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Convergencias posmodernas

Por J. Jesús López García

La posmodernidad es por una parte, manifestación del desencanto de la Modernidad, y por otra, una manera de volver a buscar en el pasado, lo que aún puede aportar al presente y al futuro, si bien en algunas de las formas de la posmodernidad, esa decepción puede traducirse como sarcasmo que finalmente se convierte en burla y de ahí en frivolidad. Podemos ver así cómo marcos de concreto se convierten en arcos falsos revestidos de piedra, o cornisamientos exagerados y fuera de lógica constructiva, así como el uso de columnas de orden clásico pero sin atenerse a canon alguno.

Pero podemos decir en su favor que el retomar elementos del pasado sin los prejuicios modernos de asistirse de una racionalidad sin miramientos, es siempre algo que refresca y añade además algo de solemnidad que va más allá del funcionalismo. El arquitecto Louis I. Kahn (1901-1974) que abstrajo las formas clásicas para crear una arquitectura cuya actualidad sigue vigente a más de cincuenta años, es uno de esos autores que lo mismo pueden considerarse canónicos de la modernidad tardía, como uno de precursores de los inicios de la posmodernidad y como su caso hay más como Aldo Rossi (1931-1997) con su manera de integrar una arquitectura nueva a una ciudad nueva, retomando concepciones positivas del pasado y es que la modernidad a la que ellos cuestionaron, se caracterizó por un rompimiento con tal pasado que luego la posmodernidad ha visto sin tanto prejuicio.

El tratar de dar la vuelta a la modernidad más racionalista no es un fenómeno nuevo. Ya desde el manierismo que antecedió al barroco en el siglo XVI, buscó en las formas libres el disociarse con el clasicismo renacentista, tal como ocurrió en el siglo XIX con el eclecticismo y los revivalismos que sucedieron al austero y racional neoclasicismo. Justo en esa época surgieron los pintores ingleses autodenominados “prerrafaelitas” que buscaban encontrar en los esquemas artísticos y estéticos previos al Renacimiento nuevas maneras de encarar el presente a través de formas pasadas anteriores al Renacimiento.

En condiciones de crisis en que se manifiesta el desencanto por la modernidad, el recurrir al pasado idealizado, se hace presente en la arquitectura: Para la Alemania nazi, las formas actuales de la modernidad arquitectónica eran consideradas “degeneradas” y se promovían los estilos vernáculos germanos. En la Italia de Mussolini sucedió algo parecido pero en favor de la imitación del carácter imponente de la arquitectura romana imperial con tantos ejemplos de fortunas diversas como el Palazzo della Civilità Italiana que el Duce encargó a Giovanni Guerrini, Ernesto Bruno La Padula y Mario Romano inaugurado en 1943. Es un edificio de planta cuadrada de 6 niveles de altura conformado por 54 arcos en cada fachada, elementos estructurales eminentemente romanos y sin ornamento que recuerda a edificaciones como el Coliseo y tantos más. Si bien la construcción antecede algunas décadas a la posmodernidad, de alguna manera hace uso de sus mecanismos de composición arquitectónica pues se apoya en la tecnología moderna y al mismo tiempo retoma al pasado como su tema de organización estética.

El anterior es un edificio que se asemeja en algo a uno ubicado en nuestra ciudad en el andador sobre el paso a desnivel de 5 de mayo, al costado poniente del Palacio de Gobierno. Pobrablemente fue construido en los años setenta, al menos su fachada recubierta de mármol con cuatro grandes vanos verticales que culminan en arcos de medio punto que se desdoblan en espejo en su parte inferior. El conjunto muestra por lo demás, los rasgos característicos de la modernidad tardía pero en su imagen general podemos decir que converge con varias fincas que antecedieron a la posmodernidad.