Antonio Baranda
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Aunque el Gobierno federal asegura que ha logrado contener la tendencia al alza en homicidios, la violencia al estilo del crimen organizado no para y su saña va en aumento.
Un informe del Inegi difundido en días recientes señala que 2 mil 847 personas murieron en 2020 por ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación.
En 2019 se contabilizaron 2 mil 522 homicidios por estas mismas “causas de defunción”, es decir, que hubo un aumento de 12.8 por ciento en el número de víctimas.
Otras 256 personas fallecieron el año pasado como resultado de agresiones con humo, fuego y llamas. Los asesinatos de este tipo se incrementaron 30.6 por ciento, según los registros administrativos cotejados por el Inegi, al pasar de 196 en 2019 a 256 en 2020.
Carlos Mendoza, especialista en seguridad, estimó que el aumento de estos casos reflejan que hay una proporción más elevada de homicidios perpetrados por el crimen organizado.
Observó que en distintas plazas hay una lucha por el control territorial entre pandillas locales, que pueden o no obedecer a los cárteles más importantes.
Asimismo, una expansión de cárteles -como el Jalisco Nueva Generación- que quieren dejar muestra clara de su capacidad de fuerza a través de violencia extrema.
“Cuando hay saña hay presencia de la delincuencia organizada; se envían señales de fuerza, de violencia, de letalidad frente a grupos adversarios”, indicó el académico de la UNAM y consultor en seguridad.
“Lo que se ha visto es una multiplicación de eventos en los que además se asesina de forma colectiva”.
La causa de muerte más común entre los homicidios es agresión con disparo de armas de fuego, rubro ligado al crimen organizado que también tuvo un ligero aumento el año pasado.
Mientras en 2019 se registraron 25 mil 30 muertes por esta causa, que no contempla armas cortas, rifles o escopetas, en 2020 sumaron 25 mil 178, un crecimiento de 0.5 por ciento.
“La responsabilidad es completa (del Gobierno federal), hay una inacción ante estas manifestaciones; está claro que el otorgamiento de transferencias a los jóvenes no está teniendo un resultado ni en ellos, ni en detener esta ola de violencia”, añadió Mendoza.
Santiago Roel, director del Semáforo Delictivo, coincidió en que la violencia extrema está vinculada directamente con la lucha territorial por el mercado de drogas.
En entrevista, advirtió que los asesinatos con saña evidencian el fracaso de la estrategia de seguridad basada en programas sociales y “abrazos no balazos”.
Además, consideró que no se va reducir la “bestialidad” de homicidios ni la saña con que estos se cometen, mientras no se ataque directamente el narcotráfico y se regulen las drogas.
“Es un tema netamente federal, solamente la Federación tiene el poder económico, bélico y de inteligencia para combatirlos; los estados y municipios no tienen capacidad para ello”.