Noé García Gómez

En esta época se dice que, la solución a todos los males, el remedio para tener un bienestar y el procedimiento para combatir las desigualdades es el crecimiento; señalan y repiten gobernantes. El mero crecimiento será ipso facto el que nos lleve al “edén” humano. Ese crecimiento pasa por supuesto por el desarrollo, oferta, consumo y satisfacción de todo lo que crea necesitar el individuo. Nos educamos y educamos a la sociedad en que lo mejor es acumular bienes y por tanto muchas necesidades; con esto, lo que estamos fomentando es la elección del abuso de los recursos.

Lo anterior incentiva actividades depredadoras, distorsiona la actividad económica, ya que merma la capacidad de recuperación natural del medio ambiente; la realidad es que hay recursos escasos y esto nos obliga a elegir la mejor forma de usar nuestros recursos disponibles. Esta pandemia de COVID-19 y el resguardo obligado que realizamos por uno, dos o tres meses en nuestras casas, dosificando nuestros insumos, y reduciendo el consumo nos mostró que hay un mundo diferente al del consumo rapaz; por lo que el actual modelo económico no sólo es inviable, sino desfavorable y hasta nocivo para la mayoría de la sociedad y el planeta.

El tema ecológico y ambiental no puede ser un tema de segundo o tercer término, pero tampoco se pude atender solo con acciones ornamentales y mediáticas para salir en la foto y los medios, con el objeto de que se vea como que se está haciendo, o ser parte de los jugosos recursos nacionales e internacionales que otorgan apoyos a estos programas supuestamente “ambientalistas”.

Según los científicos, es impredecible el impacto que tendrá en el clima el hecho de que la media de la temperatura de la Tierra supere 2 ºC la de los tiempos previos a la industrialización. Pero algunos efectos se están padeciendo, climas extremos y variados que afectan todo el ambiente, especies de flora y fauna mueren por esto, además de que la calidad del aire y el desgaste de capa de ozono son otras consecuencias.

Los árboles y la vegetación deben tener un papel preponderante en una ciudad que crece y crece, hace unos años fuimos simples observadores de la polémica instalación de un mega centro comercial en una zona protegida “el ex balneario ojo caliente” que albergaba cientos de árboles en su mayoría mezquites de edades avanzadas, la empresa utiliza la estrategia de “más vale pedir perdón que permiso” y sin consentimiento los derribó generando una dantesca tala de aquellos hermosos árboles que servían como pulmón y filtro de agua a la ciudad, sin tener una consecuencia. El entonces gobierno municipal declaró “no podemos detener el progreso económico”.

Especialistas nos dicen que el incremento en frecuencia e intensidad de las calles como López Mateos y Héroe de Nacozari fue recrudecida por la plancha de concreto en dicha zona, del ahora centro comercial, tapando la natural filtración de agua y que además servía como recarga de los mantos acuíferos en esta ciudad de escasez del líquido.

Soy de los que creo en un desarrollo sustentable, donde el progreso de una ciudad debe ser responsable, equitativo y amigable con el ambiente, donde se planea para que desarrollo y medio ambiente hagan mancuerna para la sociedad y sobre todo las generaciones futuras.

No sirve de nada crear artificialmente jardines, que dicho sea de paso son grandes consumidores de agua, otro recurso escaso. Eso es querer expiar culpas de las heridas que estamos infringiendo a nuestra tierra.

El tema del medio ambiente supeditado a la economía es tan trascendental que el Papa Francisco lo abordó en su encíclica Luadato sí, que entre otras tesis dice: “La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia”, y más adelante comenta: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan? Lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable”. El máximo líder católico pone énfasis y sería bueno que las autoridades competentes, y algunos de sus funcionarios  que acostumbran persignarse colectivamente para ser vistos los domingos leyeran, reflexionaran y asumieran la postura del pontífice.

Finalmente es importante tener presente el proverbio indio: “Sólo cuando el último árbol haya sido cortado, el último río haya sido secado, el ultimo pez asesinado, el último animal cazado, el aire contaminado, nos daremos cuenta que el dinero no lo podemos comer, respirar y ni saciará nuestra sed”.

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