del cumplimiento de una política de planeación, sino de las propias políticas públicas en cualquier ámbito y el sector agua no es la excepción.

Podrá refutarse lo que digo, pero cualquier argumento se desplomará porque en el caso local el hecho de que exista tandeo en la distribución del agua en cada toma domiciliaria es ya un punto en contra y exhibe la ausencia de una planeación, como lo mencioné al principio, exhibe la “simulación de planeación”, lo mismo, con que se contabilice el aire en vez de agua, aquí, tanto la empresa concesionaria de agua muestra un desinterés amplio y su contraparte municipal una visión de obsolescencia por muchas administraciones que han pasado, así como una ausencia de perfiles adecuados en los puestos directivos de las administraciones públicas locales, soy severo, cierto, pero no se necesitan fontaneros o expertos en tuberías, se requieren expertos en política hídrica, aunque digan muchos amigos a quienes aprecio y son reconocidos a nivel nacional que sostengan que a nivel municipal sólo debe haber programas hidráulicos, no hídricos, porque no es de su competencia, lo anterior como una forma de interpretar la fracción III del artículo 115 constitucional.

Quiero decirles a mis respetables lectores que no pretendo denostar, pero la visión ha sido sin ofender a quienes profesan el oficio de la fontanería, pero los directivos o líderes del sector han mostrado esa visión, otras entidades o municipios han logrado gestiones de éxito, pero porque tienen vocación y conocimiento y hacen mal quienes esperan obras de caridad por parte de la concesionaria, que como ya se ha dicho muchas voces autorizadas y respetables, al denunciar que no hay título de concesión, sino una “patente de corso”, porque no es un título de concesión porque no cumple con los requisitos legales que dicta el derecho para un título, es un documento inequitativo que ha generado derechos y beneficios a la empresa, con obligaciones difusas y en donde los perdedores son el propio municipio, los usuarios de agua y lo más grave, la sustentabilidad del recurso.

-Ven amables lectores que no hay planeación-, y si hurgamos más encontraremos que el abatimiento de los acuíferos, la mala calidad de esa aproximadamente noventa y tantos por ciento que aparece en la estadística que se trata de agua residual, es simplemente agua que ingresa a una planta de tratamiento para llenar informes de gobierno, y es ajena en el cumplimiento de los parámetros que indican tan siquiera las Normas Oficiales Mexicanas, si hubiera planeación se aprovecharían los lodos, y se trataría en verdad el agua residual, no se apagarían las plantas por las noches y se reutilizaría el agua residual tratada.

Si hubiera planeación, no tendríamos el casi 80 por ciento en el consumo de agua para el uso agrícola, sino alrededor del 60%, tomando como referencia el actual y hasta menos, por supuesto sin afectar la economía local y el uso industrial que valdría la pena revisar no debería sobrepasar el 11 por ciento. Si hubiera planeación, no tendríamos una enorme mancha urbana que impide la recarga de los mantos acuíferos, simplemente porque el crecimiento sería vertical, y aprovecharían los espacios del centro evitando el despoblamiento que genera una inutilidad de la infraestructura y equipamiento urbano, simplemente vean cómo desparecieron los turnos matutinos de las escuelas incluso ambos turnos en algunos planteles escolares, porque construir es un negocio. Y no importa el futuro sustentable de la ciudad.

Con estos breves y pocos argumentos y con la intención de aprovechar este espacio como un generador de cultura del agua ajena a la ñoñez de panfletitos y demás basura inútil, les preguntaré a mis lectores, ¿qué tipo de planeación tenemos, planeación deficiente o simulación de planeación?, querido lector, estas deben ser reflexiones que nos permitan lograr que en México y en Aguascalientes el agua nos alcance.

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