Una regla no escrita establece que a toda solicitud popular que se presenta ante el gobierno debe esperar,  porque primero hay que analizar qué pretende el peticionario, quién está atrás de él y olfatear si existe algún tufillo político. Una vez que el funcionario se convence que nadie mueve los hilos y que existe razón en la demanda entonces debe pensar cómo sacarle provecho a la contestación para dejar por asentado ante la opinión pública que fue él quien promovió ese beneficio.

En uno de esos supuestos se encuentra la diligencia que presentó Antonio Hernández Esparza, presidente de la Asociación de Abarroteros y Pequeños Comerciantes, ante la Comisión Federal de Electricidad (CFE), para que se reduzca la tarifa que se aplica a estos negocios y que actualmente, ante la emergencia sanitaria, registra una baja muy sensible en el nivel de ventas.

Parte de los productos que ofrecen tienen que estar refrigerados las 24 horas del día, por lo que el pago mensual por energía es elevado, que si en tiempos normales se dificulta hacerlo ahora es mayor el aprieto porque la clientela acude a las tiendas a comprar lo indispensable.

Aunque pedir no cuesta en el dar está la cuestión, y más cuando tiene que hacerlo el poblano Manuel Bartlett, que no es proclive a aceptar peticiones de ese tipo y menos que le reclamen a la empresa, de la que es director general, de que es “insensible”.

El líder de los tenderos manifestó que los comercios de barrio, que por lo regular cuentan con dos refrigeradores, pagan cada dos meses entre 4,000 y 4,500 pesos, pero en otros llega a ser hasta de 20 mil pesos, que son las que tienen más refrigeradores, sin embargo en las actuales condiciones ninguno se escapa de tener una reducción en las ventas.

Afirmó que para este sector “es muchísimo dinero” el que desembolsa cada bimestre, que constituye uno de los mayores gastos que tienen, por lo que se está trabajando nada más para la paraestatal sin que tenga “una consideración”, porque “aquí pagas o al día siguiente viene el corte”, con todas las consecuencias que esto significa dado que los productos se pueden echar a perder, por lo que el quebranto económico es en grado superior ya que además de los artículos inutilizados de todos modos hay que pagar el recibo de la CFE y en caso de que no lo haga vendrán los problemas legales que ha llevado al cierre del negocio y vender la camioneta para dar por finiquitado el compromiso.

Hernández Esparza mostró su frustración ante la falta de tacto de la Federación que hace oídos sordos frente a los reclamos que le hacen los ciudadanos; “El presidente de la República ya dijo que no va a hacer descuentos ni apoyos en cuanto a los impuestos, que tenemos que ser justos y razonables con Hacienda y ser buenos ciudadanos y cumplir con nuestras obligaciones, porque también ellos van a tener problemas con por el tema del coronavirus, entonces el más afectado hay que afectarlo más”.

Asimismo, expresó su decepción con la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), que se ha mantenido ajena – ante lo que consideró – injusticias de la Comisión Federal de Electricidad, que sistemáticamente rechaza las quejas en contra de esta compañía, con lo que queda entredicho la labor de ese organismo, “que se supone es para defender a los consumidores en contra de los abusos”.

Como decía Pedro Páramo, la está “jerrando” Antonio Hernández, porque si en lugar de quejarse le dijera a Bartlett que quien hace la petición es un tabasqueño hasta podría lograr la tarifa mínima y la cancelación de los adeudos que tienen sus compañeros.

LA OTRA CARA

Como decía la Chimoltrufia, “así como digo una cosa digo otra”, por consiguiente, lo que no mencionan los abarroteros con permiso para la venta de cerveza y en algunos casos de vinos y licores, es que con la famosa cuarentena les ha ido más que bien.

El supremo gobierno ordenó el cese total de las actividades no prioritarias y entre ellas incluyó a bares, cantinas, antros y tabernas (que en resumidas cuentas sirven para lo mismo), al igual que las cervecerías, pero no prohibió la venta en tiendas de abarrotes, por lo que hay días en que la comercialización es por varios cartones de cerveza y de botellas de vinos y licores.

La única diferencia entre aquellos y estos negocios es que en los primeros el consumo tiene que ser dentro del local y en los otros es “para llevar”, sin embargo sea una u otra forma la bebida tiene los mismos efectos.

Los abarroteros con permiso municipal para la venta de cerveza no han resentido la disminución de su clientela tradicional, ya que mientras exista quien compre el producto de cebada están en posibilidades de salir adelante, y vaya que sobran los vecinos que ante tantas horas de ocio gustan de refrescarse el gaznate.

La dicha de los abaceros es la desgracia de cantineros, antreros y taberneros, porque cada día que estén cerrados sus negocios es un día más de penurias, ya que además de no tener ingresos, en muchos casos pagan el salario de los trabajadores, sea al 100% o el 50%, pero lo más grave es que tienen encima al Servicio de Administración Tributaria (SAT), que ha lanzado el ultimátum, que pagan los impuestos o serán embargados. No tienen ingresos pero sí varios gastos y la dureza del gobierno federal, que rechaza otorgar un período de gracia para que cumplan con las obligaciones hacendarias.

Como si lo anterior no fuera suficiente la mayoría de los negocios dejó mercancía que a estas alturas ya se echó a perder, principalmente embutidos, botanas y quesos, ya que la orden del cierre llegó sin dar oportunidad de deshacerse de esos productos.

Abrigaban la esperanza que se les permitieran abrir bajo algunas restricciones, como el número de clientes que pueden admitir y que exista distancia entre unos y otros, pero nadie quiere escucharlos, por lo que no tienen otra opción que esperar el final del aislamiento y confiados que al menos el gobierno del estado y los municipales determinen algunas medidas que ayude a aclarar el panorama.

USO DE MASCARILLAS

Lo que debería de ser de manejo lógico, como es la utilidad de las mascarillas, se ha convertido en una disputa entre los distintos niveles de gobierno que sólo confunden a los ciudadanos, pero que para los médicos es algo indispensable en las personas que circulan en la vía pública o trabajan en algún espacio que tienen contacto con los demás, como pueden ser empleados de negocios, taxistas y vendedores en la calle. El médico infectólogo e internista, Francisco Márquez Díaz, se pronunció porque se haga mientras dure la pandemia como una medida de protección personal y a favor de la familia y compañeros de trabajo. Consideró que no hace falta adquirir cubrebocas de alto nivel, como las que utiliza el personal que labora en los hospitales y socorristas, sino que en casa se puede fabricar puesto que la finalidad es evitar que la cercanía con otras personas pueden haber contagio por la dispersión de saliva. Afirmó que lo que se está buscando es que “no haya salpicaduras y que la personas no estén tocándose la cara”, por lo que es importante que “todos los ciudadanos trajeran una mascarilla, pero una auto-fabricada pudiera ser más que suficiente para cumplir ese objetivo”. En relación con que se utilice dentro del hogar dijo que sólo es necesario si hay un contacto con alguien enfermo, pero en cuanto se tenga que salir de casa, así sea sólo a la tienda de la esquina, se tienen que llevar puesta como medida de protección, y al regresar lavarse las manos de inmediato. Cualquier medida de precaución es indispensable en el período que se vive, ya que el contagio puede presentarse en el lugar menos esperado, por lo que es preferible adoptar todas las providencias al alcance, con lo que se estará protegiéndose a sí mismo y a su ambiente familiar.

Hacerlo es sólo un pequeño esfuerzo, muy pequeño por cierto, y su resultado es de amplias dimensiones por lo que a cuidarse a sí mismo y a los demás es la recomendación que hace el doctor Márquez Díaz.