No es fácil hablar sobre el panorama que se avecina para el sector educativo el siguiente sexenio. La evaluación educativa se encuentra en el sótano de las prioridades de la SEP, de ahí que a lo largo del sexenio no hubo una sola evaluación diagnóstica sobre la situación en la que se encuentra el sistema educativo nacional (SEN) y con la reincorporación al sistema presencial después de la “escuela en casa”, tampoco se hicieron esfuerzos efectivos para detectar las áreas donde aumentó el abandono escolar y rezago educativo. La institución descentralizada encargada de efectuar dicas evaluaciones es la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu), la cual brilló por su ausencia durante toda la gestión de López Obrador y la única evaluación medianamente bien realizada fue publicada el año pasado sobre el rendimiento escolar en nivel básico, donde prácticamente la mayoría de las y los alumnos sacaron menos de 60% de aciertos en lectura de comprensión y matemáticas; con este escenario antecediendo la siguiente administración de Claudia Sheinbaum ¿qué podemos esperar del siguiente sexenio en el sector educativo?

Tomando en cuenta las propuestas de campaña de la virtual presidenta de la república, en materia educativa la única novedad será la ampliación de becas para estudiantes en el nivel básico (primaria y secundaria) y dejar todo tal y como está. En ese sentido, podemos advertir que el proyecto de la Nueva Escuela Mexicana, el aumento de carga administrativa a docentes, la basificación masiva de docentes sin evaluaciones transparentes, la opacidad en el programa “La escuela es nuestra”, etc; incluyendo todos sus vicios seguirán permeando en el sector educativo, sin cambiar una sola coma. Aunado a lo anterior, el presidente López Obrador presentó una iniciativa para centralizar las funciones de evaluación de Mejoredu en la SEP, que en pocas palabras reduciría aún más la calidad de las escasas evaluaciones.

Emilio del Río Castro sintetizó en su artículo “¿Y la Mejoredu? El federalismo educativo y la evaluación?” publicado en el portal Nexos, la evolución histórica e institucional de la evaluación educativa desde la descentralización educativa en 1992; asimismo, de dicho texto es importante resaltar que: “Del SNMCE y la Mejoredu no se puede tener tanta certidumbre sobre cómo han perfilado el federalismo educativo. Esto es así porque, de la investigación realizada, no se encontró literatura que evaluara este tema en particular: lo más cercano fue una auditoría de desempeño que realizó la Auditoría Superior de la Federación en 2020.” Es importante tomar en cuenta lo anterior, porque detrás de las becas para el bienestar, la ampliación de la oferta educativa con las universidades para el bienestar BJG, y todos los apoyos o transacciones no condicionadas; no hay un solo parámetro para medir su efectividad en función de mejorar el rendimiento educativo de las y los educandos, o bien, de reducir la brecha educativa o mejorar las condiciones de aprendizaje de las y los estudiantes.

Esto no es un tema que deba tomarse a la ligera, porque pareciera que la única labor que tendrá la SEP durante los próximos 6 años será gestionar becas y pagarle a las y los docentes, dejando de lado la posibilidad (porque no existen) de implementar políticas públicas serias para combatir el rezago, abandono escolar y brecha educativa en todo el país. Y si lo anterior no fuese lo suficientemente preocupante, los nuevos planes de estudio complicaron aún más la posibilidad de contar con evaluaciones confiables para medir el desempeño de las y los alumnos, dejando al SEN en un estado total de opacidad.

¿Esto podría cambiar a lo largo del sexenio? Al haberse restablecido el corporativismo sindical mediante la entrega de los procesos para basificar docentes (donde por cierto, Morena acaba de premiar por su sumisión al secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) Alfonso Cepeda Salas con una senaduría plurinominal), así como también la ampliación de las transacciones no condicionadas; la mayoría de la población no prestará atención a este problema que se esconde detrás del telón. La única forma de que esto cambie es iniciando una campaña de información sobre el impacto que tendrá este desastre e improvisación en materia educativa en el futuro de las y los alumnos (sobre todo, de las niñas, niños y adolescentes). La deficiencia en la calidad educativa afectará sus oportunidades para conseguir empleos mejor remunerados, continuar con su trayectoría educativa y terminaría, en pocas palabras, obstruyendo su formación y crecimiento integral.

Vivimos tiempos de “regresión” en muchos ámbitos de la vida pública y el sector educativo es uno de ellos. Las necesidades de esta generación y las que siguen demandan programas educativos encaminados a un progreso social y económico a partir de la competencia, la formación continua, la ampliación de los diferentes sectores productivos y la innovación. Si el manejo de al educación sigue esta directriz de subvencionar económicamente las necesidades de las y los estudiantes sin tomar en cuenta el impacto de los programas, así como tampoco se mide la efectivad de la NEM, estaremos condenando a las y los alumnos a una formación deficiente y que deban obtener los conocimientos fuera del sistema educativo que por derecho debería brindarles. En ese sentido, mientras el neo corporativismo sindical y las transacciones no condicionadas sigan, todo indica que seguiremos con la misma gestión opaca y deficiente en perjuicio de millones de niñas, niños y adolescentes estudiantes.