Ricardo Israel Sánchez Becerra 
Agencia Reforma

CDMX.- El gasto designado al sector científico para 2020 plantea un fuerte apoyo a una instancia que, sorpresivamente, no es el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

De los 98 mil 724.4 millones de pesos destinados al PCTI (Programa Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación) -uno de los ejes presupuestarios transversales del Gobierno federal cuyo monto se reparte entre 18 dependencias, conformado por 82 mil 992 millones provenientes de fondos fiscales y 15 mil 731 millones de autogenerados-, tan sólo el 29.5 por ciento (29 mil 203.2 millones) es para el organismo que rige al sector, Ramo 38, y que dirige María Elena Álvarez-Buylla.

Por el contrario, quien recibirá la mayor cantidad de recursos es el Ramo 11, asignado a la Secretaría de Educación Pública (SEP), con el 42.8 por ciento: 42 mil 162.4 mil millones de pesos, 6 mil millones más que este año.

Tales recursos son destinados a financiar actividades en la materia en instituciones como el Tecnológico Nacional de México; la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro; la Unidad de Educación Media Superior Tecnológica, Industrial y de Servicios; el Instituto Politécnico Nacional o la misma UNAM.

Análisis realizados por miembros de la comunidad científica ponen la mira en esta particularidad, pues llama la atención que, a pesar de ser por ley la cabeza de sector, Conacyt vea disminuida su participación en el gasto; tendencia que se ha ido acentuando en los últimos años.

«El Ramo 38 cada vez representa menos respecto al presupuesto total de Ciencia y Tecnología. El presupuesto importante se lo está llevando la SEP», reitera a REFORMA José Franco, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM y ex presidente de la Academia Mexicana de las Ciencias.

¿A qué lo atribuye?

No lo sé, quizá no se tenga mucha confianza en Conacyt. La verdad es muy difícil de saber.

Lo que sí es claro es que las universidades del País requieren fondos para hacer investigación. Yo creo que está bien que a la SEP se le dé un presupuesto para las universidades públicas, pero esto no debiera ser a costa del presupuesto de Conacyt, porque en su presupuesto hay varios programas que son muy importantes para el futuro de México.

Por su parte, Brenda Valderrama, investigadora del Instituto de Biotecnología de la UNAM, opina que puede deberse a que la ciencia en México está inscrita en el Artículo 3 Constitucional. «Eso significa que para los mexicanos la ciencia es un subproducto de la educación superior, y, en ese sentido, hemos pasado por varias fases».

Evoca, por ejemplo, que durante el sexenio de Ernesto Zedillo el Conacyt estuvo sectorizado a la SEP, lo cual transformó en academicista a la ciencia en México, un estigma que sigue presente. Y aunque hubo una buena racha durante los tres primeros años de Enrique Peña Nieto, cuando el Consejo, a su parecer, tuvo un impulso económico fuerte, después vino un declive que la actual Administración no ha revertido.

«Cuando entra José Antonio Meade como Secretario de Hacienda (en la segunda mitad del sexenio peñista), revierte esa tendencia (positiva) y desploma el presupuesto de Conacyt y empieza a inyectarle recursos a la SEP. Esa tendencia no ha hecho más que agrandarse año con año hasta llegar a situaciones que a mí me parecen muy preocupantes, donde en dos años, entre 2019 y 2020, Educación tuvo un aumento de 6 mil millones de pesos pero entre 2014 y 2020 un aumento de 26 mil millones. Realmente es estratosférico», dice Valderrama.

El riesgo, considera, es la forma en la que vayan a invertirse tales recursos en el sector.

«¿Qué acaba sucediendo? Ahorita el principal inversionista en ciencia en el País es Educación, pero ésta invierte en las instituciones, no en los investigadores. Entonces ese dinero no está llegando a las investigaciones y sí a las instituciones. Vimos, por ejemplo, cosas muy positivas, como el crecimiento del Tecnológico Nacional de México o el reforzamiento del IPN, que está bien, sin embargo, ese dinero no llega a los investigadores (…) Y las instituciones deciden cómo asignarlo. Muy pocas abren concursos; generalmente lo destinan a proyectos institucionales, estratégicos o del director en turno. Eso no lo sabemos», sostiene Valderrama.

Según el Foro Consultivo de Ciencia y Tecnología (FCCyT), el Conacyt no sólo quedaría en segundo puesto entre los beneficiados del gasto científico, sino que esta asignación representaría su participación más baja en ocho años, siendo la más alta en 2016, cuando se le otorgó 43.9 por ciento del PCTI.

Para 2020, el Conacyt prácticamente repetirá lo ejercido en 2019.
Lejos del 1% del PIB
Los 98 mil 724.4 millones de pesos del PCTI 2020 representan un incremento de 4.3 por ciento en recursos totales (fiscales más propios) respecto a este año. Mas si sólo se cuentan los fiscales, el aumento apenas es de 3.6, lo cual no compensa la tendencia a la baja presentada en 2019.

«El presupuesto de ciencia y tecnología prácticamente no tuvo cambios este año respecto al anterior, y pues el año pasado y éste tenemos un presupuesto bastante bajo. Si miras el presupuesto en términos reales, esto es, con pesos constantes, pues el presupuesto es similar al del 2011. Estamos en un retroceso», lamenta Franco.

La Ley de Ciencia y Tecnología establece que el Ejecutivo Federal y los gobiernos estatales concurrirán al financiamiento de la investigación científica y desarrollo tecnológico, y que el monto anual que se destinará a este rubro no podrá ser menor al 1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Sin embargo, lo que las cifras del PCTI 2020 revelan es que el camino a dicha meta aún es largo.

El 12 de julio de 2018, durante el tercer y último debate presidencial, el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador se pronunció por hacer cumplir la ley, que estipula destinar el 1 por ciento del PIB a la ciencia. A pregunta expresa en tal ocasión, descartó la creación de una Secretaría de Ciencia, Tecnología y de Educación superior, pero ofreció fortalecer el Conacyt, revelando en ese momento a su actual titular.

Ya como Presidente electo, en el periodo de transición, el tabasqueño pareció echarse para atrás y querer compartir la responsabilidad con el sector privado, al que urgió a colaborar con el presupuesto científico, afirmando que el desarrollo del País no se puede alcanzar sólo con gasto público.

«Vamos a garantizar que la aportación en el presupuesto para ciencia y tecnología aumente, y que, en el peor de los casos -y ése es el compromiso que hago con ustedes, porque vamos a enfrentar una situación difícil- no se reduzca», expresó en aquella ocasión.
Con un Conacyt que presupuestalmente está por debajo de la SEP, hoy día es una incógnita cuándo habrá de cumplirse lo que mandata la ley. Al menos así lo dejó entrever Álvarez-Buylla, cuestionada el pasado 9 de diciembre, al término de la entrega de los Premios Nacionales de Ciencias.

¿Cuándo se alcanzará la meta de destinar el 1% del PIB?
Bueno, yo espero que cuanto antes. Lo que puedo decir es que el presupuesto en términos brutos a todo el programa transversal de Ciencia, Tecnología e Innovación de esta Cuarta Transformación, empezando con el PEF 2018-2019 y ahora 2019-2020, ha sido el máximo histórico.

Y a pesar de que todavía no llegamos a esta meta, (debido a) los ahorros que hemos hecho gracias a quitar gastos superfluos, como puede ser la renta excesiva de automóviles, gastos de representación, etcétera, el Conacyt, esta Administración, este nuevo régimen, ha recuperado el apoyo a la ciencia básica, ciencia de frontera, que siempre a largo plazo, cuando no se supedita a otros intereses que no son los del conocimiento, produce un bienestar social y un cuidado del ambiente.

Tras mencionar, como ha hecho en múltiples ocasiones, que durante su gestión se ha dado el mayor apoyo a la ciencia de frontera con una inversión de más de 2 mil 200 millones de pesos, la científica y funcionaria remarcó que más que conseguir mayores recursos, se debe optimizar el uso que se les da.

«No solamente es importante enfocarse en aumentar el presupuesto, que sin duda alguna ha ido ocurriendo -en este PEF para 2020 el aumento para este programa transversal de CTI es de más de 5 mil millones de pesos-, sino también enfocarse en cómo se utilizan estos recursos.

«La convicción de esta Cuarta Transformación es utilizarlos, primordialmente, en la ciencia de frontera y los Programas Nacionales Estratégicos, y al apoyo a los jóvenes investigadores», subrayó.

Pero esta lógica, opina Valderrama, pondrá a los científicos del País en una situación difícil de competencia, pues, como se anunció hace un par de semanas, varios fondos y fideicomisos serán reformulados, por lo que les será más difícil conseguir financiamiento para las investigaciones.

«Los fondos concursables, el dinero al cual un investigador de la infantería, como yo, puede tener acceso son cada vez menos, y se reducen a dos convocatorias: Frontera y Pronaces, y si mi área de especialidad no es Pronace -que son 15 áreas ya predefinidas-, sólo me queda Frontera, y ahí somos decenas de miles de investigadores concursando por 350 millones de pesos.

«Nunca ha habido mucho, no ha habido mejores momentos, pero la gran cantidad de fondos nos permitía distribuirnos el presupuesto», expone la investigadora.
La estela del nuevo Consejo
Contrataciones dudosas, recortes a Centros Públicos de Investigación y academias y sociedades científicas, ataques al Foro Consultivo Científico y Tecnológico, y un comedor gourmet… Así fue el primer año del, así acuñado por ellos, «Nuevo Conacyt». Periodo en el que las polémicas opacaron a toda política destacable y en el que un dicho quedó tatuado en la dignidad del gremio: «Mafia de la ciencia».

«Yo creo que a nadie le sirven todas estas polémicas, o sea, el generar divisiones en el sistema es absurdo. Ataques al Foro, ataques a la academia, ataques a los organismos empresariales. Ataques muy gratuitos en donde el encono que se ha generado es grande, y la frustración también es grande, y esto no es un buen augurio para el futuro de la ciencia y la tecnología», refiere el investigador José Franco.

«Por otro lado, los datos que le han dado al Presidente (Andrés Manuel López Obrador) son datos inexactos, o sea, son datos falsos que han hecho que el Presidente haga declaraciones también muy agresivas en contra del sistema de investigación y en contra del sistema académico».

A decir suyo, en nada beneficia tener un Mandatario que está vituperando a estos sectores, ni a un Conacyt «que lejos de estar construyendo y tejiendo para el futuro, está simple y sencillamente generando frustración, enojo y malestar. Y que, por otro lado, tampoco ha hecho nada. No hay nada positivo que decir, desafortunadamente».

¿Imaginaba que así serían las cosas con la doctora Álvarez-Buylla?
Para nada, para nada. Nadie se imaginaba que las cosas fueran a tomar este derrotero.

Con información de Zedryk Raziel

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