Si en época normal es común escuchar historias de caseros que tratan de obtener ingresos mayores a los comunes, ahora con el parón de actividades mercantiles dejan ver que su tacañería no tiene límites, al exigir a los inquilinos el pago inmediato y completo de la renta o que desalojen.

Olvidan que en el pecado llevan la penitencia, porque en las condiciones que reabran los negocios habrá lentitud para que se recuperen las ventas, por lo que difícilmente habrá quien solicite un local para la venta al menudeo.

Más de dos meses y medio que han estado cerradas las actividades mercantiles por la emergencia sanitaria dejó sin entrada a los comerciantes, por lo que varios han buscado la comprensión de los arrendadores para que esperen por lo menos un mes después de que reinicien y poder pagar en parcialidades, porque ni pensar que les hagan un descuento, pero se han encontrado con un muro de incomprensión.

Son múltiples los testimonios que hay en torno a este asunto, una de ellas descubre el sentimiento de los demás. Se trata de un vendedor de partes para automóvil, que con once años de ocupar el lugar se enfrenta ahora con la falta de dinero para cubrir todos sus compromisos y uno de ellos es justamente el pago de la renta, que asciende a veinticuatro mil pesos. Le ha pedido al propietario que lo espere, que le pagará hasta el último peso y que tenga en cuenta que nunca se atrasó, que además tiene cuatro trabajadores, pero el señor responde que si no puede hacerlo que le entregue el lugar.

Le resulta difícil hacerlo pero no tiene otra opción, por lo que dejará once años en que se hizo de una clientela sólida y que al irse podría no seguirlo, entonces habrá que volver a acreditarse, lo que tarda tiempo.

Otro caso es el de una tienda de ropa, por el que se paga cuatro mil quinientos pesos y al igual que el anterior le exigen el pago total o que se vaya.

Sin duda que es un derecho el que le asiste a los renteros de reclamar la aportación íntegra, porque eso es parte de su forma de vida, sólo que en el pecado llevan la penitencia, porque si con sus actuales ocupantes tenían posibilidades de recuperar lo que les adeudan y continuar la relación, al tener los espacios desocupados tardarán tiempo en volverlos a alquilar.

Si Usted, amable lector o lectora, transita por diferentes puntos de la mancha urbana puede observar el número de locales que se ofrecen en renta, de los cuales varios tienen de seis meses a un año sin ocuparse y cuando alguien se instala dura máximo tres meses y se va. La razón es muy simple, el alto costo de la renta y la lentitud de hacerse de consumidores.

Seguramente que varios de esos arrendadores son descendientes de algunos comerciantes de mercados, que le fijan precio a sus productos perecederos y si no se venden lo tiran porque su lema es “bien vendido o bien podrido”.

Para evitar esta congoja sólo hay una fórmula y es que sean solidarios, que reflexionen por un momento que pueden ganar menos pero seguro a tratar de conseguir más de lo que pueden pagarles y en la cuestión de los actuales inquilinos, que están imposibilitados de hacerlo, que reduzcan la deuda al 50% y con un plazo para ser pagada, con lo que podrán evitarse la chamuscada que les espera cuando tengan que rendir cuentas.

CLAMOREO POR DOQUIER

La pandemia ha dejado en estado “seco” a prácticamente todas las actividades comerciales y de servicios, por lo que aquí y allá se escuchan los problemas que atraviesan, no obstante la ayuda que en algunos casos ha entregado el gobierno del estado, debido al cúmulo de gastos que enfrentan y la insuficiencia de recursos para solventarlos.

Los abarroteros y pequeños comerciantes han sufrido una caída de ventas hasta en un 40% en lo que va del mes de mayo, lo que en gran medida se debe a que la mayoría de los consumidores no tienen trabajo o están a medio sueldo, por lo que compran lo indispensable, lo que provoca que los tenderos tengan serias dificultades para surtir.

El presidente de la Asociación de Abarroteros y Pequeños Comerciantes, Antonio Hernández Esparza, señaló que el apoyo de ocho mil pesos de las tandas de bienestar que otorgó el gobierno federal para micro negocios, como parte del programa de ayuda a atenuar la contingencia sanitaria, a ninguno de sus agremiados les benefició: “Nosotros somos gente que pagamos impuestos a los tres niveles de gobierno, pero ellos jamás consideran eso, si vamos a quebrar por eso de la pandemia, las autoridades nunca nos toman en cuenta”.

Aunque parezca increíble, pero con todos sus problemas económicos que enfrentan los abarroteros, las tiendas de las colonias son el “banco vecinal”, al entregar parte de la mercancía a crédito, por lo que entre abonos y atorones pagan y de esta manera hay familias que salen la semana o la quincena, gracias a ese acuerdo no escrito entre ellos y los compradores. Si no se hiciera así quién sabe qué ocurriría, ya que con uno o dos salarios resulta materialmente imposible mantener a la familia, pero con esa facilitad pueden salir adelante.

Por su parte los propietarios, encargados y trabajadores de gasolineras están de pláceme ante la reanudación de una parte de las actividades en la ciudad, ya que empiezan a vivir movimiento en sus negocios. Parte de estos lugares cerraron casi dos meses ante el bajísimo consumo y esto fue notorio en donde se vende más barato el combustible, que en época normal hay filas para ingresar, en cambio en todo este tiempo hubo lapsos largos en que ni un solo cliente.

El presidente de Hidroamegas, Omar Abarca Torres, consideró que esperan que pronto se normalice el dinamismo, para de esta manera evitar la reducción de personal, principalmente en aquellos negocios de reciente inversión, sin dejar de lado que hubo dos que cerraron ante la imposibilidad de soportar pérdidas por más tiempo.

Las estaciones que se encuentran en la zona centro son las que han tenido más bajas ventas, hasta un 60%, mientras que aquellas que se ubican a la salida de las carreteras están en un 50% en función que quienes pasan por ahí cargan para llevar a cabo sus labores.

Abarca Torres subrayó que a ellos no les beneficia que los carburantes suban de precio, porque sus costos de inventario también se elevan, lo cual el público debe saberlo,  además ellos no manejan altas ni bajas de precios sino que todo está regido por la cotización del petróleo en los mercados internacionales, el tipo de cambio y las condiciones propias del mercado.

¿FERIA EN NOVIEMBRE?

La Secretaría de Turismo del estado sostiene que mientras hay vida hay esperanzas, por lo que consideran que en noviembre podría llevarse a cabo la Feria Nacional de San Marcos, a la par que la Feria de las Calaveras, aunque hay quien sugiere que es preferible olvidarse y enfocar todos los esfuerzos para el próximo año. En tanto, que en lo que resta de 2020 organizar cuantas actividades de relieve nacional e internacional  sea posible, para rescatar al sector turístico que ha sido de los más perjudicados. Es una tarea cuesta arriba y hay que hacerla en coordinación con los empresarios del ramo y el apoyo de los consorcios del país y el extranjero. Se debe revertir la caída del 30% de pasajeros aéreos que se registró de enero a marzo y que ha sido mayor de abril a la fecha. Hacerlo ayudará a que hoteles y moteles y los restaurantes recobren vida, luego de la inactividad a que han estado sometidos, por lo que en las autoridades estatales está la última palabra, lo que naturalmente no es una tarea simple, por el contrario, se tiene que hacer el máximo esfuerzo para atrae la atención de instituciones y organismos que tengan previsto congresos, asambleas, reuniones de uno o dos días, competencias deportivas, eventos culturales, así como el turismo doméstico regional y nacional. Se tienen que activar al máximo las neuronas de los funcionarios y de los propios directivos de colectividades privadas para que Aguascalientes recobre espacios en la industria sin chimeneas.

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