SIN-JIRIBILLA1José Luis Macías Alonso
Esta semana nuestro congreso local aprobó el dictamen mediante el cual se modificaron diversas disposiciones de la Constitución del Estado de Aguascalientes en materia político-electoral, mismas que constituyen una reforma histórica que despierta un sin fin de cuestionamientos, dudas, esperanzas y temores. A continuación mí mal logrado resumen.
En lo referente a las facultades de los entes organizadores y juzgadores de los procesos electorales, de forma irremediable, en cumplimiento a lo ya mandado por nuestra constitución general, se reafirmó la incomprensible intromisión de autoridades federales en nuestros procesos estatales.
Así las cosas, igual que a todos, a nuestro Estado no le quedó de otra más que reconocer que el Instituto Nacional Electoral será quien gozará de la facultad originaria para organizar los comicios y en todo caso, podrá delegar la misma a favor de nuestro bien reconocido y calificado Instituto Estatal Electoral; si bien es cierto que el federalismo no es otra cosa más que un pacto y como tal las partes pueden acordar cuanto gusten, la intromisión política constituye un límite inquebrantable que se debe defender.
Con la misma suerte corrieron las autoridades jurisdiccionales en materia electoral, ahora se deberá crear un Tribunal Electoral que no se encuentre adscrito al Poder Judicial del Estado, ¿Por qué? No me pregunte.
En cuanto a la reelección, que recordemos que la misma, en la versión mexicana no es una reelección pura donde el ciudadano sea el de la última palabra, sino que queda condicionada al visto bueno partidista –no cabe duda que el ingenio mexicano no tiene límites y que Schmitter tenía razón-, los diputados eligieron la opción intermedia de lo que la carta magna les ofrecía, estableciendo que sus futuros colegas podrán reelegirse hasta por dos ocasiones en lugar de las cuatro ya permitidas por la federación.
En consecuencia, en Aguascalientes podremos tener diputados que duren en el cargo hasta 9 años y presidentes municipales, regidores y síndicos que duren hasta 6, esperemos que esto rinda los frutos deseados como el aliciente para que el servidor público haga bien su trabajo y la posibilidad de construir políticas públicas municipales a largo plazo.
En tema aparte, la iniciativa también establece que la asignación de espacios plurinominales en el congreso será para los partidos políticos que obtengan por lo menos el tres por ciento de la votación válida emitida; lo que son las cosas, si esta reforma hubiera sido hace un par de años, el diputado ecologista que usó la fuerza bruta para defender a los animales estaría en todos lados menos en una curul.
Respecto a los candidatos independientes, al igual, en armonización con el marco federal, nuestra constitución de forma expresa ya los reconoce; vaya aprietos en los que se meterán los diputados ahora para establecer en ley como un individuo va jugar un partido diseñado para instituciones.
En cuanto al mal necesario de las cuotas de género –le ruego no se enoje amigo feminista, lo del mal necesario es porque viola el principio democrático de libre postulación pero lo necesitamos para impulsar a la mujer en los espacios de poder- se ratifica que en todos los cargos de elección popular deberán de ir a michas hombres y mujeres.
Finalmente y esperando se quede en letra muerta, la reforma constitucional plantea la posibilidad de la revocación del mandato, figura por demás alarmante en cuanto a las perversiones que pueden resultar, las complicaciones que pueden ocasionar y las violaciones que pueden generar.
Esperemos, por nuestro bien, que todas estas modificaciones aporten para la edificación de nuestra tan anhelada democracia, el tiempo dará la razón a quien la tenga, de mientras, lo que debemos tener en mente es que las modificaciones a los andamiajes institucionales por sí solos no son garantía de bienestar, existe algo más y se llama conciencia social.
El sistema político electoral ni es la panacea ni es la respuesta a todos nuestros males, como bien dijera mi maestro Jorge Varona en su discurso durante la sesión del congreso donde se aprobaron estas reformas: “…La creciente inconformidad popular y la inestabilidad social -que evidentemente existen- no obedecen al déficit en el funcionamiento del sistema político electoral, sino a las desigualdades e injusticias que provienen del sistema económico de mercado. Y es que éste ha impuesto su ética y sus reglas a la democracia, cuando debiera ser justamente a la inversa: que la ética de la democracia fije las reglas al mercado, que piensa en clientes no en ciudadanos libres y con derechos. De otro modo, como estamos subsistiendo en todo el planeta, los excesos del mercado están arrasando con la democracia y, con ella, a toda forma de convivencia social basada en la justicia…”
@licpepemacias