Jesús Eduardo Martín Jáuregui
(MAIZ TRANSGÉNICO.- Si bien el maíz es originario de aridoamérica, una rama de teozintle es tan parecida a una mazorca del maiz actual, como un triciclo a un automóvil de fórmula uno. La selección humana, la forma de siembra, el cuidado, domesticaron a la gramìnea y la convirtieron en un alimento básico en Iberoamérica. México fue cuna de la revolución verde con la que se lograron avances notables para mejorar la calidad, la resistencia, el rendimiento y otras buenas cualidades de diversas plantas, entre ellas el maíz, el capricho de AMLO proscribió el maíz amarillo, pero el panel del T-MEC determinó que no había razón para prohibirlo, pero la CALCA amenaza con otra reforma constitucional para prohibirlo. Así actúa la ciencia.)
Desde hace pocos años me llamó la atención que se empezó a utilizar la expresión «Felices fiestas» en algunas publicaciones, especialmente propagandìsticas. Como los publicistas son una plaga nociva no es extraño el mal uso del lenguaje con eufemismos, neologismos, barbarismos e idiotismos, no me sorprendió. Por ejemplo dicen abatir en vez de matar, llaman feminismo a cualquier homicidio de una mujer, utilizan ocupan en vez de usan, requieren o necesitan y asi por el estilo «cualquier cantidad» en vez de «muchas», de manera que al principio me pareció sólo un error, una mala práctica. Pero, por citar a los clásicos, diría James Bond: la primera es mala suerte, la segunda es conincidencia, la tercera es acción del enemigo.
Se ha sustituído el «Feliz Navidad» con el agregado de «Próspero año nuevo» por el neutro «Felices fiestas» que no implica ni una creencia, ni un compromiso valorativo ni la esperanza de una renovación espiritual. ni el deseo salvífico de una nu eva vida, ¡Vamos! ni siquiera el deseo expreso de una felicidad y prosperidad que se prolongue al menos por el siguiente año. El felices fiestas está acotado, se expresa y se agota en los dos o tres fesejos anejos al fin de año: las deprimentes reuniones de ex-compañeros, las anodinas y forzosas comidas o cenas de intercambio del trabajo, los fetejos obligados de algunas asociaciones y clubes y, lastimosamente el recuerdo nostálgico de las celebraciones tradicionales en extinción, si no es que, ya extintas. Las posadas con peregrinos, con letanía, con petición de albergue, con piñatas, ponches y bolo, luego el acostamiento del Niño Dios, la Navidad, el arribo de los Reyes Magos y finalmente la Calendaria. Tengo vivo el recuerdo de Don Teòfilo y su agradable familia, anfitriones de estos festejos, en su acogedora casa frente al antiguo Hospital Hidalgo.
Supongo que estas campañas publicitarias no se gestan casualmente y que no surgen por generación espontánea. En Europa una ciudad de Checoslovaquia, Brno, obtuvo el reconocimiento por el mejor adorno navideño tradicional, allí caen nevadas, pero en su gran «Nacimiento» no habían ni árboles, ni renos, ni pingüinos, ni osos polares, ni anuncios de colas, ni paquetes de regalo. Un nacimiento conforme con la tradición cristiana, al fin la Navidad es el recordatorio, la celebración por el nacimiento de Cristo, no del mofletudo panzón vendedor de refrescos que no semeja en lo más mínimo a San Nicolás de Bari, de cuya tradición se originó. Es muy triste que esa tradición se pierda y de eso tiene una buena parte el ayuntamiento que teniendo una área cultural, no aporte elementos para la difusión y defensa que no es, ni con mucho, promoción de una religión, sino de una cultura mestiza, nuestra cultura, que urge rescatar ante la transculturización del american way off life por una parte y la descocada ocurrencia del renacimiento de las culturas de los pueblos «originarios» que, nunca fueron lazo de unión, México y su cultura dieron inicio con la derrota de los azecas y el triunfo de españoles (no llegaban a mil) y decenas de miles de aliados indígenas.
Dejando de lado las cuestiones teológicas incluyendo aspectos como la revelación, la religión cristiana planteaba obvias ventajas sobre las prácticas religiosas indígenas. De todo el dioserío de los naturales reducirlo a uno solo presentaba facilidad y comodidad, la Virgen y los santos son intercesores pero nada más. De los sacrificios crueles incluso mortales y la práctica del canibalismo ritual, la nueva religión era benévola y caritativa, de manera que no resulta complicado entender que una docena de frailes hayan iniciado una catequización que rápidamente cundió y que, pésele a quien le pese junto con el idioma constituyeron los elementos básicos para construir una nacionalidad, la mexicana, que antes de la conquista nunca existió.
A mi no me lo crea, despistado lector, pero me platican que hay indicaciones generalizadas de no utilizar la expresión «Feliz Navidad» y sustituirla por la desangelada «felices fiestas», en los medios oficiales y en los de comunicación. Utilizar al mofletudo Santa Claus que, es un personaje más o menos chistoso y dadivoso sin previos requerimientos ni compromisos de comportamiento y, desde luego, más comercial y menos digno de cuidado o respeto que el «Niño Dios» o los «Santos Reyes». ¿Será que siendo laico el estado y judía la presidente, prefieren que Cristo no aparezca ni la tradición cristiana.
Es una pena, porque a un país dividido por cuestiones económicas y sociales, la 4T ha ahondado la división con cuestiones ideológicas y políticas, con una finalidad última de control. Una campaña orquestada a la que, los mexicanos, tontamente, no prestamos atención ni consideramos sus alcances. Por mi parte, amables lectores, les deseo una muy feliz y renovadora Navidad y un año nuevo pleno de salud, paz y prosperidad.
(TRANSPORTE POLICÍACO NAVIDEÑO.- El Secretario de Seguridad Pública del estado anunció que durante el período comercial decembrino, las patrullas ofrecerán servicio de transporte gratuito a las personas que no lo tengan o no lo consigan para trasladarse a sus domicilios. Bastará con llamar al 911 para conseguir su servicio de taxi gratuito. Loable, populista y parte de la campaña del Secretario, pero, tiene sus asegunes. Utilizar un servicio de emergencia actualmente insuficiente parra este servicio social no parece buena idea, se presta para abusos y quejas, distrae la naturaleza de un servicio de seguridad y en períodos críticos ocupa la policía en servicios que no son propios de su naturaleza.)
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