Este viernes por la noche se celebró la tercera corrida de toros del Serial Taurino de la Feria Nacional de San Marcos ante una Plaza Monumental que nuevamente registró una entrada de poco más de la mitad de su capacidad. Los protagonistas de la noche fueron el español Antonio Ferrera, junto con Ángelino de Arriaga y Juan Pedro Llaguno, en un festejo que dejó un sabor amargo principalmente por el escaso juego ofrecido por los toros de Santa Inés.
La tarde comenzó con la reaparición de Ferrera en Aguascalientes, pero pronto tuvo que enfrentarse a un nuevo toro, ya que el primero sufrió la rotura de un cuerno. “Huracán” fue el primer astado que enfrentó el diestro español, quien no tuvo muchas opciones y se retiró en silencio. Sin embargo, para su segundo toro de la tarde, Ferrera logró la mejor faena con “Gente Buena”, que fue lo más destacado de la noche. Con temple y naturalidad, el matador arrancó ovaciones de los aficionados, ganándose una oreja con una buena estocada, mientras el toro era aplaudido en el arrastre.
Por su parte, Ángelino de Arriaga tuvo una tarde complicada. Mostró su elegancia y habilidad con el capote y especialmente con las banderillas, arrancando gritos y chiflidos del público. Con su primer toro mostró calidad en una faena que ejecutó por ambos lados, pero las fallas con el acero le hicieron merecer solo palmas tras aviso. Con su segundo toro, la historia fue similar; emocionó con las banderillas y por momentos logró una buena faena, aunque el acero volvió a fallarle, recibiendo palmas por su esfuerzo.
Finalmente, Juan Pedro Llaguno tuvo muy pocas oportunidades con sus dos toros. En ambas ocasiones, Llaguno mostró disposición para armar un buen espectáculo, pero los animales no ofrecieron mayores posibilidades. En el primero se retiró entre palmas, mientras que en el cierre de la plaza recibió silencio ante un toro que no le ofreció opciones.
Así concluyó la tercera corrida de la feria, que se vio marcada por algunos pitidos y abucheos por parte del público, quienes se quedaron con ganas de ver a los matadores con más oportunidades de brillar, aunque al menos se despidieron con Ferrera logrando llevarse una oreja.