Dulce Soto
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Silvia Garduño Vargas dio a luz el 30 de junio mientras padecía Covid-19 y era atendida en el área de cuidados intensivos, por lo que pudo abrazar a su bebé hasta 34 días después del parto.
“Ya la quería tener conmigo, ya la quería sentir, la quería abrazar”, dice en entrevista.
En el séptimo mes de su embarazo, la joven de 32 años tuvo que ser hospitalizada, tras contagiarse con coronavirus y presentar insuficiencia respiratoria.
Al iniciar con los síntomas de la enfermedad, Silvia buscó atención médica en un consultorio privado, donde le dijeron que padecía faringitis. Quince días después, al no ceder la tos ni la fiebre, ingresó al Hospital de Ginecobstetricia No. 4 del IMSS, donde fue intubada y sedada de inmediato porque necesitaba ventilación mecánica.
Los médicos calculaban que la joven tenía una probabilidad de morir de más de 70 por ciento.
“Ya no podía respirar. Mi bebé ya no se movía y ése era mi peor miedo, que le fuera a pasar algo”, recuerda.
Dos días después, su bebé comenzó a perder líquido amniótico y los médicos debieron adelantar el parto para salvarle la vida.
“Nuestra unidad de cuidados intensivos Covid está en la planta baja y los quirófanos del área Covid están en el sexto piso. Teníamos el riesgo de que Silvia sufriera un paro respiratorio en el traslado.
“Entonces, acondicionamos un quirófano en el área de cuidados intensivos y pudimos operarla”, explica Maritza García, jefa del servicio de Ginecobstetricia y quien encabezó al equipo médico que atendió a la joven.
En el área de terapia intensiva, adecuada por los especialistas, Silvia fue sometida a una cesárea mientras seguía sedada e intubada.
“En ese momento nada más le rogaba a Dios y a la Virgen que esto saliera bien”, señala Juan Manuel Flores, esposo de Silvia.
El 30 de junio, la joven dio a luz a una niña prematura, de 31 semanas de gestación y un peso de 1.725 kilogramos.
Sin embargo, la pudo conocer 10 días después, tras ser extubada y despertar de la sedación, a través de una videollamada.
“Desperté y no sabía dónde estaba, ni siquiera me acordaba que estaba embarazada. Fue un enfermero el que me dijo que había tenido una beba. Yo no recordaba nada”, describe.
La bebé de Silvia nació sin Covid-19, pero delicada. Requirió incubadora y un respirador. Por la seguridad de la recién nacida y porque Silvia continuaba infectada, no pudo verla en persona.
“Me hicieron una videollamada con ella y lo agradezco, ahí la conocí. Mi corazón se hizo chiquitito al verla. Mi bebé es una guerrera, le echó muchas ganas”, señala.
Silvia permaneció, en total, 22 días hospitalizada, se recuperó y fue dada de alta, mientras que su bebé continuó en observación.
El 3 de agosto, después de 34 días de nacida y tras mejorar, la bebé pudo abandonar el hospital. Silvia conoció por fin a su hija en persona.