Al manifestar que el estado de ánimo se ha transformado en los productores del campo con las primeras lluvias en Aguascalientes, aunque todavía no son uniformes en todo el estado, el presidente de la Unión Ganadera Regional Aguascalientes (UGRA), Juan Pablo Franco Díaz, señaló que la venta de ganado se ha detenido como una medida extrema al no contar con los recursos para alimentarlos.
“La contingencia ambiental provocada por el calor todavía no desaparece, ya que aún no corre el agua hacia los abrevaderos, bordos, presas y lagos de Aguascalientes, pero una gran ventaja es que se comienza a ver verde el campo y eso se traduce en pasturas para los animales”, subrayó.
Añadió que si las precipitaciones pluviales continúan por las siguientes tres semanas, se acabará el tema de la sequía y se dejarán en el olvido todos los proyectos para combatir la ausencia de agua en el campo y de forrajes.
Por ahora, las lluvias se han sentido mucho por el municipio de Calvillo, pero todavía hay zonas como en el municipio de El Llano, donde se mantiene la sequía, sin embargo, el ánimo de los productores ganaderos y agrícolas ha cambiado y varios ya comenzaron a sembrar, aunque todavía no escurre nada a bordos o presas.
En varias zonas ya comienza a observarse de color verde el campo, pero todavía no resulta suficiente para que entre a comer el ganado en ellas. De hecho, se detuvo el proceso ante la Sagarpa de llevar remolques cisternas a los ranchos para dotar de agua a los animales, gracias al arranque de las precipitaciones pluviales en la entidad.
Con la regularización de las lluvias en Aguascalientes, dijo que la UGRA dejará en paz los proyectos relacionados con la contingencia ambiental causada por la sequía, pues se confía en que el agua continúe precipitándose en los campos de la entidad.
Juan Pablo Franco Díaz precisó que la temporada de calor ocasionó que la gente empezara a vender su ganado, ya que se les estaba enflacando a causa de la ausencia de pastos en el campo y de agua, pero con las primeras lluvias los productores volvieron a guardar sus animales en sus ranchos.
“Por fortuna no se registró la muerte de ningún animal en los potreros, pero sí hubo casos de personas que llevaron a los rastros a sus animales para sacrificarlos ante la realidad de que no tenían qué darles de comer; otros los vendieron, y como todos lo hicieron al mismo tiempo, eso ocasionó que bajaran los precios del ganado en pie”, puntualizó.