Un anhelo que le quita el sueño a cualquier político que se respete es crear un grupo de apoyo y que más tarde sea de su propiedad, del que pueda disponer en cualquier momento para llevar a cabo los planes de ir más lejos y a partir de ahí convertirlo en una “familia”, con reglas muy claras, a las que todos deben ceñirse y acatar so pena de quedar marginados.

Ese tipo de cercos son comunes en prácticamente todos los partidos y en cualquier país, por lo que hay dos, tres, cuatro y hasta cinco que disputan los espacios, donde las zancadillas y pleitos son comunes y esto en ocasiones lleva al debilitamiento del organismo, de lo cual ninguno asume su parte de la debacle, con la esperanza de brincar a otro redondel en donde pueda reiniciar su “carrera”.

En estos momentos el Partido Acción Nacional (PAN) está en plena campaña preelectoral sin que la autoridad respectiva se dé por enterada. Podrá aducirse que son sólo “expresiones”, reuniones entre amigos, comentarios sin efecto, o que los interesados se acogen a la libre manifestación de las ideas, sólo que quienes lo hacen  – todos sin excepción – tienen una responsabilidad pública, por lo que se intuye que utilizan los cargos para promoverse pese a lo que aseguran, de que es en su tiempo libre.

Asimismo, los clásicos gansos aseguran que en Acción Nacional ya no hay estirpes, por lo que nadie decide las candidaturas sino que se hace de una manera diáfana, democrática, respetuosa, con apego a las reglas (que nadie conoce), sin embargo el hecho mismo que empleados del Municipio de Aguascalientes sean los primeros en irse por delante denota que hay una jefatura y es precisamente la que dicta las órdenes de quienes pueden salir al balcón

Alcancen o no la posición que pretenden, asumen desde ahora el rol de emisarios, recaderos, espías y correveidile para al proceso del 22. Son de hecho, a través de los cargos que ostentan, los encomendados de ensalzar las bondades y beneficios que genera la amita. Saben que si todo sale como está planeado tendrán chamba por varios años, de ahí que los empujones por entrar a ese círculo están a la orden del día.

La afirmación  de que con “nuevas caras” en el gobierno vendrá una etapa distinta pretende disfrazar el gatopardismo, por lo que siguen a pie juntillas la filosofía de que es necesario que cambie algo para que todo siga igual. La única diferencia está en los ocupantes de las sillas, porque en lo demás poco se puede esperar.

El pacto de civilidad, presuntamente firmado por seis aspirantes a la alcaldía, dejó fuera al presidente del comité estatal del partido, Gustavo Báez, como en su momento sucedió con el liderazgo que tenía de la fracción parlamentaria, por lo que palacio menor demuestra que ahí está el nuevo mando, tal como fue el caso para el nombramiento del encargado de vigilar el uso y destino de los recursos públicos.

Hace un mes que seis jefes de oficinas municipales se reunieron para suscribir las “reglas del juego”: Juego limpio, no golpes bajos. No uso de recursos públicos para la promoción personal. No utilizar estructuras del equipo de Teresa Jiménez. Evaluar el posicionamiento (de cada uno) en septiembre.

Lo descrito son como las llamadas a misa, además que el hecho de comprometerse a no utilizar recursos para promoción personal ni utilizar las estructuras del actual Ayuntamiento no está a su buena voluntad, o porque sean muy cumplidos, sino que es algo que está perfectamente estipulado en el Código Electoral del Estado, por lo tanto ellos y todos los que les gusta andar en esas carpas deben contenerse de hacer un acto violatorio.

ABUSO DE AUTORIDAD

El combate a la pandemia debe de ser en todos los frentes como única posibilidad de reducir el número de contagios y muertes, pero en todo acto tiene que haber total cumplimiento a la ley, por consiguiente, los primeros en hacerlo son los funcionarios encargados de esa labor.

Llamó la atención la amenaza que lanzó el director de regulación sanitaria del ISSEA, Octavio Jiménez, de que si se sorprende a un taxista que no tenga puesto el cubrebocas, que no lleve gel antibacterial y no demuestre que limpia la unidad cada vez que desciende un pasajero, se sancionará severamente el propietario del vehículo.

“El ISSEA ha solicitado datos de los concesionarios porque son éstos los que serán multados, con montos de 10 a 12 mil pesos, en calidad de responsables de las unidades” (El Heraldo, 14/VIII/2020).

Afirmó que durante los operativos que llevan a cabo las guaridas revolucionarias “se identificó que estas unidades no contaban con sanitizante disponible para el público”, por lo que se le da instrucciones al chofer de cómo  fabricar su propio gel o limpiador antibacterial.

Bajo ese criterio, de que los propietarios del carro son los culpables de que el operador no atienda las disposiciones, cabría preguntar si Jiménez Macías quebranta alguna de sus obligaciones y amerite un castigo ¿el escarmiento lo cumplirá el titular del Instituto de Salud o el gobernador del estado, como sus máximos superiores?

Tal vez no se ha dado cuenta pero en el taxi no viaja como copiloto el concesionario, sino que la unidad está a cargo totalmente del operador y su relación laboral es únicamente entregarle las llaves, pactar el pago de la liquidación y la hora de entrega, pero nunca han trabajado juntos.

Si el chofer hace algo indebido – como el traslado y comercio de estupefacientes o conducir drogado o alcoholizado – es su total responsabilidad. Es hasta infantil suponer que el gerente de una empresa embotelladora de refrescos o de lácteos es responsable de lo que hace su personal en la calle.

Todo en su justa dimensión, está bien que les den un tirachinas pero no para que lancen perdigones a diestra y siniestra.

Reitera que taxistas y urbaneros deben respetar las medidas de sanidad, que esto “no es complacencias”, por lo que todos sin excepción, en todas las unidades, deben atender las órdenes y no permitir que suban los usuarios que carezcan de cubrebocas.

Se desconoce si es por una actitud reprimida en algún momento de la vida, pero en ese grupo se percibe una satisfacción por levantar multas y cerrar negocios por aparentemente violar las reglas sanitarias. Para los propietarios de esos lugares es desastroso que por alguna falla no sólo los obliguen a bajar las cortinas sino que les aplican una sanción, lo que irremediablemente lleva a la quiebra ya que después de casi cuatro meses sin trabajo los vuelven a dejar en la calle y con la deuda encima por la reapertura.

Es irónico que mientras la máxima autoridad del estado demuestra una gran preocupación por crear y sostener el empleo, una de las oficinas del ISSEA se dedique a boicotear ese propósito.

CON EL EJEMPLO

 

Como preámbulo de lo que enseguida se desarrollará, cabe recordar el episodio que vivió un abuelo cuya nieta fue a visitarlo. La niña, de nombre Mar, cursaba el primer año de pre-primaria y ante la onda cálida que se resentía esos días pidió algo de beber. El abuelo le ofreció si quería un refresco o agua y de inmediato respondió que agua. ¿No te gusta el refresco?, “Sí, pero dice mi maestra que si tomamos agua seremos bonitas cuando crezcamos” ¿Tu maestra toma agua?, “Sí, siempre lleva una botellita”. Entonces ¿Si yo tomo agua también me veré bonito? “No, porque tu ya estás grande”. Hasta la fecha aquella niña sigue tomando agua como parte de su rutina, lo que deja constancia que padres de familia, profesores y hermanos mayores deben ser los primeros educadores para que adquieran hábitos saludables, que sin necesidad de imponérselos los tomen como parte de su vida. Si en estos momentos papá y mamá utilizan el cubrebocas el niño o la niña busca imitarlos y más si se le hace ver que es por su bien, con lo que se les guía para sepan adquirir costumbres que les hará mucho bien, entonces hay que hacerlo, saber guardar la distancia en la calle, en el mercado, el templo, el autobús y en cualquier espacio, por la sencilla razón de que es por la propia salud y de los allegados. Ante todo cumplir con las normas para superar esta etapa.