Ricardo Vargas

Esta semana se dio a conocer la estimación oportuna de INEGI sobre el crecimiento económico nacional durante el segundo trimestre de este año. Si bien es cierto que no es la cifra oficial ni definitiva, pues se revisará, sí nos da una muy buena idea de lo que realmente vivimos durante los meses de abril, mayo y junio. Al comparar el desempeño de la economía, contra el mismo período del año anterior, se observa una caída estimada del (-)18.9%. Es decir, la economía se contrajo una quinta parte en el año transcurrido entre abril-junio de 2020 y abril-junio de 2019.

Esta contracción representa la mayor caída de la economía mexicana desde la crisis de 1930, y supera en magnitud ampliamente a las caídas que vivimos en las fuertes crisis económicas de 1995 y 2009 cuando nos contrajimos en un (-)8.6% y un (-)7.7% a tasas anualizadas en el segundo trimestre. Evidentemente esta fuertísima contracción es consecuencia de una economía totalmente cerrada y paralizada a causa de la contingencia sanitaria que vivimos, y del miedo subsecuente que sigue manifestando un sector importante de la población, rehusándose a retomar las actividades normales que venía haciendo históricamente.

En relación a esto, se han visto varias opiniones cruzadas. Por un lado se ha dicho que la economía no se contrajo tanto como “algunos” estimaban y que por ende no estamos en una situación tan crítica. Y por otro lado está la opinión que destaca la gravedad de la crisis, y critica una fuerte omisión del Gobierno Federal frente a la ausencia de un plan serio de rescate económico.

Si bien pudierámos estar viendo un punto intermedio entre ambas ideas, lo importante es entender que a menos de que enfrentemos una nueva contingencia, lo peor ya ha pasado. La actividad económica ha comenzado a recuperarse quizá desde la segunda quincena del mes de junio, obedeciendo al término de la “cuarentena” mandatoria. Con esto sobre la mesa, y aunque veamos una recuperación lenta de nuestra economía será prácticamente imposible que veamos la misma contracción a tasas anualizadas en los dos próximos trimestres si no entramos nuevamente en una contingencia.

Así pues, el tema de interés ahora es diseñar un plan de rescate económico a nivel nacional, frente a la peor crisis en la historia reciente nacional e internacional. Y como en cualquier crisis económica, en México quienes han sufrido más los estragos de una paralización en la actividad económica, son quienes perciben los menores ingresos. De acuerdo con información de empleos formales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en los últimos 4 meses de este año se perdieron cerca de 1 millón 113 mil empleos, de los cuales 933 mil fueron de personas que ganaban entre 1 y 2 salarios mínimos mensuales. Es importante decir que en nuestro país frecuentemente los empleados son registrados en el Seguro Social con un salario menor al real, con la intención de sufrir menores cobros de impuestos y posiblemente mucha proporción de estos 900 mil empleados no percibían en la realidad 1 salario mínimo. Sin embargo, el hecho de cotizar con uno o dos salarios mínimos impacta negativamente en su acceso a créditos Infonavit y en sus aportaciones automáticas a su fondo para el retiro (Afore).

Por el lado de la economía informal, que no está registrada dentro de las cifras del IMSS, cerca de 11 millones de personas dejaron de ser parte de la población ocupada y pasaron a ser desocupados o subocupados, que refleja igualmente una menor percepción de ingresos y el no acceso a un sistema de seguridad social.

El reto importante viene a continuación; reactivar una economía que atraviesa su peor crisis económica en la historia reciente, dentro de la cual se ha observado un mayor daño en los sectores de la población que reciben menores niveles de ingresos. Para esto, es necesario un plan de rescate económico que busque la reactivación del consumo y la inversión. Para esto, el Gobierno Federal necesita generar confianza empresarial, mediante un mayor nivel de gasto público productivo y efectivo, que genere empleos y atraiga inversión privada.

Esperemos ver un giro en la estrategia que ha seguido nuestro Gobierno Federal durante los últimos trimestres, pues dada la falta de confianza a invertir y consumir que vemos en México, la solución no parece ser el seguir manteniendo un plan de austeridad enfocado a inflar continuamente el gasto social.

 

Soy economista del Tec de Monterrey, Campus Monterrey y tengo un par de años escribiendo artículos de opinión. Escríbame. rvargas@publimagen.mx    @1ricardovargas