Ricardo Vargas

Uno de los fundamentos que más se critica y se cuestiona de la teoría económica es el del supuesto de que los seres humanos somos seres racionales y que todas las decisiones que tomamos son orientadas hacia la maximización de nuestra propia utilidad. Después de este supuesto vienen una serie de suposiciones sobre el comportamiento de los diferentes participantes dentro de una economía, y existen diferentes teorías sobre los efectos que pudieran tener los comportamientos en general de diferentes actores, sobre el desempeño general de la economía.

Sin embargo, y es algo que sin duda reconozco como economista, los seres humanos no somos ni seremos seres racionales que maximicen su utilidad en todas las decisiones que tomen. Existe un componente importante de “irracionalidad” dentro de nosotros que no se puede eliminar, y que varios economistas han estudiado por mucho tiempo. Referido por John Maynard Keynes como nuestros “animal spirits”, existen factores inherentes a nuestra naturaleza y que tienen un peso importante en nuestra toma de decisiones, superando incluso el factor de racionalidad que pudiéramos llegar a tener. Uno de estos factores es el de la confianza, y es el que personalmente considero como el más fuerte dentro de estos “instintos animales” con los que hemos nacido.

En cualquier decisión que tomemos, a pesar de que conozcamos los beneficios de las diferentes alternativas a elegir, siempre está presente el tema de la confianza y una relación importante con las decisiones que tomen los demás agentes. Dentro de cualquier mercado, con cualquier producto, será muy difícil comenzar a comprar cuando todos están vendiendo y el precio está cayendo. Más allá de que sepamos que el producto “X” pueda estar subvaluado momentáneamente y más allá de que sepamos que su precio objetivo es mayor, muy difícilmente compraremos ese producto en un momento en el que todos o casi todos los consumidores lo están vendiendo. Este es el tema con la confianza, pues a pesar de que es solamente un sentimiento o un instinto, con frecuencia puede llegar a vencer el componente de racionalidad con el que contamos.

El tema de la confianza ha llegado a ser tan fuerte que ha tenido una injerencia importante sobre las decisiones de política económica que se toman en la práctica, pues los tomadores de decisiones de política monetaria y política fiscal han entendido que los seres humanos carecemos de una total racionalidad y necesitamos una pequeña orientación para tomar las decisiones que objetivamente son mejores.

Esta semana, se reunieron vía telefónica los ministros de finanzas del G-7, en el que participan las siete economías más grandes del mundo. Sin duda una reunión que atrajo la atención de medios internacionales, pues se comenzaría a marcar la pauta que seguirían las economías más grandes con respecto al tema del coronavirus y su rápida expansión global. A solo unas horas después, el martes por la mañana, la Reserva Federal de los Estados Unidos anunció un recorte de 50 puntos base en su tasa de interés objetivo en una decisión de “emergencia”, pues la siguiente reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) era hasta el día 17 de este mes. Este anuncio se da en un contexto en el que la producción manufacturera a nivel global ha caído sustancialmente, principalmente como respuesta del paro económico que se ha vivido en China durante las últimas semanas como consecuencia de la contingencia sanitaria. El índice de producción manufacturera de China durante febrero se publicó el sábado pasado y se ubicó 10 puntos por debajo de lo estimado. Esto ha comenzado a generar una desaceleración importante en las cadenas de producción a nivel global, dada la importancia de China en el mercado global.

En Estados Unidos se espera una caída importante en los ingresos de empresas en sectores de manufacturas y productos de consumo, por una baja importante en insumos importados. Al mismo tiempo, los mercados de capitales en Estados Unidos han mostrado una caída importante en las últimas dos semanas y acumulan ya pérdidas cercanas al 13% en lo que va de este año. Al mismo tiempo el dólar, siendo un activo refugio o de poco riesgo, se aprecia de manera importante contra diferentes divisas.

La pregunta es… ¿por qué recortar tasas de interés si teóricamente los seres humanos tomamos decisiones racionales? El anuncio del recorte de 50 bps de la Reserva Federal demuestra que en la práctica los instintos y sentimientos de los consumidores tienen un mayor peso que el aspecto racional. Lo normal sería que veamos un recorte próximo también en la tasa de interés de referencia de Banco de México, buscando “animar” a los agentes económicos a producir y consumir en medio de una emergencia sanitaria que posiblemente no hayamos dimensionado del todo en México aún.

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