Jorge Ricardo
Agencia Reforma

BOCA DEL RÍO, Veracruz.-«Se pasan, porque nos hicieron venir de tan lejos y para esto, se pasan de veras», dijo la especialista productiva y social del programa Sembrando Vida en Tenosique, Tabasco, Vida Chávez, chaleco beige, ojos claros, mirando a través de los cristales opacos del vestíbulo del World Trade Center de Veracruz.
En total, a 3 mil 200 operadores de los programas sociales de agricultura los hicieron venir desde Campeche, Chiapas, Tabasco, Quintana Roo y Yucatán a la «Jornada Nacional de Producción para el Autoconsumo». A Vida y a su grupo desde Tenosique, a 10 horas en auto en el día, pero de noche más. Salieron a las 18:30 del viernes y llegaron a las 7:30 del sábado al Puerto para la reunión con el Presidente Andrés Manuel López Obrador programada al mediodía. A último momento, le dio hambre y como el Mandatario aún no entraba, corrió a comprar unos volovanes y cuando volvió la puerta ya estaba cerrada.
López Obrador había entrado por la puerta trasera. O quizás no trasera. Quizás por una lateral, pero en definitiva no por la de enfrente porque ahí lo estaba cazando el señor Salvador Alvarado Delgado, de 70 años, fuerte como un roble macizo, con su camisa a cuadros y su sombrero calentano, con su hija Yocelyn, de 10 años que ya maneja el tractor. Quería recordarle que le dio su palabra de darle un crédito para la siembra y la cría de pescado.
«No necesitamos que nos regalen, sino que necesitamos créditos blandos. A mi edad, tengo ganas de trabajar, pero sin dinero no puedo ni trabajar. Tengo 70 y todavía no me llegan ni lo de la pensión de la tercera edad, pero no hay problema, de todas maneras yo siembra arroz, maíz; caña ya no porque me roban mucho la caña. Pero la última vez que vino aquí en su campaña lo saludé y él se comprometió a echarnos la mano», decía y se quedó con las ganas.
Sobre la avenida caliente como volován recién salido del horno, apenas estaba él y cinco pescadores de Playa Norte, todos con un sobre color manila y la misma carta. Querían recordarle que la queja solicitada no ha sido atendida: el Sistema Portuario Nacional de Veracruz (Asipona) los despojó de la playa donde pescaban. «Nos ponen horario de paso, pero para poder agarrar un pescadito tenemos que entrar 14 o 15 millas por culpa de los hoteles que hicieron», se quejaba Carlos Zamora Diaz, presidente de la cooperativa. Eran muy pocos, pero la seguridad del evento era tanta que sólo podían entrar los operadores de los programas, con gafete y escaneando un código QR.
El Presidente iba a anunciar su plan de producción y autoconsumo de granos para acabar con el encarecimiento de los alimentos. La inflación ya supera el 7.68 por ciento, la tasa más alta desde hace más de 20 años, por lo que tuvo que reconocer la poca eficacia del aumento del salario mínimo durante su Gobierno.
«Hemos aumentado el 70 por ciento el salario mínimo en términos reales, y subimos de cinco a nueve kilos (la capacidad de compra de tortillas). De cinco a nueve. Ah, pero ya con la inflación ya se nos cayó a siete kilos», admitió López Obrador ante un auditorio de miles de chalecos color beige que disfrutaban el aire acondicionado.
La emergencia es tal, que el Gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, anunció que contrataron a medio millar más de expansionistas (técnicos) para sus Escuelas Campesinas. «Aceptamos el reto y vamos juntos por la producción planificada», dijo en una arenga que hizo recordar los campos comunitarios.
La verdad es que los técnicos salieron con más dudas. Igual que un día antes en Nuevo León y Jalisco, López Obrador insistió en fomentar el autoconsumo, que extenderán el regalo de fertilizantes a Veracruz, Quintana Roo, Campeche y Tabasco y que los beneficiarios de Sembrando Vida podrán sembrar granos entre los árboles frutales y maderables. Fue este último anunció el que más incertidumbre provocó, porque desde 2019, el reglamento del programa ya establece la siembra Milpas Intercaladas con Árboles Frutales (MIAF) y ya desde entonces se prometía la «soberanía alimentaria».
«A lo mejor vamos a sembrar las ‘melguitas’ (parcelas) que nos queden libres o donde no han crecido los árboles», diría Jorge Roberto Agustín Francisco, un técnico productivo de la mixteca oaxaqueña, en Puebla. Allá, en un estadio, el Presidente tuvo otra junta con miles de operadores de la zona Centro Sur. Aunque tampoco fue a fondo, confió en Dios y en los técnicos.
«Yo espero que la naturaleza y el Creador nos ayude para que no falte el agua, y que sea un año para la producción de alimentos», dijo AMLO.
En Veracruz, los chalecos beige salieron en estampida. Hubo algunos que se esperan a tomarse fotos.
«¿Que les dijeron?», les preguntaba Vida, quien ya se había comido sus volovanes. Algunos le dijeron que bien a bien no habían entendido. Otros, que iba a ser lo mismo. Otros, que tenían prisa.

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