Saúl Alejandro Flores

+ En memoria de Sergio A. Reyes Reséndiz, amigo y compañero en varios capítulos, también en esta  casa editorial, gracias por todo. Descansa en Paz.

Estimados lectores abordaré la panorámica en Chihuahua sin ánimo de enardecer porque hay pérdida de vidas humanas, eso no se puede omitir, es para respetar, generar conciencia y actuar, consecuencia de una problemática que como bola de nieve creció y sigue creciendo, una historia acumulada de ignorancia, omisiones, oportunismos, perversidades y ausencia de entender los momentos actuales. Así que la próxima semana retomaré la serie que concierne a cómo se deben prestar los servicios de agua en Aguascalientes.

El estado de Chihuahua vivió la semana pasada una tragedia al registrarse la pérdida de vidas humanas, hecho de por sí lamentable, pero es más grave aún por la forma, resultado de una acción represiva, el reporte es dramático, puede verse desde varias aristas como es la falta de oficio político por parte del Gobierno Federal, que aunque eso sea lo de todos los días desde que amanece, no debe causar complacencia la forma fácil que le resulta la comodidad de culpar a otros, la acumulación de omisiones en una certera y actualizada política hídrica, la sordera por no escuchar a los usuarios, rematado por la forma lineal y miope de apostar todo a la hidráulica, aunado a la corrupción e impunidad.

También una salida fácil es culpar de una manera generalizada e impersonalizada a la Conagua, cierto que ha tenido malos funcionarios, gente que “nada de muertito” mientras le paguen, mientras se jubila, que adolece de compromiso y ganas de aportar lo inédito, de promover, de detonar proyectos, de proactividad, etc. Pero también ha tenido funcionarios ejemplares, esos que nunca se olvidan y han dejado huella; sin embargo, la Conagua ha quedado en momentos cautiva por lo castrante de los titulares del ejecutivo federal.

Podría decir más, aportar y referir más datos en torno a lo que comprende el Tratado de Aguas Internacionales de 1944 con los Estados Unidos de América, pero eso ya lo he abordado en ocasiones anteriores,además existen muchos reportes y fuentes completas al respecto, ahora lo quiero enfocar en la alerta que se ha encendido, por la muerte de ciudadanos, que asumen una lucha por derechos.

En este sentido, debo reiterar que la disputa es por aguas nacionales, que los manifestantes tienen derechos mediante la figura de concesión (esa figura malinterpretada y que asimilan las ópticas obtusas como privatización), estos agricultores tienen derechos al contar con esos títulos, que son otorgados por el Gobierno Federal por tratarse de aguas de la nación no del Gobierno Federal, no son aguas del gobierno, ni de los funcionarios, a la autoridad federal solo le corresponde administrarlas.

También es cierto que con Estados Unidos de América se comparten aguas internacionales dado que los ríos Bravo y Colorado se encuentran en los límites fronterizos; México y EUA, tienen derecho para aprovechar dichas aguas, ahí es donde el tratado que tiene obligatoriedad a nivel constitucional establece periodos para el aprovechamiento, no existe en sí la figura del adeudo o pago, México en el periodo que corresponda debe permitir que EUA aproveche el agua, con el agua de dichos ríos, no con el agua de las presas.

Estados Unidos en ocasiones anteriores ha aceptado que México con retraso realice las acciones para que EUA aproveche el agua, no es la excepción ahora, pero parece que el Gobierno Federal quiere complacer a Trump, en otra acción más de sometimiento.

Lo inminente ahora es reconocer que el haber apostado siempre a la hidráulica y no a la visión integral de la gestión del recurso agua, está asomando sus carencias, los vecinos del norte también padecen sequía, pero sus modelos de aprovechamiento son mejores y no están politizados, la actuación de los usuarios acompañados por el Gobierno Federal y proyectos de financiamiento ha sido mejor. Pero de este lado de la frontera se desnuda la ineficiencia, miopía, egoísmo, feudos y cotos de poder.

Esta es una advertencia para ver los escenarios con otra lente, el tratado es de 1944, es decir, 76 años con otras circunstancias, visiones y necesidades. El avizoramiento de nuevos problemas y retos es otro, por ejemplo no existía el concepto del cambio climático, el agobio por la explosión demográfica, la contaminación, el desarrollo industrial, estrés hídrico, etc., por lo tanto se demanda de nuevas herramientas y mecanismos, un marco legal integral e integrador; existen iniciativas de ley de buena intención pero sólo provocarían la “balcanización” en la gestión del agua por una concepción equivocada, esto una alerta, o se actúa o será muy tarde en una país que cada día se fragmenta. La estulticia federal no debe ser el modelo a seguir, Aguascalientes con su manejo distorsionado de la transición en el rubro de los servicios de agua y la ausencia de política hídrica, son un caldo de cultivo. Recuerden lectores, la importancia de implementar acciones que permitan que en México y Aguascalientes, el agua nos alcance.

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