Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

DVD – “MIEDO Y ASCO EN LAS VEGAS” (“FEAR AND LOATHING IN LAS VEGAS”)

¡Detengan el carrusel del progreso, me quiero bajar!
Erase una vez una ciudad perdida en el desierto, la cual emitía llamados estruendosos cual sirena desquiciada que seducía implacablemente a las núbiles mentes de los mortales incapaces de resistirse a su fulgor y oropel… Una nauseabunda metrópoli erigida en neón y luz multicolor con estandartes kitsch y banderas camp, la Disneylandia postapocalíptica surgida del averno complaciente de la masa disfuncional y mediáticamente narcotizada. ¿El nombre de este infame reino multicolor? Las Vegas. Un reino sin soberano pero con muchos súbditos y caballeros ataviados con costosos trajes italianos, así como uno que otro juglar que relata el enloquecido devenir de tan apoteósico sitio y cuyas baladas son una crónica que hiere mortíferamente la sensibilidad de esta ruidosa bestia porque la muestran como tal, un leviatán de crédito plástico que devora y escupe caprichosamente. El escritor, periodista y sheriff de ocasión Hunter J. Thompson, sagaz y oportunamente la vio directamente a los ojos y sobre ella redactó. ¿El resultado?: “Miedo y Asco en las Vegas”, uno de los grandes “roman á clef” de la novela periodística e irresistible carnada creativa para que el brillante cineasta inglés Terry Gilliam no la resistiera y la adaptara exitosamente a la pantalla grande en 1998. El resultado es una cinta de la que se ha escuchado bastante pero que en México se le negó el paso por la cartelera comercial, tal vez porque en ese entonces se padecía de una sequía aventurera que orillara a los distribuidores a arriesgarse con una obra tan valiente y audaz. Sin embargo, nunca es tarde para entregarse a tan apasionante y alucinógeno viaje de la mano de sus personaje principales, Duke (interpretado delirantemente por Johnny Depp) -una suerte de alter ego del mismo Thompson, reportero de vocación pero narrador disoluto por pura pasión- y el Dr. Gonzo (un irreconociblemente obeso Benicio del Toro), abogado samoano que se torna el fiel escudero/compañero /consigliere de Duke, todo mientras se embarcan a una travesía psicotrópica a “La Ciudad del Pecado” para cubrir y reportar sobre una importante carrera de motocicletas. Por supuesto, eso es tan solo el pretexto anecdótico, ya que el relato nos brinda una serie de tropelías cometidas por los protagonistas para ofrecernos una retahíla de enloquecida filosofía sobre la condición humana, la sociología del juego, las relaciones interpersonales y el abuso de toda sustancia conocida por el hombre…y no es exageración, ya que tanto Duke como el buen Doc Gonzo, son dos juegos de química ambulantes que ingestan, inyectan y consumen todo tipo de hierba, pastilla, droga y alcohol que encuentran en su bien abastecida cajuela de un Cadillac Rojo Furia que bien podría ser una representación cosificada del estado anímico de ambos.
El director Gilliam pareciera que adopta la perspectiva etílica de sus personajes y todo el filme está narrado desde diversas ópticas y con una gama de artificios antidiegéticos que semejan el neurótico estado narrativo en que fue escrito el texto original, apoyado en unas interpretaciones maniacas por parte de Depp y del Toro, quienes siempre permanecen en sintonía con la naturaleza de sus personajes y caracterizados de forma emblemática, ya que Duke jamás se quita su gorra de pescador (bueno, sólo un par de ocasiones para revelar su esférica testa calva) , su cigarrillo con filtro alargado y prominentes gafas oscuras; mientras que el Dr. Gonzo no se desprende de sus floreadas y antiestéticas camisas hawaiianas siempre desabotonadas para mostrarnos alegre y despreocupadamente su abultado estómago.
Un ejercicio satírico que debe consumirse en ocasiones, al igual que las adictivas bebidas que desaparecen frente a los personajes, en dosis mesuradas para no dejarse abrumar por el despiadado sentido del humor de Gilliam y la bizarra pero creativa imaginería visual que define la plástica de la cinta, desde bares poblados por dinosaurios, hasta un inminente ataque de murciélagos en la carretera de Nevada. Un filme que se percibe como la vacuna ideal ante el virus de la complacencia social sobre lo posmoderno, las modas, lo “cool” y la sosa metrosexualidad. O sea, que hay que verla pero ya.
Nota: la cinta está disponible a la renta en la videoteca del Centro Cultural Casa Jesús Terán

Correo: corte-yqueda@hotmail.com