Miedo, impotencia, frustración y enojo, son emociones con las que diariamente convive la mayoría de los que conforman el ejército sanitario a cargo de atender la pandemia de Coronavirus en la entidad, aunque también el alivio y el respiro cuando una prueba, resulta negativa.

La doctora Paloma Estrada Leyva, integrante de uno de los equipos que toman las muestras a domicilio para descartar el COVID-19, refiere que las miradas de las personas van cambiando conforme avanza el procedimiento, pues al llegar el grupo a tomar la muestra, impera el miedo del paciente, pero también la ansiedad de los médicos, por saber si acaso el coronavirus se ha alojado en quien pide auxilio; el riesgo en ambas partes es latente el temor se acumula cuando el resultado es positivo.

Por su parte, el doctor Nahum Geovanni Cedillo Pérez expresa que como padres de familia enfrentan el temor de que tras una jornada de trabajo en lo que es su pasión -brindar atención médica a quien lo necesita-, deben llegar con su familia, con incertidumbre pues “no queremos llevar a casa el virus”.

Desde la detección del primer caso de COVID-19 en Aguascalientes, en el área de Epidemiología del ISSEA, el trabajo se incrementó drásticamente, pues quienes están al frente de la contingencia sanitaria y particularmente tomando las muestras a domicilio, saben que tienen un horario para comenzar su jornada, pero no hay definida una hora de salida, y es que si bien existe un rol de guardias para la toma de muestras para casos probables, éstas incluyen fines de semana.

En lo emocional, ambos médicos brigadistas expresaron que como seres humanos, les acompaña una serie de emociones durante el día; el estrés es constante, pues tienen que luchar contra algo que no es del todo conocido y porque saben que en algún momento tendrán que regresar con su familia pero “no queremos contagiarlos y por eso extremar las medidas de cuidados y protocolos de seguridad sanitaria al llegar a casa”.

A la doctora Paloma Estrada le afecta llegar a su hogar y antes de dar un abrazo y beso a sus hijos, cumplir con ese protocolo de protección, como es cambiarse de ropa, limpiar los zapatos, bañarse y entonces sí, una vez con la certeza de que se ha sanitizado, tener cercanía con los suyos, pero no es la misma que antes del COVID-19.

Recordó que cuando se presentó el primer caso positivo, el equipo de protección que se tenía en el área de Epidemiología del ISSEA no era el suficiente, de ahí que se abastecieron con lo poco que había y con el apoyo de sus compañeros dentistas improvisaron las primeras caretas “las hicimos con acetatos que pegamos con silicón y algunas esponjitas, la idea era protegernos”, ahora, poco a poco se les ha dotado de equipo o bien, trabajan con el que ellos cuentan de manera personal.