Gerardo Muñoz Rodríguez

Estas fueron las palabras que expresó el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, ante el último aumento de la tasa de referencia que realizó la Reserva Federal. Con esto, posicionó el costo del dinero entre 2 y 2.25 por ciento, su nivel más alto desde la crisis del 2008.

Lo que el mandatario no logra entender, como lo ha demostrado a lo largo de su ordenanza, es que existen variables macroeconómicas que dan pie a que las medidas de política monetaria expansiva realizadas por la FED, como en la mayoría de los bancos centrales, busquen cumplir con su fin primordial: controlar el poder adquisitivo de su nación. Veamos algunos ejemplos.

La tasa de desempleo, cerró septiembre en 3.7%, su nivel más bajo desde 1969. Con esto, logró 96 meses seguidos de incrementos en la contratación de personal. Según información del propio banco central, se estima que la tasa continúe por debajo del cuatro por ciento hasta el 2020. El pleno empleo, no suena tan lejano.

De igual forma, la inflación muestra niveles sumamente manejables. La tasa ronda alrededor del 2 por ciento y se espera que continúe con esta tendencia en lo que resta del año, así como el siguiente.

Estados Unidos, muestra un ciclo alcista de su economía y los niveles de estas variables, denotan que el crecimiento va por buen camino y no es desproporcional. Aquí nace la importancia de un banco central; el cual, se debe caracterizar por su autonomía del Estado.

Sin embargo, a pesar de estas alentadoras noticias, se deben redoblar esfuerzos en algunos aspectos. La mayor área de oportunidad es el estancamiento en el crecimiento de los salarios, el cual no se ha comportado de la misma forma que las demás variables. Para el año pasado, el crecimiento de éstos solo alcanzó 2.8 por ciento, casi el mismo nivel que la inflación.

De esta forma, vemos como las acusaciones del presidente republicano, no tienen bases, como es de costumbre, económicas. Trump, está colgándose que la economía estadounidense tiene estos avances gracias a la implementación de su política fiscal, comercial, entre otras; sin embargo, la realidad es que estos frutos vienen gracias a la administración del presidente Obama y a las medidas estabilizadores aplicadas después de la crisis del 2008. Todo esto en vísperas de las elecciones de su congreso a realizarse antes que concluya el año en curso.

A pesar de esto, la FED debe considerar algunos aspectos para valorar si la normalización de su política monetaria, debe desarrollarse de una manera más moderada.Primeramente, cada día que pasa, aumenta la tensión en la guerra comercial entre China y Estados Unidos.

Este conflicto que comenzó desde inicios del 2018, solo ha llenado de incertidumbre a los mercados financieros y conforme se acerque la fecha límite establecida por nuestro vecino – 1 de enero del 2019 -, la volatilidad aumentará en los mismos.

Esto ha ocasionado, con base al portal Thomson Reuters, que el índice Dow Jones se ha dejado más de 830 puntos, un descenso del 3.15%, y el S&P 500 ha cedido un 3.29%, porcentajes no vistos desde febrero. El golpe más duro se lo ha llevado el Nasdaq, el de las importantes tecnológicas, que ha bajado un 4.08%, una caída registrada por última vez en noviembre de 2016.

En segundo lugar, recientemente el Fondo Monetario Internacional, informó un crecimiento mundial más lento. El instituto liderado por Christine Lagarde, afirma que este decremento – que sitúa el pronóstico de crecimiento en 3.7%, en 2018 y 2019 –está ocasionando un desempeño más bajo en la zona euro, Japón y Reino Unido, así como el impacto que se ha comenzado a tener derivado de las tensiones comerciales y aumento de aranceles.

Sin lugar a dudas, al menos para la siguiente y última reunión de la FED en este año, es casi un hecho que se aumentará la tasa de fondos federales en el mismo porcentaje, que fue realizado en las recientes sesiones. Es sumamente probable que se continúe así en todo el 2019.

Seguramente, estas acciones tomadas por el banco central más poderoso del mundo, serán blancos de futuros ataques de Trump. Los cuales, como ya mencionamos, carecerán de fundamento alguno.

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