Jesús Eduardo Martín Jáuregui

(Un chascarrillo en recuerdo de mi abuelo Eduardo, decían que solía decir: “Al primer trueno de mayo, se quedó mi casa sola, ¡ay!, mi perro y mi caballo, los dos pararon la cola”. )

Todos conocemos las válvulas de escape, desde las antiguas amas de casa que tenían que vérselas con las ollas de presión, que por cierto un tío muy querido que por estos días recordaremos su partida, ante la constante pérdida del empaquito que funciona como válvula de seguridad, lo reforzó de tal manera que el resultado en estos días, hubiera sido una obra de arte. Afortunadamente en el momento de cocción de los frijoles nadie se encontraba en la cocina, pero el estallido fue de pronóstico reservado y el resultado la decoración de paredes y techo con frijol bayo.

Felipe Martínez Rizo, en una plática que se me grabó, insistía en que una de las características de la ciencia frente a la pseudociencia, es que ésta siempre tiene una válvula de escape. Usted se levanta y lee su horóscopo que le vaticina un día feliz, feliz, feliz, (más o menos como escuchar la Mañanera), sin embargo en el transcurso del día una serie de acontecimientos le echan a perder la felicidad. Los hechos son neutros, pero los actos no. Enojado regresa a casa y se comunica con el “defensor del lector” que lo pone en contacto con el astrólogo, quien le asegura que su horóscopo es correcto a menos que usted sea del primer o el tercer decanato. Usted le contesta que es del segundo, el astrólogo agrega, es posible entonces que su ascendiente sea la causa, si usted nació antes del mediodía. No, usted nació a las 7 de la tarde y se lo hace saber, entonces es que fue un año non el de su nacimiento, etc., etc., y así hasta dar con un elemento cualquiera que les deje satisfechos a ambos y que justifique el horóscopo frente a la realidad.

La pandemia ha sido un fenómeno extraño, inusual para la mayoría y nos ha sometido a todos, quien más quien menos, a tensiones, preocupaciones y limitaciones de diversos tipos. Las respuestas en diferentes países, han sido variadas, las estrategias de combate también, la hiperinformación ha cundido como nunca y las notas que van desde el origen extragaláctico del virus hasta el castigo divino de la humanidad, y desde la cura casera con un cocimiento de jengibre y limón, (endulzado con miel porque es muy amargo) hasta el determinismo biológico reductor de la población, pasando por el volado vital, recomendado por un Código de Ética para aliviar los cargos de conciencia de los médicos al tener que aplicar triaje al tratamiento de los pacientes, lo que me recordó aquello de que, en un pelotón de fusilamiento siempre uno de los rifles tenía balas de salva, luego se repartían al azar y para su descargo los ejecutores podrían pensar que les había tocado el fusil con las balas de salva.

Particularmente digno de atención y de reflexión, es la información oficial que, no conforme con el “reality show” mañanero, se adicionó con un “talk show” especializado vespertino para tratar exclusivamente el asunto de la pandemia. Programa que ha sido fuente de confusiones, contradicciones, mentiras, mentiras a medias, amenazas y uso más o menos faccioso de los datos. Pongo un ejemplo clarísimo: la información oficial dejó de señalar el número de camas disponibles y en su caso de equipo de ventilación para expresarlo en términos porcentuales, lo que estrictamente hablando no da idea de la capacidad real. Un hospital de cien camas con un porcentaje del 50% de ocupación, dispone de 50 camas; uno de 20 con el mismo porcentaje dispone de 10. Mostrado porcentualmente en barras compara diferentes instituciones, diferentes instalaciones, y finalmente no indica nada en capacidad real.

Las mascaradas matutina y vespertina son ejercicios para desinformar aparentando lo contrario. El Presidente se contrató para gobernar, pero si dedica la cuarta parte de su jornada laboral constitucional a “informar” entonces ¿qué?. Si los técnicos médicos deben por disposición presidencial ser los voceros, entonces estamos desperdiciando su tiempo y su capacidad en una labor que podría realizar el área de comunicación.

Hay preguntas sin respuestas claras. ¿Por qué si el Presidente siempre sostuvo que la existencia de distintas áreas de compras era fuente de corrupción y el gobierno federal unificó el procedimiento, ahora autorizó lo contrario, pulverizando las entidades de compra y propiciando corrupción?. El sostuvo también que era más práctico, más seguro, más eficiente, más eficaz, más transparente, ¿entonces?. Si desde enero se pudieron comprar ventiladores, cuando todavía no existía la demanda mundial ¿por qué no se hizo?. ¿por qué vendimos material que íbamos a necesitar?.

¿Por qué el Presidente no ha ratificado las medidas y no ha hecho la declaratoria en términos de obligatoriedad de las medidas sanitarias?. El sabe, o debe saber que el Consejo de Salubridad General, es un mamotreto ampliado con vocalías inoperantes de acuerdo con su reglamento interno, que le impide funcionar, pero además sin las atribuciones que se quisieron dar, lo que se puede comprobar fácilmente con la lectura del artículo 73 de la Constitución y los primeros artículos de la ley General de Salud.

La gente normalmente cumple sus obligaciones, la ley se hizo para los que no la cumplen o no la quieren cumplir. Si es en beneficio de la colectividad las medidas sanitarias deben ser coercitivas.

¿Por qué si es una emergencia de carácter sanitario nacional, no se ha apoyado a los gobiernos de los estados con partidas extras indispensables para el combate de una calamidad como ésta.

Por qué su socio y amigo rico (cfr. Epidemio Ibarra) mantiene abiertas sus tiendas Electra. ¿Por qué sabe que no hay fundamento legal para las sanciones con que le amenazan?.

¿Por qué?, ¿Por qué?, ¿Por que?….

Dios me perdone, solía decir mi mamá, cuando aventuraba una idea problemática. Dios me perdone, digo yo, pero el Gobierno tiene la válvula de escape para la pandemia. “Nos salvaremos si y solo si respetamos las medidas”. El pueblo (sabio) será el culpable. El pueblo (sabio) no respetó las indicaciones. Todo estaba previsto, calculado y programado, pero el pueblo (sabio) le dio al traste al trabajo del gobierno y sus dependencias.

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