Expectativas del sector agua 2018-2024 (9)
Saúl Alejandro Flores

+ En memoria de Raúl Chávez Vela,
portador de un valor como es la amistad. +

Estimados lectores, continuamos con las expectativas del sector agua para la administración federal actual, ahora abordaré lo relativo a las finanzas del agua, a su administración y gobernabilidad del agua, como apartados que deben conformar una propuesta nueva o reforzarse para lograr los mejores resultados posibles en el sector. Aprovecho para recordar en el 30 aniversario (16 de enero) de creación de la Conagua, que a lo largo como toda institución ha realizado avances y en otras ha quedado corta, sin embargo, eso no evita reconocer y felicitar a un sinnúmero de profesionales que aportaron y trascendieron en su paso.
En el rubro de las Finanzas del agua es evidente que la insuficiencia de inversiones es clara; ha sido complicada la proporción de gasto corriente con relación a los presupuestos totales del sector, pero más aún que el desequilibrio con relación a que también se ha afectado a personal con experiencia y trayectoria impecable, en donde tampoco se puede desafiar la curva de aprendizaje, el personal de mandos medios a directivos no puede llegar a aprender, debe ejecutar lo necesario, esto demanda sensatez y un análisis profundo y claro de las medidas por emprender.
Lo anterior es relevante porque el gasto tiene un reto enorme que parte de otra realidad, que es el rezago en la inversión de 20 años al menos de la mitad per cápita en los términos reales .En México, en los ejercicios fiscales de 2000 a 2017, en promedio anual se invirtió a precios constantes casi la mitad de lo que se invertiría per cápita en los ochenta, cuando el país presentaba debilidad económica. A precios corrientes las inversiones podrían aparecer como de dimensiones respetables, pero al compararlas con los noventa, los montos han disminuido.
El presupuesto de ingresos federal 2018 para agua fue muy bajo con relación a las necesidades y el grave rezago de inversiones nuevas y mantenimiento de activos que ha ascendido apenas en la Conagua, que tuvo un presupuesto para el 2018 de 27,369 millones de pesos, para el 2019 es de 19,227 millones de pesos, en cuanto a infraestructura en agua potable, alcantarillado y saneamiento de 7,616 millones de pesos en 2018, pasó a 4,680 millones, lo que significa una reducción de 2,936 millones de pesos, comparando tenemos el 29% de presupuesto de inversión con respecto a 1993.
Se adolece de un sistema financiero del agua bien definido y de corte nacional, acorde a las necesidades y problemas del sector, que acompañe la gestión del agua ante las demandas sociales, la erradicación de la pobreza extrema y el desarrollo sustentable. Los cambios en materia hídrica en la región en buena parte han sido desencadenados al liberar criterios de financiación -enfoques metrológicos, fuentes, acceso a recursos, bursatilización de activos, bonos de agua, modelos de inversión o conversión privada, etcétera-.
Si no se eleva el tema hídrico en la agenda de prioridades nacionales, y especialmente de seguridad nacional, los presupuestos seguirán bajos y crecerá la brecha entre necesidades y egresos, con consecuencias nefastas para la tranquilidad social y política del país.
Dada la escasez de inversiones, existe un círculo vicioso, por lo cual existen pocos proyectos de inversión y se echa de menos contar con una cartera de varios proyectos con factibilidad comprobada.
En cuanto al renglón de la Administración del agua, es importante recordar que hay serios problemas de sobrexplotación y sobreconcesionamiento en todas cuencas y acuíferos, que ponen en riesgo el desarrollo sustentable, la gobernabilidad del agua y la paz social. En sí conflictos latentes, en algunas ocasiones ya se han presentado por la disputa por el agua y la sobrepoblación en las regiones del país, como ha sido notorio en el Valle de México y que no tardará en pronunciarse en otras zonas del país, como es en el caso en el Bajío, en la región centro-norte, cuyos problemas citados están presentes y no tardarán en florecer.
Se ha provocado el desorden, los enfrentamientos, severos conflictos y lesionado la autoridad y la capacidad de maniobra gubernamental. Es clara la pobreza de criterios, programas, regulación, control, instrumentos diversos y recursos, así como la voluntad política para enfrentar el desequilibrio hidrológico de cuencas y acuíferos con riesgos de la sustentabilidad ambiental, sobrevivencia de comunidades y producción económica. En pocas palabras se experimentan fracasos en la administración del agua y que inevitablemente se pronunciarán y consolidarán en la medida que no se tomen las decisiones adecuadas por parte de la autoridad federal, de los estados y que pueden generarse una motivación en lo que respecta a los municipios.
La inercia del centralismo ha propiciado la deformación de la perspectiva de los propios usuarios que en ocasiones sobreexplotan el agua superficial subterránea y contribuye a sus escasez, lo cual afectará su futuro, pero pese a ello son incapaces de cuidarla y protegerla. Es inadmisible el desconocimiento actual sobre la ocurrencia del agua, su disponibilidad, las aguas comprometidas en concesiones y asignaciones y la contaminación por vertidos y sobre explotación de acuíferos. Por lo tanto, es necesario tomar cartas en el asunto y darle un rostro funcional y real a la administración del agua.
Es preciso lograr la Gobernabilidad del agua, dado que la capacidad técnica de las instituciones federales del sector se han adelgazado y la improvisación se manifiesta en yerros y omisiones en las últimas décadas, y en algunos rubros se han visto en los primeros días de la actual administración gubernamental, con alto costo económico para el país, y graves consecuencias sociales y políticas. Es alto el riesgo de fallas y errores costosos mientras no se cuente con el apoyo del más alto nivel político y financiero para temas de agua. La frágil gobernabilidad del agua en México se manifiesta en múltiples conflictos no resueltos entre los usuarios que compiten y luchan por la misma agua cuando la demanda es mayor que el agua disponible. También se deriva de mecanismos y practicas equivocadas para asignar el agua. Continuaremos con este tema, no sin antes recordarle amable lector que se requiere precisión en las decisiones que permitan que en México y Aguascalientes, el agua nos alcance.
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