Fue en el año 2000 en las elecciones de Cuauhtémoc Cárdenas, cuando fui a llevar mi credencial de elector para apoyar al PRD, me llamaron, me entregaron un paquete y fui a cuidar la Casilla 184 C1; el día de la jornada se olvidaron de mí, nadie fue a ver qué informes les tenía de las anomalías que detecté; así inicie mi militancia en el partido que he considerado que representa a la izquierda en el país; de ahí vinieron 14 años de intensa militancia, recorrí todo el estado para hacer trabajo partidista, y un gran trecho del país como perredista.

Ese PRD fue el heredero de las luchas sociales, juveniles y estudiantiles de los años 60 y 70, del Frente Democrático Nacional y de los más de 600 perredistas muertos y desaparecidos en el sexenio salinista; el PRD que luchaba por una revolución democrática, que marchaba y protestaba ante las injusticias, ese partido que era una esperanza para el desprotegido y el olvidado, que rechazaba el autoritarismo priista y el conservadurismo panista.

Pertenezco a una generación de izquierda que inició su militancia escuchando historias de las batallas que se libraron en la campaña del 88 y el posterior fraude; pero que después construyó las historias saboreando el triunfo de la izquierda en 2006 y 2012, pero que nos calaron profundamente los fraudes perpetrados, pero hoy más nos duele que las siglas del PRD se rocen –por debajo– con quienes idearon, acordaron y perpetraron dichos fraudes.

En Aguascalientes ser militante de izquierda era doblemente difícil, ante las condiciones externas y las inercias internas, aun así, entusiasmado y acompañado de un grupo de compañeros, luchamos por obtener la dirección estatal, desde ahí tratamos y logramos desplazar poco a poco los cacicazgos regionales, la simulación, la falta de vida institucional y la pereza política que tanto dañaron al partido por años. Pero que al poco tiempo, parte de ese grupo de compañeros, por pragmatismo y conveniencia, fue retomando los males y reactivando los viejos cacicazgos.

Hoy veo cómo el PRD en Aguascalientes no tiene agenda política, da bandazos discursivos, un cantinfleo legislativo y su mayor disputa es por la lucha interna y el reparto de canonjías; hoy, después de 25 años y 12 presidentes estatales, lo dirige un expriísta que no toca ni con el pétalo de una declaración las acciones del gobierno del estado y no impone una agenda social y de izquierda a los gobiernos municipales que en el papel dicen co-gobernar. Con él llegaron los neoperredistas, con historial priísta, confundieron la militancia con entregar volantes y mover banderines en los cruceros, confundieron las oficinas del partido con oficinas alternas de recursos humanos, y al que ocupa la presidencia lo identifican como el dador de puestos; confundieron el trabajo de base, con el clientelismo, confundieron la afiliación con el corporativismo; además de que la frivolidad y displicencia son la constante en la cúpula directiva y los representantes populares.

Veo cómo se alejan y alejan militantes, liderazgos y simpatizantes, ante la política del papel sanitario “úsese y deséchese”, se van desilusionados. ¿Dónde están aquellos que han sido nuestros candidatos? ¿Dónde están aquellos que han sido diputados, regidores, dirigentes? La abrumadora mayoría de quienes han sido candidatos no les permiten militar, la enquistada burocracia partidista los expulsa de inmediato. La sociedad, los liderazgos no se han distanciado del PRD, ha sido el actual PRD el que se ha distanciado de sí mismo; de sus ideales, sus principios, su ética, todo para estar más cerca del pragmatismo, del resultadismo, está encantado y embriagado por las microscópicas dosis de poder, y esa embriaguez no los deja ver qué tan desviados están del camino que los principios del partido pretenden conducir.

A nivel nacional, el regateo a la emblemática figura de Cuauhtémoc Cárdenas para ocupar la presidencia nacional del PRD me es incomprensible, liderazgo que podría aglutinar a la diversidad de las izquierdas, hoy solo le sirve a la cúpula nacional para padrotear su apellido, mas no para dirigir la institución que él convoco fundar.

Por otro lado, el asesinato y desaparición de estudiantes en Guerrero no lo puedo concebir; ¿cómo fue que representantes seleccionados por el PRD fueron los que perpetraron tan aberrante acto criminal? Que el gobernador de extracción perredista no tuviera conocimiento de su estado, es inadmisible, pero incomprensible y vergonzante fue la defensa férrea que la dirección nacional hizo de Ángel Aguirre. ¿Qué no íbamos a ser mejores? ¿No queríamos gobernar y ser gobierno para diferenciarnos de la derecha y el autoritarismo? Hoy el PRD carga con una lápida de que un gobierno de su extracción quitó la vida y desapareció a jóvenes estudiantes.

El PRD me dio profundas amistades con coincidencia ideológica, pero sobre todo, con coincidencia afectiva; pero también aprendí que en la política, la ambición y el pragmatismo corroen, separan y destruyen relaciones.

Me quedó claro que hay gente de experiencia, de lucha, de entrega, ideológicamente comprometida, esas personas dejaron huella en mí y aprendí, algunos los considero maestros involuntarios, a esas personas no hay más que reconocimiento y agradecimiento por lo que directa o indirectamente, consciente o inconscientemente dejaron en mi formación.

Hoy hago un receso en mis 14 años de militancia partidista, mas no de la militancia de izquierda, hoy renuncio a los cargos que ocupo como presidente del VIII Consejo Estatal y como representante de la Comisión Local de Vigilancia. Pero no renuncio a alzar la voz ante las injusticias y aportar mi grano de arena en las luchas sociales, progresistas, ecosocialistas y de izquierda, haré política de izquierda desde otras trincheras.

No participaré más como dirigente de órganos de apariencia, con dirigentes simuladores, no puedo colaborar en una dirección donde sea normal la traición, la simulación, el engaño, el autoritarismo, el burocratismo, el agandalle, la deslealtad, la falta de transparencia y rendición de cuentas; la esperanza de una nueva dirección que tuviera una gran dosis de bagaje ideológico y experiencia política se diluyen, cómo es posible que alguien que pretende dirigir a un partido de izquierda salga con tal displicencia y falta de respeto los medios presentándose como el “virtual” presidente estatal, con ello aceptando la falta de institucionalidad y vida orgánica interna; con sus declaraciones y actitudes falta al respeto a los Consejeros Electos que tendrían que reunirse para elegir y menosprecia a la militancia que votó por esos consejeros no por él; vislumbrándose la improvisación, la frivolidad, el pragmatismo, la desideologización, la “concertacesión” con el poder y el pactismo con la autoridades, pero eso sí, con mucho ánimo, gustosos y felices de comer de la pus que engangrena al partido.

A lo que queda de militancia y simpatizantes de este partido espero entiendan mi decisión y les digo que los verdaderos militantes de izquierda nos seguiremos viendo.