Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

El 7 de junio pasado, la mayoría de las escuelas (en el estado) regresaron a las clases presenciales, no sin antes superar contradicciones y confusiones que provocaron las decisiones cupulares. No todos los alumnos se presentaron a las escuelas ni todos los docentes; muchos continuaron laborando a distancia.

¿Qué cosas pasaron en este regreso? Al visitar las escuelas se observó que en unos salones había 2 alumnos y en otros cerca de10; lo que permitía ubicarlos a prudente distancia entre ellos. Sin embargo, cuando el maestro salía del salón, por alguna razón, los pocos alumnos presentes de inmediato se ponían de pie e iban al encuentro de los amigos, formando parejas o grupitos de tres o de cuatro para ponerse a platicar muy cerca uno del otro y unos sin cubrebocas. Al regresar el maestro, todos volvían a sus lugares. Las tiendas escolares no funcionaron; los estudiantes llevaban los alimentos de sus casas, y como de costumbre, a la hora del lonche se juntaban de tres o de cuatro amigos en los pasillos o el patio de la escuela para consumir juntos los alimentos. Terminadas las clases, a la salida se juntaban bolitas de alumnos, se abrazaban entre ellos, se reían de las bromas y otros más hacían fintas como peleándose, todos muy cerca uno del otro y ya muchos sin cubrebocas.

Casos especiales: en el segundo día de haber iniciado las clases presenciales, en unas escuelas, a la entrada, se detectaron (de los que se supo) tres alumnos con síntomas de dolor de cabeza, tos seca y alta temperatura. Por uno de ellos fue su mamá y se lo llevó a su casa; de los otros dos no se pudo contactar a los padres, por lo que se quedaron en la escuela aislados. A la salida, los enviaron a sus casas a través vecinos que aceptaron hacer el servicio observando los protocolos y con la recomendación de comunicar a sus padres los síntomas detectados en ellos. Al día siguiente, uno de los directores fue a la casa del alumno que manifestaba mayores molestias. Al llegar a su casa, lo encontró solo, tosiendo y con calentura; al preguntarle por sus padres, el muchacho contestó que se habían ido a trabajar y que le dijeron que no lo llevarían al doctor porque no tenían tiempo ni dinero. El director, después de varios intentos logró hablar por teléfono con los padres del alumno y pudo convencer a la madre (después de varias negativas) para que llevara a su hijo con un doctor y que él los acompañaría. Una vez convenidos, el director regresa a su escuela, habla por teléfono a la clínica indicada para preguntar si podían llevar a un escolar con el fin de que le hicieran prueba de COVID toda vez que tenía calentura, tos y dolor de cabeza. La dama que contestó el teléfono dijo que no había autorización para hacer pruebas de COVID a niños. El director, ya con el compromiso, fue por el muchacho a su casa, lo subió a su vehículo con su madre y los llevó a otra clínica; allí pidió que, por favor, le hicieran la prueba al muchacho pues tenía calentura, tos y dolor de cabeza. Después de una hora de espera, finalmente, le hicieron la prueba. Al día siguiente, de la clínica y por celular comunicaron a los padres y a la escuela que el resultado del estudio era NEGATIVO, que el muchacho no tenía COVID; que lo atendieran de gripa normal. A la semana siguiente, el alumno volvió a la escuela ya sin los síntomas anteriores.

Muchas otras cosas pasaron; mismas que deben tomarse en cuenta, muy en serio, para evitar contagios ahora que está por iniciar el nuevo ciclo escolar.