José Luis Gómez Serrano

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1-The Hour.

Los ingleses saben hacer buenas series de TV: con un presupuesto considerablemente menor y con pocos efectos visuales y trucos auditivos, crean historias convincentes, con personajes bien diseñados y soberbiamente actuados; recientemente vi una de ellas: The Hour, que es la historia de un noticiero en la BBC de Londres durante el año 1956; tiene como telón de fondo la crisis del Canal de Suez, cuando Nasser nacionalizó el canal para Egipto y los británicos, franceses e israelíes organizaron una guerra inoportuna que los Estados Unidos, mediante presiones, dio por terminada. En la BBC se da la batalla por dar a conocer al público lo que sucede en Egipto, las presiones del gobierno para limitar los alcances de las noticias, y naturalmente el conflicto y la lucha de personalidades y nulidades que se mezclan en el mundo de las noticias.

La serie empieza con el problema permanente de todo canal de televisión: capturar audiencia, crearse un público fiel al programa, combinando horario, personajes y contenido. En este caso es un programa de noticias, y la responsabilidad de producirlo cae en Bel Rowley, una mujer en sus treintas, con inteligencia, talento organizativo y fuerza para tomar las decisiones que convengan al show. Alrededor de ella se reúnen dos personalidades contrastantes: el boyante yerno-de-poderoso Hector Madden, que será la cara del programa, y el inquisitivo, inquieto, frágil Freddie Lyon, nada más con su talento y sin suegro ni padre que lo incrusten en el lugar apetecido. Bel sucumbe a los encantos masculinos de Hector, y también sucumbe al talento de Freddie, formando un triángulo imperfecto y como todos los triángulos, conflictivo.

Dos asesinatos relacionados con personajes de la trama mueven a Freddie a seguirles la pista, que apunta a conexiones con el gobierno en una época de sospechosismo, puesto que la Guerra Fría estaba en su apogeo; se trata de un profesor universitario, hallado muerto en la calle, y una amiga de Freddie, quien aparece muerta en su hotel; el suicidio es aparente, pero para Freddie, que la conocía, también es inconvincente. Persigue la pista en sus ratos libros y en horas de trabajo, mientras estalla la crisis de Suez el 26 de Julio porque Nasser ha nacionalizado el Canal de Suez, que estaba en manos británicas desde hacía casi un siglo.

Un personaje que representa al gobierno frente a la BBC, MacCain, se vuelve huésped frecuente de los episodios. Representa los mejores intereses del gobierno, es decir, moderar la voz de los comentaristas y editores para que las noticias no causen agitación en la población y si se puede, para endulzar las acciones que ha emprendido el gobierno del Primer Ministro Anthony Eden. La primera encomienda se centra en satanizar a Nasser porque ha roto un convenio, porque ha atacado instalaciones británicas, porque es una amenaza para la paz mundial; cualquier versión excepto el análisis de los hechos y sus antecedentes, el punto de vista de los participantes en la Crisis, el formar una opinión objetiva.

La situación se complica cuando Israel ataca a Egipto en octubre, y poco después se juntan en la guerra Francia e Inglaterra para recuperar el Canal; el complot entre franceses, ingleses y judíos es demasiado burdo y obvio como para poderlo endulzar frente a la opinión pública disfrazado de defensa de soberanía y la productora Bel tiene que soportar las insistencias y amenazas veladas de MacCain para publicar solamente aquello que autorice el gobierno, y en la forma que sea mejor a sus intereses. Parece que en esos años todavía era posible encontrar noticieros importantes, en ciudades importantes, que hacían de su trabajo una misión y no nada más un oficio. Lord Elms, el padre de la joven suicidada, acepta declarar frente a las cámaras su opinión informada de las maquinaciones adentro del gobierno en contra de Nasser y para preparar el terreno para la guerra que está sucediendo. El programa es cortado bruscamente por el director, Bel es despedida del trabajo y Freddie cree que tiene una historia para escribir.

Como obra cinematográfica, es altamente recomendable. Los personajes son creíbles todos, con sus cualidades y sus defectos, su figura impecable o lastimosa, su posición a favor de la difusión de la noticia o su encubrimiento. Es irritante que en prácticamente todas las escenas aparece alguien bebiendo y fumando, pero seguramente es parte de interés por dar una adecuada ambientación a la serie.

2-El Medio Oriente en 1956.

El hecho de mayor importancia que había sucedido en esa región durante el siglo XX fue la creación del Estado de Israel. Desde hacía un siglo, muchos judíos habían emigrado a Palestina para establecerse ahí, y al final de la Segunda Guerra Mundial el número había crecido lo suficiente como para pensar que podían crear ahí su propio país; lo consiguieron con la ayuda militar y política de Inglaterra y con el apoyo financiero de judíos en todo el mundo. El problema es que Palestina no había sido territorio judío desde el año 70, cuando el emperador romano Tito los expulsó de ahí y se inició la Diáspora; los pueblos árabes que ahí vivían consideraban (y todavía consideran) a la antigua Palestina como su propia tierra y a los judíos, invasores y usurpadores. Con la ayuda de las potencias occidentales, el apoyo financiero de los judíos en todo el mundo y el empuje de los judíos asentados ahí, Israel se convirtió en un país fuerte, superior económica y militarmente a cualquiera de sus vecinos, y el conflicto entre árabes y judíos no tiene trazas de solución en los próximos cien años; ambas partes alegan derechos milenarios sobre la misma tierra, y la coexistencia en términos de igual a igual es improbable, puesto que implicaría una de dos: o bien Israel renuncia a su poder militar, o que los árabes elevan su poder militar a los niveles israelíes. La situación de base en 1956 era en este sentido semejante a la actual.

Los países árabes, un denominativo algo impreciso que agrupa a las actuales naciones con herencia de la civilización árabe, que incluye tanto su cultura como su religión, están localizados principalmente en el norte de África y en el sudoeste asiático, lo que se llama Medio Oriente.

Desde la perspectiva narrada aquí, los que están en Asia se divide en dos: petroleros y no petroleros; los primeros han sentido la influencia de Occidente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial (SGM) de una u otra manera. En casos benignos, como Arabia Saudita, se llega a un acuerdo saludable entre EEUU y la dinastía reinante, el país se convierte en productor no problemático de petróleo, y el dinero fluye. En otros casos, donde antiguos socios de algún presidente norteamericano terminan distanciados de Occidente, como Irak, el país es invadido para eliminar al infractor de la paz mundial e instalar un gobierno más cooperador. Los países no petroleros son dejados a la suerte del juego político entre los líderes mundiales, como Afganistán, Líbano y Siria, quienes han percibido el influjo extranjero en la forma de guerras civiles o intervenciones armadas.

La agrupación de los países africanos es Egipto por un lado y el Magreb por el otro. Este último agrupa al actual territorio de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia, que hacia 1950 habían quedado como colonias o protectorados de España, Francia e Italia, luchando por obtener su independencia; en los siglos de dominación árabe en España, los habitantes del Magreb eran los “moros”. Egipto contaba con un rey propio, impuesto por los ingleses junto con condiciones que volvían al país, en la práctica, en una especie de protectorado. Egipto tenía importancia estratégica por una condición geográfica, el Canal de Suez, y también porque en esos años emergió el líder árabe más importante que tuvo la región en todo el siglo XX, Gamal Abdel Nasser.

Israel se convirtió en punto y aparte dentro del mundo árabe, a partir de su creación en 1948.

En el resto del mundo, los jugadores más importantes eran Estados Unidos y sus aliados Inglaterra y Alemania, versus el bloque comunista, la URSS y China. Ni uno ni otro eran bloques hegemónicos: China rivalizaba con la URSS en el campo socialista, y Francia e Inglaterra todavía soñaban que eran potencias mundiales y coloniales, y se atrevían a desafiar al líder; estos sueños terminaron precisamente con la Crisis de Suez. El bloque comunista y las potencias occidentales se encontraban en medio de la Guerra Fría, buscando influencia y aliados en el resto del mundo.

Pero las relaciones entre estos países es la parte más interesante de nuestra historia. Internamente al mundo árabe, Egipto se convirtió en el único líder, gracias al carisma de Nasser; para el Magreb fue un ejemplo a seguir y un aliado en su lucha por la independencia, pero para los demás países árabes era una especie de hermano incómodo, porque impulsaba un nacionalismo que defendiera el territorio no nada más de la dominación política, sino económica, y aquellos países árabes que ya habían llegado a un acuerdo conveniente con Occidente lo miraban como alguien que les quería perturbar ese equilibrio. Para los palestinos era una esperanza de recuperar Israel, pero Jordania, Siria, Irak e Irán tenían cada quien sus propios problemas y no necesitaban la complicación de un líder árabe demasiado combativo.

Francia buscaba la manera de controlar sus antiguos territorios, Túnez y Argel, e Inglaterra tenía fuertes intereses en el Canal de Suez, con presencia militar en las instalaciones y en algunos lugares del país. No era una ocupación en toda forma, pero suficiente para molestar a los egipcios y hacerlos sentir humillados. Ambas potencias enfrentaban la desmembración de sus antiguos imperios: Francia perdió Indochina en 1954, y la India consiguió su libertad en 1948; ambas, sin quererlo reconocer, a partir de la SGM jugaban el papel de potencias de segundo orden.

Los Estados Unidos estaban activos tratando de controlar a los países árabes para que no fueran a atacar a Israel, asentando su red de operaciones económicas con los productores de petróleo, y cuando eso no se podía, instalando gobiernos afines (como el Shah de Irán) o eventualmente con intervención directa.

En medio de la Guerra Fría, la URSS y EEUU buscaban la forma de avanzar en el mundo; este último tratando de impulsar la “democracia y la libertad” y la primera tratando de llevar al comunismo al país que se pudiera; ambas competían por influencia en el mundo.

Para Egipto, su enemigo declarado era Israel; EEUU, Inglaterra y Francia eran simplemente hostiles. Los países árabes eran potenciales aliados, la URSS era una carta que podían jugar para conseguir dinero o armas.

3-Egipto y el Magreb.

En 1950 el mundo árabe estaba dividido y resentido contra los occidentales, principalmente contra Francia e Inglaterra, quienes habían ayudado a los judíos a establecerse en Israel, expulsando a los palestinos de lo que fue su tierra durante siglos. Parte del imperio inglés eran los modernos países de Egipto, Jordania e Irak; Francia conservaba a Argelia como parte de su territorio, y tenía influencia en Sira y Líbano. En un distante tercer lugar de influencia, estaban Italia con Libia y España con el Sahara Español.

Inglaterra había concedido la independencia a Egipto en 1932, sujeto a varias condiciones:

  1. El país sería gobernado por una monarquía, y no se cambiaría esta forma.
  2. El rey sería Faruq, y la casa reinante no podía ser sustituida.
  3. GB (Gran Bretaña = Inglaterra) mantendría instalaciones militares en Egipto.
  4. La operación del Canal de Suez se dejaría en manos inglesas.
  5. La Compañía del Canal de Suez cobraría el peaje y distribuiría el dinero; a Egipto le tocaría una porción mínima.
  6. Egipto puede tener su Parlamento, pero sus decisiones tendrán que ser aprobadas por los británicos estacionados en El Cairo.

En otras palabras, Egipto pasaba de ser colonia británica a ser un protectorado inglés. La condición no alcanzó a perjudicar al rey Faruq, quien se dio vida de rey, rodeado de un séquito de origen turco que lo cuidaba.

Así como Faruq, los gobernantes árabes estaban desacreditados porque no se oponían suficientemente a los occidentales, lo que fue una fuerza para crear grupos de oposición, radicales como los comunistas o los Hermanos Musulmanes en Egipto, un grupo que fue creado por Hassan al-Banna, un maestro en El Cairo que tenía una sólida formación y devoción a los valores islámicos. Empezó a trabajar hacia 1925 con los jóvenes buscando la manera de rescatarlos para las creencias y tradiciones de su pueblo; era una reacción contra los signos evidentes de dominación inglesa y contra las malas condiciones en que vivían los egipcios. El tratamiento era informal, no tenía aspiraciones políticas ni radicales; pero su grupo creció mucho, los egipcios mostraron respuesta a las enseñanzas de al-Banna y a las comparaciones que hacía entre la riqueza de los occidentales, el dinero que fluía a través del Canal de Suez, y las condiciones en que se encontraba el país. Los egipcios trataban de acomodarse a las circunstancias y de imitar las maneras occidentales, pero al-Banna supo apelar a su orgullo y convencerlos de que en sus propias creencias y tradiciones había valores que para ellos eran más dignos de seguir que la imitación de los occidentales. Se abrieron “sucursales” del club original en otras partes de la ciudad y del país, y al cabo de pocos años formaban un grupo grande que pretendía, entre otras cosas, recrear la Umma, aquella comunidad original de los pueblos árabes unidos principalmente mediante el Islam. Consideraban a las fronteras actuales entre los países árabes como invento de los occidentales para repartirse más cómodamente el pastel y las repudiaban. Desde su perspectiva de egipcios, declararon que la élite del país, occidentalizada y corrupta, era el enemigo número uno.

Hacia 1940, la mayor esperanza de Egipto era librarse del dominio británico; cuando lo hubieron conseguido, anhelaron otras cosas, y esto los separó de otros países en donde todavía tenían encima el yugo europeo. El sueño de resucitar la Umma que tenían los Hermanos Musulmanes era el de regresar a aquella comunidad de fieles creyentes que rodeó a Mahoma, que vivía según sus enseñanzas y estuvieron dispuestos a dar la vida por lo que creían. Más adelante, cuando las conquistas crecieron y el terreno dominado por los árabes fue mayor, entraron los poderes seculares y pusieron más atención en las cosas de esta vida que en el Paraíso de Mahoma; fue algo semejante a lo que pasó con la Iglesia, que fue una comunidad de fieles creyentes durante sus primeros 300 años, hasta que Constantino la convirtió en religión oficial del estado y a partir de ahí, la historia del cristianismo se parece mucho a las luchas por la supervivencia y el poder que enfrentaron otros estados. Parece que este ideal de fieles creyentes, igual que la verdadera democracia, es posible solamente en pequeñas comunidades, porque a medida que crece el número de miembros aumenta también el número de opiniones e intereses divergentes y de posibilidades de conflicto, que terminan por desembocar en luchas internas. Así se dividió el Islam en varias ramas, como también el Cristianismo.

Pero es lícito aspirar a ideales muy lejanos, y los Hermanos Musulmanes querían una gran nación árabe, no esta división de países impuesta por los occidentales, algo también semejante al sueño bolivariano de una América Latina unida y persiguiendo sus propios intereses; ni unos ni otro tuvieron éxito. En el caso árabe, tenían en su contra las diferentes condiciones en que estaban los países árabes, por ejemplo Egipto comparado con el Magreb. Egipto tenía la bendición del Nilo y la oportunidad del Canal de Suez, ventajas que no tenían equivalente en cuanto a potencial en Libia, Túnez, Argelia o Marruecos. Libia tiene petróleo, y quizá, en vista de los intereses petroleros mundiales que intentan apoderarse o controlar todos los yacimientos, es más una maldición que una bendición.

Egipto era también un país relativamente adelantado, al compararlo con sus vecinos. Las quejas se centraban en tres aspectos en 1950: corrupción del rey y su camarilla, presencia militar británica, y funcionarios del gobierno al servicio de Inglaterra. Había muchas protestas contra todo lo imaginable, en particular por la situación imperante en la zona que había hecho posible el desastre palestino (desde la óptica árabe), es decir, que hubieran perdido su tierra y en su lugar surgido Israel.

3-El fin de la monarquía en Egipto.

En 1950 hubo elecciones para el parlamento que las ganó el partido Wafd; instalados en el poder, se propusieron como principal objetivo obtener una real independencia de Gran Bretaña, es decir sacar las tropas británicas del país. Entraron en negociaciones y después de 19 meses no habían logrado acuerdos; el Wafd decidió unilateralmente abolir el tratado Anglo-Egipcio de 1936, que había sido el acuerdo formal que legalizaba la ocupación británica, su influencia y la presencia de tropas en el Canal de Suez. Inmediatamente Inglaterra protestó, puesto que con este paso sus tropas en Suez se convertirían en ejército de ocupación y podrían ser desalojados por la fuerza.

Surgieron grupos armados egipcios (llamados fedayines) que atacaron las instalaciones inglesas, y como respuesta GB envió más tropas al Canal, quitaron a la policía egipcia de ahí porque sospechaban que ayudaba a los fedayines, y el viernes 25 de enero de 1952 los británicos asaltaron el cuartel general de Ismaila, un lugar en el lado Oeste del Canal. Al día siguiente hubo indignación y huelga general para protestar contra los ingleses, que mucha gente utilizó como pretexto para incendiar, robar y matar. Se le llama Sábado Sangriento a esta fecha, 26 de enero de 1952. Hubo una serie de acciones violentas contra todo aquello que pudiera representarse como enemigo a los ojos del populacho: quemaron negocios de los ricos, el club británico, un colegio judío, hoteles y bancos. La magnitud del desastre y su focalización hicieron pensar que no fue espontáneo, y al día siguiente el rey Faruq disolvió el parlamento, pero nombró en su lugar a personas que no pudieron controlar la situación; el rey estaba más acostumbrado a gozar del poder bajo la protección inglesa que a ejercerlo para controlar problemas sin ayuda de los británicos; la confianza en el rey y su gobierno terminaron por los suelos.

Como en toda época de agitación, eran muchos los que hablaban y pocos los que hacían algo. Los oficiales del ejército eran especialmente sensibles a los problemas nacionales, era un grupo que había tenido cierta formación y que les tocaba presenciar en primera fila los problemas que vivía el país. Entre ellos surgió Gamal Abdel Nasser (1918-1970), un líder carismático que representaba y estaba dispuesto a encabezar el resentimiento de los de su clase contra el gobierno monárquico impuesto por los ingleses, su pobre papel frente a la guerra en Palestina, que los había dejado junto a un vecino agresivo y militarmente superior, Israel.

Nasser pudo atraer a varios personajes de renombre, organizando su grupo como células independientes para que pudieran sobrevivir como organización si alguna célula era descubierta. Antes del Sábado Trágico atacaban simplemente el imperialismo británico y el gobierno títere, pero a partir de entonces decidieron derrocar a Faruq, a quien se le habían juntado a las acusaciones ya viejas de malgastar el dinero del pueblo en mujeres y vino, el nuevo estigma de no saber cuidar a su pueblo.

En diciembre de 1951 hubo elecciones de una asociación privada: el Club de Oficiales Egipcios; Faruq le había puesto el ojo encima porque lo consideraba un barómetro de la lealtad del ejército a su gobierno, y le interesaba que saliera electo algún oficial favorable. Los Oficiales Libres convencieron a un oficial importante, el general Mohamed Nagib, de postularse contra el candidato del rey; Nagib ganó por amplio margen, el rey maniobró al principio tratando de voltear la elección, luego presionó al vencedor para que dimitiera y en julio de 1952 disolvió la junta directiva. Estas acciones pusieron a los Oficiales Libres en una disyuntiva: apresurar el golpe de estado que habían planeado para fin de año, o terminar encarcelados; acordaron que el 23 de julio actuarían.

A las 02:00 de la mañana del día acordado los golpistas tomaron el cuartel general, Anuar el-Sadat fue a la Radio Nacional y anunció que se había dado un golpe militar lidereado por Nagib para derrocar al rey Faruq. La gente reaccionó con gusto, el rey había llegado al límite de sus capacidades y cedió, abdicando en favor de su hijo de meses de edad. Su suerte no estaba decidida: si lo mataban podrían convertirlo en mártir, si lo juzgaban podrían empantanarse en un juicio largo, si el juicio era sumario podrían crear mala imagen y repercusiones internacionales; decidieron desterrarlo. Más allá de eso, los golpistas, y en general los egipcios, tenían poca experiencia en gobernarse a sí mismos –varios siglos-, y libres del rey, no tenían idea de lo que había que hacer, qué tipo de reformas promover. Sin embargo, tenían una percepción muy clara de los enemigos y abolieron todos los títulos turcos que había otorgado el rey, miembro de una dinastía otomana; establecieron un límite de 800,000 m2 = 80 has que podían estar en manos de un individuo; confiscaron las propiedades del rey, expropiaron los latifundios de los muy ricos y les pagaron con bonos a 30 años. En total expropiaron unos 1,500 km2 que fueron repartidas en pequeños propietarios. Esta superficie no es muy extensa, pero hay que tomar en cuenta que en Egipto la tierra arable es muy poca, está limitada a unos kilómetros a ambos lados del Nilo, que lo recorre de Sur a Norte, el resto es desierto; por eso la medida fue significativa y además populista, para asegurarse el apoyo de la gente. Hubo 146,000 familias favorecidas, que pueden representar aproximadamente 750,000 personas en una población de 21.5 millones; en promedio era 1 hectárea por familia, realmente poco, pero redituable políticamente.

En septiembre de 1952 Nagib forma un gobierno con civiles, pero paralelamente Nasser creó un comité de militares para “supervisar la Revolución”, el Consejo del Comando Revolucionario (CCR). Al principio colaboraron con el gobierno pero poco a poco se fue creando una rivalidad entre Nagib y Nasser. Los militares abolieron en enero de 1953 todos los partidos y organizaciones políticas, como el Wafd y los Hermanos Musulmanes, creando un partido único patrocinado por el gobierno: la Unión Liberadora. En julio de 1953 declaran abolida la monarquía, proclaman la república y a Nagib como su primer presidente; el país era gobernado por su propia gente por primera vez en milenios.

4-Nasser.

Aunque el ambiente político cambió y hubo una euforia inicial por los cambios, uno de los problemas de fondo en cualquier país es la economía, tenía un 35% del PIB en agricultura, 13% en industria y 52% en servicios. El país había dependido durante milenios de las inundaciones anuales del Nilo, que irrigaban su ribera y depositaban una capa de limo que las hacía fértiles durante unos meses; al final, como todos los ríos, el agua iba a dar al mar en grandes cantidades. Pensaron en la idea de controlar el río construyendo una presa lo más alejado posible, puesto que el flujo se originaba muy al sur, en otro país; el lugar elegido fue un pueblo llamado Asuán, cerca de la frontera con Sudán. Se estimaron beneficios enormes con esta obra: electricidad para la industria y las casas, ampliación de la superficie cultivada en más del 50%, pasando de 24,000 km2 a 34,000 con un flujo controlado y no sujeto a las milenarias inundaciones. En Egipto, un país de naturaleza desértico, una obra así es de enorme importancia.

Pero el problema era el dinero, centenares de millones de dólares que no tenía el país; esto llevó a la cruda realidad de prácticamente todas las grandes empresas, negociar un préstamo con los extranjeros, que significa forzosamente hacer concesiones. Los bancos occidentales están dispuestos a hacer negocios donde sea, pero no pueden hacerlo sin consultar sus gobiernos; Egipto quería liberar a su país de los ingleses y recuperar el Canal de Suez, lo que entraba en conflicto con el objetivo de conseguir dinero de Francia, Inglaterra o EEUU que eran aliados.

Estados Unidos dijo que aprobaba el proyecto de la presa Asuán, pero lo condicionó a firmar un pacto de ayuda regional contra la URSS; se trataba de una alianza formal con EEUU e Inglaterra. Nasser dijo que no porque temía más al enemigo cercano (Israel) que al que estaba a 8000 kilómetros de distancia, y además no quería dar pretextos para prolongar la ocupación británica o que eventualmente fuera sustituida por una ocupación norteamericana.

Inglaterra también estaba en conflicto con los tiempos: actuaba con pretensiones imperiales cuando su antigua colonia, los Estados Unidos, la habían rebasado y las otras colonias eran perdidas una por una. India había logrado su independencia pero en el Medio Oriente tenía GB grandes intereses y participación política. Hubo una negociación y se acordó el 19 de octubre de 1954 que en dos años se irían los ingleses de Egipto, dejando una guarnición en el Canal de Suez.

Los problemas entre Nasser y Nagib seguían, y el presidente criticó el acuerdo con Inglaterra, gestionado por los militares. Nasser se volvía una figura cada vez más poderosa y también peligrosa para muchas personas, tanto fuera como dentro del país. Los Hermanos Musulmanes planearon un ataque, y enviaron a un asesino suicida a disparar mientras Nasser daba un discurso el 26 de octubre; por mala puntería o porque así estaba planeado, el atacante erró todos los tiros, Nasser guardó la figura durante los balazos y terminó diciendo que con gusto entregaría su vida por Egipto, porque sabía que “en cada uno de ustedes sería un nuevo Gamal Abdel Nasser”. La multitud se volvió frenética, la popularidad subió por los cielos y los militares aprovecharon la oportunidad para encarcelar a miles de Hermanos Musulmanes, ahorcar al atacante e implicar a Nagib en el complot, quien pasó los siguiente veinte años en arresto domiciliario.

A Nasser también le tocó su ración de ataques retóricos por parte de los israelíes. La frontera entre ambos países era difusa y frágil, y el primero ministro Ben Gurion sondeó a los militares egipcios porque encontraba algunos paralelos entre la situación actual y la que vivió Europa hacia 1870, comparando a Alemania con el mundo árabe, a Prusia con Egipto y a Bismarck con Nasser; en otras palabras, Nasser quería unificar al mundo árabe utilizando como base a Egipto, precisamente lo que hizo Bismarck con Alemania. Pero este paralelo solamente existía en la imaginación de Ben Gurion y probablemente en el deseo de Nasser, puesto que Egipto no tenía ninguna tradición militar ni líder propio durante los últimos mil años, al revés de Prusia, quien tenía el antecedente de Federico el Grande y de incontables guerras libradas en su territorio. Egipto no tenía armas para defenderse de Israel, mucho menos para atacarlo.

En julio de 1954 los servicios secretos israelíes colocaron bombas incendiarias en El Cairo y Alejandría en edificios de EEUU y GB, presumiblemente para deteriorar las relaciones de Egipto con los ingleses; pero agarraron a un espía con las manos en la masa, el llamado Caso Lavon por el ministro de defensa judío Pinchas Lavon. Dos de los implicados fueron ahorcados, uno se suicidó en prisión y otros fueron condenados a penas muy largas. Se hizo un escándalo internacional, renunció Ben Gurion y otro Primer Ministro tuvo que sacar las castañas del fuego. Pero en febrero de 1956 regresó otra vez Ben Gurion, que estaba en manos de Egipto y llena de refugiados palestinos, que a veces cruzaban la frontera y hacían terrorismo en Israel, o robaban, o simplemente iban a recuperar algo que habían dejado en sus viviendas; estos hechos fueron utilizados por Israel como casus belli, y con facilidad derrotó a los egipcios.

La situación de Egipto se deterioró, porque se vio desarmado y sin amigos frente a un vecino poderoso; necesitaba armamento para poderse defender. EEUU lo podría ayudar, condicionado al ingreso al Pacto de Bagdad, para defenderse de la URSS. Nasser no consideraba una amenaza rusa, y por el contrario pensaba que ese pacto era una manera de perpetuar el colonialismo occidental en tierras árabes. Lo condenó públicamente, detuvo el ingreso de algunos estados árabes, y perdió el soporte norteamericano. También estaba Francia como posible proveedor de armas, pero Marruecos, Túnez y Argelia, donde Francia tenía grandes intereses, buscaban su independencia y Nasser simpatizaba con ellos; este camino también se encontró cerrado. Nasser simpatizaba con los nacionalistas árabes y les daba apoyo moral y eventual refugio en Egipto, no podía hacer mucho más; él representaba un ejemplo para esos pueblos, y puesto en el dilema de bloquearlos para acceder a las armas francesas, se decidió por la causa árabe.

Desde 1942 el colonialismo francés sufrió, porque Estados Unidos derrotó a los franceses de Vichy en Marruecos. Roosevelt declaró que el colonialismo “se ha quedado obsoleto y está condenado” y los marroquíes se entusiasmaron y le pidieron apoyo, pero los norteamericanos y británicos negociaron con la Francia Libre del general Charles de Gaulle y decidieron devolver el control de Marruecos a De Gaulle; tuvieron que hacerse independientes sin ayuda de EEUU en 1956.

En 1952 también había agitación nacionalista en Túnez; los franceses asesinaron al líder Farhat Hached y se organizaron protestas, que Francia las sofocó con brutalidad, soldados ametrallando transeúntes en la calle. Los nacionalistas se volvieron clandestinos e imperó el terror durante unos años, hasta que en 1956 también consiguieron su independencia.

Pero la joya de la corona africana para Francia era Argelia, que no era considerada una colonia sino parte integral del territorio francés: había diputados argelinos y estaba dividida en departamentos, lo mismo que Francia; había un millón de franceses en Argelia. El ejército rechazó a los nacionalistas, hubo matanzas por ambos lados y cuando las cosas se ponían feas para los argelinos, Nasser les daba refugio en Egipto. Francia condicionó la venta de armas a que cesara el apoyo a los independistas de Argelia, y la negociación se empantanó.

En esta situación entra en acción la URSS. Tercamente, Nasser no quería elegir entre el bando comunista o el capitalista, y buscó discretamente la ayuda de Zhou Enlai en China para que interviniera ante la URSS y le vendiera armas. La situación rusa no podía exigir “estás conmigo o estás contra mí” como lo hacían los norteamericanos, y en septiembre de 1955 accedieron a vender armas a Egipto a través de Checoslovaquia: 275 tanques T34, 200 aviones Mig, y además bombarderos Ilyshin-28. En mayo de 1956 Egipto y China establecieron relaciones diplomáticas. EEUU puso el grito en el cielo, porque pensaba que Nasser había jugado con ellos y con los soviéticos, para ver a cuál podía extraerle mejores concesiones, y porque veía que el bloque soviético estaba penetrando el Medio Oriente y maniobrando para convertirse en una amenaza para su protegido Israel. GB, Francia e Israel se sintieron directamente amenazadas y sospecharon que la intención de Nasser era crear una Liga Árabe que él dirigiría para atacar a Israel, quien tenía un ejército mayor y mejor que cualquiera de los países árabes y podría derrotar a cualquiera de ellos individualmente, pero no podía correr el riesgo de desgastarse en muchos frentes simultáneamente. Las alternativas que se les presentaban eran matar a Nasser, derrocarlo o entrar en guerra declarada con Egipto. El hilo narrativo en la serie The Hour (lo que me sugirió investigar el asunto de Suez) donde los ingleses participan un complot contra Nasser está ubicado en este contexto histórico.

Los estados árabes asiáticos eran terreno de acción para la diplomacia norteamericana, que quería juntarlos a todos en el Pacto de Bagdad, pero también maniobraban los rusos y los agentes egipcios, quienes tenían lazos de raza, cultura y religión con esos países. El rating de Nasser había subido mucho, era considerado héroe por los pueblos árabes aunque varios de sus gobernantes lo miraban con recelo. En Jordania, finalmente el rey Hussein destituyó a su ministro inglés John Glubb Pacha, y se las arregló para zafarse de la presión norteamericana, declinando unirse al Pacto de Bagdad. La agitación que el presidente Eisenhower veía en el Medio Oriente, que atribuía a Nasser y que dificultaba su política de contención contra la URSS terminó por inclinar la balanza, y anunció que no apoyaría el proyecto de la Presa de Asuán, el asunto más importante al interior de Egipto.

El cálculo de Eisenhower era que Nasser, viendo cerradas las puertas del financiamiento, terminaría por doblar las manos y someterse al Pacto de Bagdad. Pero no sucedió así.