Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores, en este espacio he abordado aspectos técnicos, teóricos, jurídicos, sociales, económicos, ambientales del agua, entre otras perspectivas, dado que el agua reviste una transversalidad, lo que no permite que sea sectorizada de una forma ortodoxa, ni mucho menos maniatada por ideologías desde un rincón de la perversidad política o desde un vocero que detrás de un escritorio asume trabajos académicos, pero no se sacude la ideología y su óptica viene viciada.

La política hídrica en México, insisto, no puede ni debe caer bajo el influjo de una ideología; sobre las políticas públicas, se ha repetido que no pueden determinarse por creencias religiosas, la fe es para que el individuo la viva dentro de sí, la ideología por su parte no debe imponerse, si bien marca la brújula de la persona, el político o académico, ésta no debe imponerse, ni por la fuerza ni por el engaño o manipulación. Las religiones, principalmente las monoteístas, han causado estragos, las ideologías terminan convirtiéndose en excluyentes, en el caso del agua han terminado por inducir a los errores y rezagos sexenio con sexenio y trienio con trienio.

Actualmente la Conagua ha concretizado lo que se visualizaba desde hace casi tres años, recuerdo que en septiembre de 2018 en Facebook varios amigos y conocidos del sector agua, hablaban de la incorporación de la Dra. Blanca Jiménez, invitada por el gobierno entrante, algunos con que era respetada, algunos con campanas al vuelo, pero surgió una pregunta, en torno si ella dejaría atrás su cargo y salario en París, por algo que ya se había anunciado de “simulada y austeridad condicionada”, dijimos que sería un error de ella venir, y de hecho lo sostengo, cualquier profesionista que se considere serio no se acercaría ni a un partido “cachavotos”, ni a una caótica travesía de ocurrencias como es el Gobierno Federal.

Blanca Jiménez comenzó mal, diría yo, en la Convención Anual de Aneas de octubre 2018 en Mazatlán, con un discurso contrario a ella y repitiendo las letanías, acompañada de un séquito de legisladores morenistas que apenas iban a conocer el lenguaje del agua e integrantes de la Comisión de Recursos Hidráulicos de la Cámara de Diputados, a excepción de Feliciano Flores que tenía idea de su mensaje.

Luego vendrían los desaciertos, despidos y el desmantelamiento de Conagua; se acumularían los desaciertos que se convertían en conflictos, el colmo fue el caso Chihuahua y la falta de claridad de lo que significa el Acuerdo Internacional de Distribución de Aguas, el despido de los subdirectores como reacción de una publicación (de las que ahora proliferan y se asumen como voceras de la verdad, la monopolizan) que señalaba a varios funcionarios, y vinieron los despidos; cuando eso sucedió en esta columna advertí que era una pena, pues varios de ellos eran técnicos con reconocimiento y trayectoria, y lo cierto es que hay gente que se dice que tiene experiencia por haberse sentado en un escritorio en alguna dependencia del sector agua, pero sus logros positivos y de avance son nulos o raquíticos, o personal ajeno al sector pero duchos en la psicología o concursos de “Master Chef”.

Posteriormente vendría la guerra de oficios en donde los estrenados subdirectores pedían una cita con el titular del Ejecutivo, u otros ordenando que todos los oficios pasen por la Subdirección; en respuesta, en su papel de directora general Blanca Jiménez ordenaría anular esa disposición de crear esos “cuellos de botella”, una lucha que terminaría con su salida y una lluvia de denostación. Esto es preludio del caos.

Si bien quien asumió la Dirección General de la Conagua cuenta con experiencia, eso no garantiza los avances, si no se rompen los resentimientos y excesos de quienes procedan de la academia y se han asumido como adalides de la verdad, cuando simplemente son todo lo que criticaron; debo aclarar que hay una gran mayoría de académicos con la madurez de asumir y dirigir esos retos, y otros definitivamente, han demostrado su nulo criterio.

Ante un naufragio de todas las instituciones en México, la Conagua está al borde, sólo nos quedaremos con los restos de la embarcación y tablas flotantes, problema que será mayúsculo, porque en las entidades federativas en su miopía llegaron al grado de creer que con obra e infraestructura se solucionarían los problemas e inversiones multimillonarias y los municipios perdidos en la nada, con que el alcalde siga apareciendo en fotos y ya. Recuerden, amables lectores, la importancia de emprender verdaderas políticas y acciones que permitan que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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